¿Y ahora quién podrá ayudarnos? Intervención y apuesta: El rol de los movimientos sociales en la pandemia por el Coronavirus

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Ernestina Paolorossi y Elías Paspardi*

Desde diciembre del 2019, cuando se difunde la existencia del primer caso de coronavirus en Wuhan (China), su rápido contagio en la población y el particular peligro sobre aquellas personas pertenecientes a grupos de riesgo, el mundo se encuentra bajo un momento de excepción, y analizar con la mayor claridad posible es tarea necesaria, mientras nuestros cuerpos sostienen en primera línea, y estas nuevas complejidades parecen ser sólo el comienzo de una crisis que comienza a agravarse. 

CIRCOVID.

El contexto de la pandemia mundial causó hasta el momento más de medio millón de muertes y más de 10 millones de contagiados, esperando consecuencias incluso más contundentes que la Segunda Guerra Mundial. Herramientas como la cuarentena (aislamiento social obligatorio o preventivo), distanciamientos, confinamientos sociales y cierres de fronteras, son parte de decisiones políticas resultantes de los diversos horizontes de los gobiernos para la no propagación del virus y la reducción de mortalidad, pese a las diferentes medidas, la perspectiva de futuro es una sola en todo el mundo: recesión económica, aumento de nuevos pobres, hambre, desempleo y miseria. 

A este contexto, nuestra América latina llega desde de un fin de año con múltiples confrontaciones a los gobiernos de la nueva oleada neoliberal, que ponderaban el rol del mercado por sobre una presencia social activa por parte del Estado. Los pueblos latinoamericanos fueron protagonistas del freno a las fórmulas de desigualdad que promovían los distintos gobiernos participantes del multilateral Grupo de Lima, conformado por los países de la región que abandonaron la apuesta de integración de la UNASUR para zambullirse bajo la tutela de los Estados Unidos y organismos financieros mundiales, en una declaración contra la autonomía del pueblo venezolano escondiendo en la defensa de la democracia los intereses del capital por el dominio en los paises mas vulnerados de la región. 

Entonces, si las consecuencias de la pandemia golpean, en latinoamérica golpean el doble a raíz de la dependencia económica, marcadas a fuego por los altos niveles de endeudamiento potenciados en los últimos años, y el agigantamiento de los intereses y plazos de pago golpeando la puerta. Desde esta base se para América Latina para combatir una pandemia mundial con recesión sincronizada, desfinanciamiento a instituciones de salud pública, desatención a las obras sociales estatales y vaciamiento de incentivos científicos que ponen al continente en una desventaja de soberanía sanitaria que parece contar la misma historia de siempre. La capacidad de producción de tests las tienen Brasil, México, Chile y Argentina, permitiéndoles una menor vulnerabilidad en materia soberana. Factor que para a estos países desde un lugar privilegiado en relación con el abandono de inversión en salud pública desarrollada por países como Ecuador, Haití y Salvador, quienes están entre los más golpeados. 

Brasil, Bolivia y Chile se ataron al avance de políticas promercado, fomentadas desde Estados Unidos dejando a la deriva a toda la población con restricción en acceso a la salud, a la seguridad social y a la posibilidad laboral. Los resultados eran de una advertencia prematura: millones de contagios y miles de muertes. El único destino posible para semejante desigualdad social es el colapso del sistema sanitario público,  la muerte ganando las calles y las fosas comunes. A la espera de la vacuna, los gobiernos ensayan salidas a la crisis que puedan permitir una perdurabilidad y estabilidad de sus gobiernos.

DERECHA O DERECHOS.

Las derechas en connivencia con los medios de comunicación (y éstos con la justicia) permitieron en la región avanzar con políticas de un renovado fascismo y un sistema meritocrático y liberal de comportamiento social. La fortaleza de las elites con los mercados transfronterizos avalaron la fuga de las deudas a través de bicicletas financieras hacia las cuentas offshore, no sin habilitar el recrudecimiento de la represión y aparatos militares, que impulsaron en noviembre del pasado año el derrocamiento del gobierno democrático de Evo Morales en Bolivia y los incesables ataques a la República Bolivariana de Venezuela, mientras se refuerza en la sociedad el avance del odio clasista, religioso, misógino y racista que invaden las calles de aquellos países que se sostenían con fortaleza ante el contragolpe de la oleada neoliberal. 

Mientras en Chile se discute habilitar adelantos personales de las AFP para afrontar las consecuencias de la pandemia, en Argentina se entibian las  posibilidades del surgimiento de un gobierno que venga a transformar de raíz las eternas desigualdades del país. El largo debate por el impuesto (extraordinario) a las grandes riquezas y el fracasado proceso de expropiación a la empresa cerealera Vicentín demuestran la dificultad para augurar prontas esperanzas de cambio.

