domingo 19 septiembre 2021

Un arcoiris de múltiples colores

Leonardo Vilches Y*.

En Chile, un “arcoiris de múltiples colores” evoca de inmediato a Valparaíso, gracias al primer verso de «La Joya del Pacífico», un hermoso valsecito porteño, que describe la ensoñadora visión de los antiguos marinos sobre los coloridos cerros, repletos de casas encaramadas en lugares imposibles.

En 1988 otro arcoiris quedó registrado en la memoria chilena. Se trató del logo empleado para representar la esperanza y la alegría que vendría después del plebiscito que puso fecha de término a la dictadura.

Hoy, a pocas horas de celebrarse la elección de constituyentes, quiero referirme a un nuevo arcoiris, también de múltiples colores, al punto que cuesta contabilizar y distinguir sus difusos contornos. Se trata de la proliferación de alternativas políticas, radicalmente ajenas al dominio “binominal” que caracterizó a la política chilena entre 1990 y 2018, que concentró la representación institucional en los dos bloques mayoritarios post-plebiscito de 1988: por un lado, la Concertación de partidos del “NO” a la dictadura; por el otro, la derecha heredera del “SÍ”.

Este último antecedente es relevante, pues las parlamentarias de 2017 fueron las primeras en aplicar el actual sistema electoral, de carácter proporcional inclusivo (sistema D’Hondt), que buscó fortalecer la representatividad del Congreso Nacional, estableciendo el aumento de parlamentarios/as, incentivando la elección de mujeres mediante una “cuota de género” en las listas y, además, fomentó la disminución de barreras para la creación de partidos políticos.

Este es el sistema electoral que servirá de base para elegir a 155 convencionales constituyentes este 15 y 16 de mayo de 2021, aunque mediante sucesivas reformas constitucionales, se estableció un mecanismo para asegurar la paridad de género en la conformación de la Convención, además de reservar cupos para representantes de los pueblos indígenas. Se trata, entonces, de una elección inédita en amplios sentidos.

En la primera parte de esta introducción a la Bitácora Constituyente repasé, con brocha gorda (he de admitir), algunos hitos fundamentales del actual proceso constituyente en Chile. Mi objetivo fue mostrar un poco del vértigo con el que han transcurrido los hechos y dar cuenta, también, de la incertidumbre política en la que nos encontramos. El otrora “oasis de estabilidad”, desde octubre de 2019, es ahora un campo abierto de disputa.

En esta segunda entrega, nuevamente, tendré que acogerme a la generalidad para situar el escenario electoral de este fin de semana, considerando la dificultad de identificar las diferencias programáticas entre las 70 listas inscritas que, distribuidas en los 28 distritos del país, suman 218.

Estos datos reflejan la multiplicidad de colores del nuevo arcoiris al que he hecho referencia, pudiendo sintetizarlos con un par de cifras: el 89% de las listas inscritas para la elección de convencionales constituyentes corresponden a “independientes”, mientras que los partidos políticos acaparan el 61% de la cantidad total de listas inscritas en todos los distritos.

El carácter contra-institucional que tuvo el estallido social es la mejor forma de explicar esta fragmentación y descentralización política. De hecho, no es posible omitir que, antes de la reforma constitucional que habilitó el plebiscito y hasta la llegada de la pandemia, se realizaron miles de asambleas barriales que bien podrían ser comprendidas como un proceso constituyente “desde abajo”, principalmente, porque se activaron instancias de coordinación excluyendo a los partidos. Desde luego, en esas instancias surgieron nuevos liderazgos, con vínculos territoriales concretos que, finalmente, promovieron sus propias listas para optar a la Convención Constitucional.

Asimismo, diversos movimientos sociales lograron conformar listas en distritos relevantes o vinculados a un trabajo político desarrollado por décadas, en especial aunque no únicamente, aquellos relacionados a la lucha feminista y a las causas medioambientales.

El sistema partidista también se fraccionó, con excepción de los partidos de gobierno que, incluso, se aglutinaron con sectores de ultraderecha, para conformar una lista única del sector identificado, mayoritariamente, con la derrotada opción del “Rechazo” a la nueva Constitución, quienes han comprendido que, para enfrentar de mejor manera el impulso transformador, requerían conformar una sola lista.

Así, es del lado del “Apruebo” donde ha ocurrido el fraccionamiento. De hecho, los partidos con representación parlamentaria conformaron dos listas, incluyendo algunos independientes o partidos extraparlamentarios: por un lado, la antigua Concertación —Democracia Cristiana (DC), Partido Por la Democracia (PPD), Partido Socialista (PS), Partido Radical (PR)—, denominada “Lista del Apruebo”; por el otro, el Partido Comunista (PC) y el Frente Amplio (FA), llamada “Apruebo Dignidad”.

Por cierto, este escenario ha escandalizado a los más conservadores y, además, ha impedido que existan proyecciones certeras. Las “grandes encuestas”, por su parte, optaron por mantenerse alejadas de esta elección, concentrándose en la presidencial que se desarrollará a finales de este año.

Tal vez, la única claridad existente es la potencial ventaja comparativa, a nivel nacional, que tiene la lista única de la derecha, porque el sistema electoral premia a quienes se unen, aunque el escenario actual, políticamente disruptivo con el orden institucional, tampoco les ofrece suficientes garantías para proyectar con seguridad que alcancen el tercio de escaños que les entregaría el ansiado poder de veto al interior de la Convención.

Por cierto, la incertidumbre electoral ha sido objeto de la principal preocupación de los partidos y analistas políticos, en particular, por el efecto que pueda tener la elección de convencionales constituyentes en relación a la elección de alcaldes, concejales y gobernadores regionales que se realizarán conjuntamente este fin de semana.

Lo único cierto es la ansiedad generalizada por la pronta llegada de ese momento único que será el inicio del conteo de votos. Mientras, los espectadores neutrales —si es que aún existen— disfrutan de todo el colorido político del país.


*Abogado. Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales Universidad de Chile. Ex-asesor parlamentario, Cámara de Diputadas y Diputados (2014-2018).

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