domingo 09 mayo 2021

¿Qué definición de populismo para qué proyecto de Estado? Dos Miradas desde Chile.

Por Cristóbal Sandoval

El fenómeno populista se ha vuelto un tema central en la discusión política actual. El surgimiento de distintas fuerzas políticas populistas de diferentes visiones ideológicas en todo el mundo ha llevado ha tener que usar más seguido del concepto “populismo” en diferentes esferas sociales como la política, las ciencias sociales, los medios de comunicación e incluso en los comentarios de las personas en conversaciones con amigos y adversarios políticos. No obstante, es un concepto resbaloso. En vez de enfocarnos en los diferentes usos cotidianos del populismo, generalmente entendido como un insulto político, este texto busca problematizar en torno la temática del número de la revista respecto al Estado considerando definiciones teóricas del populismo elaboradas por autores chilenos.

De este modo, consideramos que Chile, a pesar de su supuesto excepcionalismo, no escapa a los fenómenos populistas. La entrada al espacio electoral de nuevas fuerzas políticas tanto de derecha como de izquierda, con características similares a partidos populistas de otros países del mundo, nos obliga a reflexionar respecto a qué es el populismo. Así es importante problematizar seriamente si el surgimiento del Frente Amplio (o algunos grupos políticos en su interior) y el Partido Republicano de José Antonio Kast corresponden a fenómenos populistas (de naturaleza diferente, obviamente). De igual forma, el llamado Estallido Social de 2019 puso en evidencia la existencia de un descontento popular generalizado y un conjunto importante de demandas insatisfechas por lo que el rol de algunos de estos nuevos partidos en la articulación de demandas, principalmente en el proceso constituyente, puede ser determinante en el paisaje político chileno.

Curiosamente o no, en los últimos años han sido escritos dos libros introductorios sobre el populismo por autores chilenos. Por un lado, está el libro escrito por el politólogo y profesor de la Universidad Diego Portales, Cristóbal Rovira (escrito junto al holandés Cas Mudde), “Populismo: Una Breve Introducción” publicado por Oxford University Press y traducido al español por editorial Alianza. Por otro lado, el libro “Populismo” publicado por LOM y escrito por el sociólogo y académico emérito de la Universidad Alberto Hurtado, Jorge Larraín. Ambos libros buscan ser una aproximación “amable” de la literatura académica que estudia el populismo, ofreciendo una aclaración de un concepto complejo para un público amplio. Este texto, es una breve reseña de ambos libros centrándonos en las definiciones de populismo ofrecidas por los autores y estableciendo las principales similitudes y diferencias entre ambas propuestas. Así, se podrá dar inicio a una discusión informada respecto al lugar que podría ocupar el populismo en el campo político chileno en los próximos años.

Partamos con la “breve introducción” de Cristóbal Rovira, quien se ha vuelto uno de los académicos más importantes respecto al estudio del populismo a nivel internacional, editando libros y publicando varios artículos respecto al tema, los cuales, lo han situado en el centro de la discusión académica. En su libro, busca establecer tanto una definición del concepto populismo, su relación con los movimientos sociales, los partidos políticos y los liderazgos carismáticos, como también identificar los posibles efectos que puede tener el populismo, en sus variadas formas, sobre la democracia y sus instituciones. De este modo, se introduce un enfoque “ideacional” del populismo el cual lo define como:

“una ideología delgada la cual considera que la sociedad está últimamente separada entre dos grupos homogéneos y antagónicos, ‘el pueblo puro’ contra la ‘élite corrupta’, y que argumenta que la política debe ser entendida como la expresión de la voluntad general del pueblo.” (Mudde y Rovira 2019, 33).

Esta definición nos ofrece tres características centrales del populismo. Primero, al considerar al populismo como una ideología, discurso o visión de mundo, se entiende que da cuenta de un conjunto de ideas asociadas a la centralidad del pueblo como fuente de legitimación política. Pero adicionalmente, al destacar al carácter “delgado” de este conjunto de ideas, se comprende que el populismo nunca aparece de forma “pura”, siempre va acompañado de otras ideologías (socialismo, fascismo, conservadurismo, etc.) lo que explica que existen populismos tanto de izquierda, como de derecha.

El segundo elemento que presenta esta definición es que para el populismo la sociedad aparece siempre dividida entre el pueblo y la élite como dos grupos antagónicos. Sin embargo, el antagonismo que existe entre ambos grupos posee la característica que siempre estaría planteado en términos morales, entre lo bueno y lo malo, lo puro y lo corrupto. Dicho de otro modo, una característica central del populismo es el carácter maniqueo o dualista de la sociedad la cual está dividida entre el pueblo, el cual siempre es entendido como una entidad pura, y la élite, la que siempre es mala y corrupta.