Esta faceta del capitalismo no se cimentó en la conquista de las esperanzas de las grandes mayorías, sino que dominó sus miedos. Ya no se atreve a ofrecerle un trabajo remunerado, un futuro social ascendente y la garantía del acceso al mínimo de derechos humanos imprescindibles, si no simplemente paga con el temor de pensar la posibilidad de que el Estado con su fortaleza interventora, venga a apropiarse de los dos mangos que te quedan para pagar la nafta, y así desarrollar empatía por temor a pensar en un cambio, en una salida diferente. En parte porque el precipicio es cada vez más profundo, y la poca ropa que queda se ofrece como un manjar, pero también, porque la memoria sensible del pueblo, mal que nos pese, recuerde más a cambios perjudiciales que esperanzadores. 

Esto obliga también a repensar algunas miradas, resguardarnos inocentemente en que la crisis de acumulación neoliberal, o la crisis de contención de los emergentes sociales manifestada por las crisis sociales sostenidas en gran parte del planeta, y por la crisis humanitaria que dejó atónito a los libre mercadistas exhibiendo su desinterés por la vida, traería consigo la emergencia de un nuevo tipo de Estado, o de una nueva cara de Estados presentes y salvadores, es necesariamente un error. 

Teniendo en cuenta que la capacidad de los estados nacionales para reaparecer con una presencia que gire en un sentido expansivo de derechos sociales, y cultivador de una nueva solidaridad entre clases golpeadas, está erosionada notablemente por dos factores: Por un lado, la debilidad de la estructura estatal para recuperar el control de las divisas, de los recursos financieros para potenciar una nueva matriz productiva, e incluso para capturar una porción de la renta de los grandes ganadores; en segundo lugar la inexistencia de un sector industrial de escala nacional con fortaleza o deseos de acompañar un desarrollo de una matriz mercado internista/desarrollista y su burguesía nacional, con ímpetu fugadora, el escozor generalizado a la idea de convertirla en una columna para pensar la soberanía nacional.

QUIEN TENGA OJOS PARA MIRAR, QUE MIRE. QUIEN TENGA OÍDOS PARA ESCUCHAR, QUE OIGA.

Son los movimientos sociales de los distintos países latinoamericanos los que están tejiendo las redes para compartir las herramientas para combatir la crisis sin que los nuestros mueran antes de hambre. Transformando el desempleo en empleo y éstos en otras lógicas laborales, construyen el trabajo desde abajo: desde el cooperativismo o la changa, desde la fuerza del pueblo hacia las demandas de éste. El trabajo por cuenta propia crece a un mayor ritmo que el empleo asalariado comenta la Cepal en un informe reciente a partir de las consecuencias laborales que la pandemia deja en el continente. 

Las respuestas que los Estados han dado rondan entre salvavidas transitorios y  liberalismo obsceno. La cuestión es la radicalidad que estas políticas tengan a la hora de contener a más de la mitad de un país desempleado. Yace aquí el rol esencial de los movimientos que además de contener a lxs más humildes de la patria, generan paralelamente estructuras de trabajo con un conocimiento de crisis preexistentes. 

¿Cómo articular estas salidas de abajo como respuestas alternativas y superadoras para la crisis de hoy? ¿Cómo desarrollar en la práctica esta vinculación necesaria con el Estado como centralidad de la disputa de la política del sistema capitalista, que se exhibe con mayor crudeza en estos tiempos dónde a pesar de que nos decían que la intervención estatal entorpecía el enriquecimiento o la potencialidad del sistema, se pide ahora a gritos su intervención y presencia manifiesta para salvaguardar la ganancia y subsistencia del capital? Entonces antes de congraciarnos con Estados salvadores, debemos problematizar ¿Hasta qué punto podemos traccionar o aprovechar las acciones del Estado para el desarrollo de las fuerzas del cambio?

La dinamización de la crisis prevista, generada por esta crisis imprevista, implica la aparición de nuevas opciones o posibilidades de traccionar algunas de las posiciones del Estado y del capital que fortalezcan el terreno propio. Será entonces tarea urgente para los movimientos populares de nuestra américa asediada, potenciar las construcciones comunitarias y las fuerzas productivas alternativas, al mismo tiempo que se articulan las disputas políticas, es decir la discusión de la matriz económica de nuestros pueblos. Deberá ser tarea necesaria de los gobiernos que pretendan guardarse un lugar positivo en la memoria sensible de los pueblos, abrir la cabeza a soluciones innovadoras, a recuperar terreno sobre los derechos sociales perjudicados por la perpetuidad de la matriz neoliberal, y a comenzar a tocar los intereses del capital que se abalanza a una agudización de su concentración dejando a su paso océanos de desigualdad y miseria.  El presente demanda urgencia y ésta debe ser obligadamente con políticas que favorezcan al potencial que vienen trabajando los movimientos y que se haga carne desde el Estado o si no la historia que fue tragedia se repetirá como farsa. 


*Estudiantes de Ciencias Politicas (UBA) y militantes del Mov. Popular La Dignidad