miércoles 25 noviembre 2020

"Victoria y Virginia se vieron solo tres veces, su vínculo afectivo y cultural fue sobre todo por cartas"

Producción original: Juventudes Iberoamericanas

Por primera vez se edita la Correspondencia entre las dos escritoras, que incluye también “Virginia Woolf en su diario”, un ensayo de Ocampo publicado por Sur en 1954. Manuela Barral, compiladora y prologuista del libro, cuenta cómo fue el trabajo de archivo para recuperar materiales inéditos de ambas autoras y por qué importa revisar ese vínculo hoy.

Ya está en librerías Correspondencia. Victoria Ocampo-Virginia Woolf (Rara Avis/Fundación Sur, 2020). ¿Qué importancia tiene que por primera vez se hayan reunido estas cartas? 

La Correspondencia muestra la conexión entre dos mujeres escritoras y editoras del campo cultural del siglo XX. Hoy en día son dos divas icónicas y quizás por eso sea tan seductor poder ver qué pasaba entre ambas en el plano íntimo. El vínculo entre Victoria Ocampo y Virginia Woolf ha sido estudiado por la crítica literaria en la Argentina (por ejemplo, Irene Chikiar Bauer ha escrito una tesis dedicada exclusivamente a este tema) pero tal vez no sea algo tan conocido para lectores y lectoras de Woolf y aquí podrán encontrar una Virginia doméstica, apurada, polite, que responde las cartas con elegancia y diversión aun con una letra desprolija y siempre atenta e incluso curiosa por esta argentina que la corteja con regalos suntuosos. Además, la Correspondencia invita a pensar esta relación en el marco del campo cultural internacional: ver cómo funcionan Victoria y Virginia como agentes culturales. Quiero decir, las primeras traducciones de Woolf en Latinoamérica se tramaron en estas cartas.  Algo que se puede rastrear en ellas es cómo se da la decisión de publicar Un cuarto propio en español, porque Virginia le sugiere y recomienda a Ocampo que las traducciones de su obra empiecen por ahí (en ese momento Woolf es una escritora consagrada, ya había publicado Al faro, Mrs. Dalloway, El lector común, Orlando, Las olas, Flush, claramente había opciones). Y en efecto, la traducción de Un cuarto propio, cuya primera edición es de 1929, al español sale en 1936. Se publica primero en la revista Sur y luego por la editorial homónima (ambos proyectos dirigidos por Ocampo), con traducción de Jorge Luis Borges. Esto sucede en 1936, cuando apenas había pasado un año desde el primer encuentro entre Woolf y Ocampo en Londres. 

¿Ellas eran amigas? ¿Cómo empieza la relación?

Se conocen en diciembre de 1934 en Londres, en una muestra del fotógrafo Man Ray. Las dos cuentan este primer encuentro en sus textos. Victoria va especialmente a esa exhibición porque Aldous Huxley, quien era un amigo en común con Woolf, le dice que la inglesa va a ir. Victoria para ese momento ya había leído Un cuarto propio y se había fanatizado con Woolf. A partir de ahí empiezan su intercambio epistolar, entre diciembre de 1934 y 1941. Victoria y Virginia se vieron solo tres veces, su vínculo afectivo y cultural fue sobre todo por cartas. O sea, su amistad se construye en el ámbito de la correspondencia. Pero hay más. Unos meses después de que salga A Writer’s Diary de Woolf, de forma póstuma y editado por su esposo Leonard Woolf en 1953, Victoria escribe impulsiva y velozmente Virginia Woolf en su diario, y lo publica en Buenos Aires, en Sur. Aun antes de que esté lista la traducción (también de Sur) del Diario de una escritora aparece este ensayo que exhibe otra zona del vínculo entre ambas: la de una Ocampo lectora y crítica literaria de Woolf. Quiero subrayar esto: la intervención de Victoria es muy temprana, en junio de 1954 ya sale Virginia Woolf en su diario y creo que eso muestra la importancia que tenía para ella, cómo el tema le urgía. Allí manifiesta sus dudas sobre los temas que Leonard no incluye en esta versión del “diario expurgado”. Además, y este dato no es menor, en ese ensayo Victoria hace uno de los primeros análisis feministas de la obra de Woolf. 

¿Y este epistolario tiene algún interés para los debates actuales de los feminismos?

