domingo 24 octubre 2021

Segunda vuelta electoral en Ecuador: entre el rechazo y la urgencia

Digno Montalván Zambrano*

El próximo domingo 11 de abril Ecuador elegirá en segunda vuelta electoral a su próximo presidente. El ballotage será entre el candidato de la izquierda correísta Andrés Arauz, quien se ubicó en primer lugar con un 32,72% de los votos y el representante de la derecha conservadora del país, Guillermo Lasso, quien se ubicó en segundo lugar con un 19,74%. Sin embargo, estos porcentajes no los posicionan como las primeras opciones del país; los resultados globales parecen dar cuenta que los triunfadores fueron la izquierda amplia y el anti-correismo, discursos que cuestionan y rechazan lo que, precisamente, representan cada uno de estos dos candidatos. Al mismo tiempo, Ecuador atraviesa una segunda ola de la Covid-19 que amenaza con ser más lesiva que la primera, en un escenario de desgobierno extremo, pérdida de la institucionalidad, falta de planificación y escándalos de corrupción que han significado la renuncia de 5 ministros de salud desde el inicio de la pandemia. Así, Ecuador se aproxima a las elecciones del domingo con dos consignas centrales: la urgencia por el cambio de gobierno, como algún ex candidato ha llegado a decir, “sea cual sea el ganador de las elecciones” y, por otro lado, el rechazo que inspiran cada uno de los dos candidatos finalistas entre la mayoría del electorado que no votó por ellos, y que, paradójicamente, será el que determine quién será el próximo presidente del Ecuador. El juego es entonces por la urgencia y el rechazo.

El camino hacia lo que algunos medios han denominado “el superdomingo electoral en Sudamérica” (por coincidir con las elecciones presidenciales y legislativas en Perú y departamentales en Bolivia) no ha sido nada sencillo para Ecuador. Este país vivió más de un mes de incertidumbre sobre quién sería el rival de Arauz, luego de que, el 7 de febrero, el Consejo Nacional Electoral (CNE) anunciara los resultados del conteo rápido ubicando al candidato del partido indígena, Yaku Pérez, en segundo lugar, con una diferencia de apenas 0,3% respecto del tercero. Los resultados fueron históricos para dicho partido, no solo por la posibilidad de acceder a la presidencia de la República aunando las fuerzas de la izquierda y derecha anti-correísta, sino por los 27 representantes al poder legislativo que obtuvo, lo cual lo convierte en la segunda fuerza política del país; un salto de calidad no previsto por ninguna encuestadora. Pero la celebración para el candidato indígena duró poco. El ingreso de actas que habían presentado inconsistencias y que, por tanto, no fueron tomadas en cuenta para el conteo rápido, fue acortando la diferencia entre Yaku y Lasso haciendo que, finalmente, el 21 de febrero, el CNE anunciara los resultados oficiales ubicando a Guillermo Lasso en segundo lugar con un 19,74% de los votos frente al 19,39% del candidato Yaku Pérez.

La reacción del movimiento indígena no se hizo esperar. Se efectuaron masivas movilizaciones en Guayaquil y Quito, se denunció fraude y una supuesta conspiración por parte de correistas y derechistas para dejarlo fuera de la segunda vuelta. Se vivieron semanas de alta tensión hasta que, el 16 de marzo, a tres semanas de la fecha máxima para realizar la votación de segunda vuelta, el CNE anunció el inicio de la campaña electoral con Andrés Arauz y Guillermo Lasso como contrincantes.

El poco tiempo dispuesto para la campaña ha obligado a estos dos candidatos a sacar todas sus armas al mismo tiempo, concentrándose en un solo objetivo: aumentar el rechazo hacia su competidor. Y es que, como dijimos, los resultados globales de la primera vuelta electoral parecen dar cuenta de que realmente ni Andrés Arauz ni Guillermo Lasso habrían ganado. El triunfo real fue de la izquierda y el anti correismo. El primero fue el claro ganador si tenemos en cuenta que los partidos denominados de izquierda obtuvieron, en conjunto, un 67,79% de los votos válidos (el partido correista, el partido indígena y el partido de centro izquierda). Este resultado parece evidenciar una amplia mayoría progresista en el país. Sin embargo, el carácter anti-correísta de una parte de dicho progresismo fragmenta la mayoría y hace que, al mismo tiempo, si añadimos los votos que obtuvo la derecha ecuatoriana, el eje anti-correismo sume cerca de un 60% de los votos.

Conocedores su imposibilidad para conquistar nuevo electorado a partir de lo que representan individualmente, los candidatos a la presidencia han optado por potenciar las razones que inspiran el rechazo hacia su contrincante con, como se puede prever, un alto porcentaje de “campaña sucia”. Por un lado, ataques centrados en los vínculos del candidato Lasso con la banca ecuatoriana y el desacreditado gobierno actual y, por otro, la casi caricaturización del candidato Arauz como una máscara de Correa. Al mismo tiempo, ambos han reformulado sus discursos en un mal logrado intento de atraer el voto de sectores ecologistas y feministas que rechazan a ambos por igual.

Lasso reforzó su equipo contratando a los asesores de campaña del ex candidato Xavier Hervas, quien, a partir de una masiva campaña en redes sociales, pasó a ubicarse de forma sorpresiva en cuarto lugar en la primera vuelta, y, además, a un asesor político ecuatoriano muy conocido en la región, Jaime Durán Barba. Lo vistieron de colores, abrió una cuenta de TikTok y comenzó a bailar al ritmo de los memes de moda en un más que desesperado intento de acercarse al público joven. Al mismo tiempo, envió mensajes ambiguos al anti-correismo feminista y ecologista, buscando, con ello, inspirar alguna mínima esperanza que dosifique el peso moral que puede significar para este grupo de electores votar por uno de los políticos más conservadores y neoliberales del país.

Andrés Arauz, por su parte, enfatizó la importancia del triunfo de la izquierda amplia en la primera vuelta y la necesidad de unirse frente al retorno de un modelo que desmantelaría al Estado. En esa tarea, buscó alejarse de Correa, y este también dejó de twittear con la misma intensidad. Dijo no compartir la visión de Correa respecto de la despenalización del aborto en casos de violación (reforma legal contra la que Correa se opuso firmemente durante todo su mandato) y habló de la importancia de retomar la construcción del Estado Plurinacional. La menor presencia de Correa en su campaña de segunda vuelta, le sirvió a Arauz para conseguir una alianza de último momento con Jaime Vargas, dirigente indígena de las comunidades amazónicas de Ecuador, la cual ha fragmentado al movimiento indígena nacional y puede ser decisiva en la votación del domingo. Por otro lado, el movimiento indígena anti-correísta, actualmente representado por el ex candidato Yaku Pérez, promueve la opción del voto nulo.

A pesar de todos los intentos por ampliar su base electoral, las resistencias que generan tanto Arauz como Lasso dentro del feminismo, el movimiento indígena y el ecologismo son aún enormes y han elevado la intención por el voto nulo hasta aproximadamente un 24%. Esto ha producido un amplio debate, sobre todo al interior de la izquierda no-correísta, respecto de la pertinencia del voto nulo en un escenario de disputa tan marcado, movilizando enormes contradicciones que seguramente se resolverán solo frente a la papeleta el día domingo. Estos, cuyo voto es imposible de predecir, serán los que elijan al próximo presidente del Ecuador, a pesar de no sentirse representados por ninguno de los dos candidatos.

Así, el domingo no habrá favoritos ni mayorías, solo la pregunta sobre qué rechazarán más los votantes no representados que dejarán de formar parte del voto nulo en el último minuto. Sea cual sea el ganador, después, aún a medio despertar, el anti-correismo de izquierda representado en la asamblea deberá tomar una decisión que marcará su futuro, pues su verdadero peso se encuentra ahí, donde ni Lasso ni Arauz tienen la mayoría necesaria para gobernar.


*Investigador pre-doctoral FPI-MINECO-Universidad Carlos III de Madrid

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