Creo que puede ayudar para seguir historizando. Por ejemplo, en estas cartas Woolf le habla a Ocampo sobre la escasez de autobiografías escritas por mujeres; y, al mismo tiempo, Woolf se la pasa diciendo que está ocupada cocinando o limpiando porque la señora que la ayudaba no había podido ir porque debía cuidar a su hijo que estaba enfermo. No quiero ser anacrónica y decir que Woolf ahí no habla de trabajo no remunerado, pero sí, en ese sentido, me parece que la Correspondencia permite adentrarse en el largo y tenso proceso de concientización sobre las diferencias sexogenéricas y cómo en esa cotidianidad que describe Woolf surge que su esposo, Leonard, no tenía que enfrentar las mismas tareas domésticas. Sin dudas Woolf y Ocampo han sido feministas pioneras y además han reflexionado en sus obras sobre los problemas del patriarcado. O sea, son dos mujeres escritoras y editoras cuyas trayectorias permiten evidenciar que antes de ser los íconos y las referentes que son actualmente hubo una lucha por hacerse un lugar en el campo cultural. El caso de Woolf es más conocido y además ha logrado esa expresión tan certera de la necesidad de un cuarto propio y Victoria Ocampo ha escrito muchísimo sobre las dificultades que tuvo como mujer para ingresar de lleno al mundo de las letras en la Argentina. Y esto es algo interesante de la Correspondencia: puede verse que la formación feminista de Victoria empieza con Woolf, quien le recomienda enfáticamente que escriba su autobiografía por este motivo de que muy pocas mujeres lo han hecho. Es más: a Victoria generalmente se la piensa como mecenas, oligarca y recién después de eso aparece “ah, y también escribía”. Por eso decidí incluir en la Correspondencia una reedición de su ensayo Virginia Woolf en su diario, por un lado para dar una visión más global del vínculo entre estas dos mujeres y escritoras; y por otro lado porque creo que Virginia Woolf en su diario muestra muy bien el feminismo de ambas: el de Woolf analizado por Ocampo, y el de Ocampo como alguien que está ejerciendo crítica literaria y cultural bajo esa perspectiva.  

El libro requirió de un largo proceso de investigación y de edición. ¿Cómo empezó? 

Mi investigación doctoral es sobre las distintas formas que toma la construcción autobiográfica de Ocampo, y en ese marco empecé a interesarme en sus cartas como espacio híbrido donde despliega desde la intimidad una figura pública. Quiero decir: Victoria escribía cartas con una idea expandida de recepción, más allá del destinatario o destinataria de turno. Es más, en algunas oportunidades les pide especialmente a sus hermanas que guarden las cartas que les está enviando e incluso ya octogenaria dona sus cartas a la Universidad de Harvard y además se ocupa de fotocopiarlas para que también estén disponibles en la Argentina, en la Academia Argentina de Letras. Pero, y esto es un tema que a mí me fascina y es central para mi investigación, al mismo tiempo ella tiene un gesto contrario: quema una buena parte de sus papeles privados. O sea Victoria interviene (o tiene la fantasía de hacerlo) en su legado póstumo. Entonces, las cartas que sí hay son las que ella decidió que se conservaran. Se han publicado ya algunos intercambios de Ocampo con otras figuras, por ejemplo, con Roger Caillois, Gabriela Mistral. El año pasado salió la correspondencia con Albert Camus, una joyita. Dentro de esta zona están también las cartas con Woolf, de las cuales Ocampo habla tanto en su ensayo Virginia Woolf en su diario como en sus textos autobiográficos. O sea, mi investigación se concentra en Victoria,  yo llegué a Virginia por ella. 

¿Cómo fue el trabajo para recuperar los manuscritos? 

En los años setenta, Nigel Nicolson y Joanne Trautmann Banks se ocuparon de reunir las cartas de Woolf en los volúmenes The Letters of Virginia Woolf. En ese momento, Ocampo todavía vivía. Ella misma le facilitó a los editores las cartas que había recibido, según cuenta en sus Testimonios. Por eso una parte del trabajo de compilación de las cartas enviadas por Woolf ya estaba hecho. En cambio, las cartas de Ocampo a Woolf estaban inéditas. El proceso de recuperación del material lo cuento detenidamente en el prólogo a la edición de la Correspondencia porque es parte del trabajo de archivo, lo detectivesco. En Buenos Aires hay algo maravilloso llamado el Centro de Documentación de UNESCO Villa Ocampo que trabaja en conjunto con la Fundación Sur (creada por Victoria Ocampo en 1962). Estas dos instituciones no solo se ocupan de preservar los manuscritos y el archivo personal de Victoria sino que también colaboran con investigadores orientando acerca del material disponible. Gracias a los aportes de Juan Javier Negri (presidente de la Fundación Sur y quien ha traducido las cartas de Ocampo a Woolf en la Correspondencia) y Martina López (bibliotecaria de Villa Ocampo) pude recomponer bastante el mapa de sus papeles privados en la Argentina. Pero claro: las cartas que ella envió están dispersas en todo el mundo. Ahí fue cuando se me ocurrió contactar a la Virginia Woolf Society en Inglaterra para consultar allí por las cartas de Ocampo enviadas a Woolf. Gracias a esta consulta, descubrí que en Inglaterra, en la Universidad de Sussex, en Brighton, tenían guardados tres manuscritos de cartas de Ocampo recibidas por Woolf. Fue un hallazgo porque estaban, incluso, fuera del genial catálogo que han sistematizado en Villa Ocampo. Ahí el libro tomó otro carácter, porque además de reunir por primera vez las cartas entre estas dos escritoras tan importantes, había manuscritos inéditos de ambas. Cuando cotejé las cartas de Woolf a Ocampo incluidas de The Letters of Virginia Woolf con aquellas conservadas en la Argentina me encontré con que algunas no estaban en los volúmenes de The Letters. Entonces, la novedad de esta Correspondencia se da en varios niveles: haber logrado reunir el intercambio, la traducción al español de las cartas de Woolf a Ocampo a cargo de Virginia Higa, y por último, también, la inclusión de materiales inéditos de ambas.

¿Te encontraste con alguna sorpresa?

Bueno, sí, lo inédito ya fue una sorpresa. Y además, apareció otra curiosidad: en el primer relevamiento en estos repositorios, antes de contactar a la Virginia Woolf Society, me encontré con una única carta de Victoria dirigida a Virginia.  Ahora bien, esa carta dice “London, UK, 1934” y está traducida al español, es una carta mecanografiada e incluye una explicación manuscrita que nombra a una crítica norteamericana llamada Doris Meyer que había estado en la Argentina a fines de los setenta para entrevistar a Ocampo. Todo esto, que ahora cuento rápidamente, implica que aquella no era la carta recibida por Woolf y eso fue un punto clave para el armado de la compilación. Porque, después, gracias al material recuperado en Inglaterra pude cotejar la versión mecanografiada con las cartas manuscritas enviadas efectivamente por Ocampo a Woolf y así pude ver que esa carta traducida al español que se conservaba en la Argentina era, en verdad, una versión unificada de dos cartas distintas. Son esas delicias que aparecen cuando se trabaja con archivo: las versiones se regeneran, se duplican. Ocampo en los años setenta traduce conjuntamente sin explicitar que son dos cartas distintas. Por esta versión duplicada decidí incorporar manuscritos inéditos de Victoria Ocampo en versión facsimilar.  No solo fue por el fetiche del original (que por supuesto también está), sino también porque exhibe algo que para mí es súper interesante, cómo Victoria se lee a sí misma, se traduce y hasta se edita. En sintonía, y porque también tenía ese material relevado, acordamos con la editora de Rara Avis, Julieta Massacese, incluir aquellos inéditos de Woolf en versión facsimilar, para armar el diálogo completo. Para mi investigación doctoral esto que intenté sintetizar fue de gran valor crítico. ¿Por qué cuando Woolf había muerto hace ya más de treinta años Ocampo traduce una carta del inglés al español? Creo que este regreso a Woolf en los últimos años de su vida, cuando Ocampo está preparando lo que yo denomino e investigo en términos de su proyecto autobiográfico póstumo, muestra, verdaderamente, la importancia que tuvo ese vínculo para ella. Ahora bien, entender el vínculo necesariamente implica una contextualización, sobre todo alrededor de Ocampo, porque hoy se habla de ella como la gran directora de Sur pero cuando empieza a acercarse a Woolf  recién hace un par de años había empezado su proyecto cultural de la revista. Lo interesante es, entonces, que una Ocampo sí, ya consagrada y octogenaria vuelve a esta relación en general y a estas cartas en particular. Pero mejor no cuento más, que la Correspondencia circule entre sus lectores.


Manuela Barral es becaria doctoral en Letras de la Universidad de Buenos Aires, bajo la dirección de Sylvia Saítta. Investiga las formas de la autobiografía de Victoria Ocampo en el contexto del proyecto cultural de la revista Sur. Integra el Consejo de Dirección del Archivo Histórico de Revistas Argentinas (www.ahira.com.ar). Ha editado y prologado Correspondencia Victoria Ocampo- Virginia Woolf (Rara Avis/Fundación Sur, 2020.

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