Tercero, el último elemento incluido en esta definición es la centralidad que tiene la idea de la “voluntad general” del pueblo como la última fuente de legitimidad política. De este modo, el populismo considera necesario que se haga respetar la voluntad del pueblo por sobre la voluntad de las elites, las cuales siempre defenderán sus propios intereses afectando la vida de las personas comunes y corrientes, enriqueciéndose a costa de ellos. Este elemento del populismo permite comprender las razones por las cuales en general los partidos y líderes populistas defienden los mecanismos de democracia directa como los plebiscitos o las consultas populares como un medio de expresión de la voluntad del pueblo y así poder hacerla valer.

Por su parte, el libro de Jorge Larraín propone comprender el populismo desde un enfoque un poco diferente. Construyendo una genealogía del populismo desde América Latina, el autor busca establecer una definición del concepto populismo, entendiendo su relación con los movimientos sociales, los usos cotidianos del término en la prensa, discusiones políticas, y comprender los efectos que ha tenido en el contexto latinoamericano. A partir de este análisis, muy influenciado por la obra del teórico político argentino Ernesto Laclau (aunque siendo muy crítico de él), propone una definición de populismo como:

“un fenómeno ideológico de carácter discursivo que interpela a los individuos buscando constituirlos en el sujeto ‘pueblo’. (…) El populismo como discurso ideológico no se vincula necesariamente con una clase determinada, pero está siempre articulado con algún proyecto de clase o fracción de clase. Por eso puede haber un populismo socialista, un populismo nazi o un populismo burgués.” (Larraín 2018, 50-51).

A esta definición, Larraín va a agregar que:

No cualquier apelación al pueblo basta para que exista populismo: es necesario que ‘los elementos democrático-populares se presenten como una opción antagónica contra la ideología del bloque dominante.” (Ibíd., 51)

Para luego, agregar la necesidad de que:

“Para que el discurso populista pueda constituir a los individuos en pueblo es necesario además un liderazgo personal carismático que le da credibilidad y predispone a las masas a aceptar interpelaciones popular-democráticas, siendo así constituidas como pueblo en contra del bloque gobernante.” (Ibíd., 52)

A partir de estos elementos, es posible reconocer una propuesta alternativa al “enfoque ideacional” propuesto por Cristóbal Rovira, la cual va a definir el populismo como una lógica discursiva-ideológica y no como un conjunto de ideas. La cual, en primer lugar, es entendida como un fenómeno ideológico el que busca apelar al pueblo como un sujeto político privilegiado, pero siempre asociado un proyecto de clase específico. De este modo, Larraín rescata una comprensión del pueblo como una categoría sociológica, la cual está siempre relacionada con las diferentes clases sociales. Segundo, el discurso populista siempre busca dividir la sociedad en dos grupos antagónicos, el pueblo (las interpelaciones popular-democráticas) y el bloque dominante (entiéndase la elite, la oligarquía, el Estado, entre otras). Tercero, para Larraín la característica distintiva del populismo no sería el carácter maniqueo de la relación antagónica entre el pueblo y la élite, sino la centralidad del líder carismático como el vehículo del discurso populista que permite desbordar los límites institucionales de respuesta a las demandas insatisfechas.

Ambas definiciones difieren en algunos elementos, especialmente respecto a la característica distintiva del populismo, no obstante, ambos enfoques tienen muchos puntos de encuentro. Para los dos autores el populismo está relacionado con el discurso político y la ideología. De este modo, a diferencia de las otras definiciones sobre el populismo que centran su atención en elementos estratégicos, estilísticos, socioculturales y/o económicos, Rovira y Larraín enfatizan que el concepto debe ser entendido y observado a través de las características centrales de ciertos discursos políticos. Así, la existencia de una interpelación al pueblo como sujeto político privilegiado que debe realizar su voluntad y la construcción antagónica de una élite o bloque hegemónico que impide la realización de dicha voluntad, serían los elementos discursivos que definirían al populismo.

Sin embargo, como ya mencionamos, la principal tensión que existiría entre ambas definiciones serían el carácter necesariamente moralista que tendría el antagonismo social establecido por el populismo y el tipo de agentes políticos y sociales que pueden vehiculizar dicho discurso. Respecto a este último punto, Larraín, pensando desde América Latina, considerará que el populismo necesita de un líder carismático que logre vehiculizar el discurso. En cambio, para Rovira, pueden existir partidos, movimientos y líderes populistas, proporcionado una definición más flexible sobre el concepto.

Otro punto de convergencia entre Rovira y Larraín, son los ejemplos que ambos proporcionan para ilustrar sus teorías. Ambos, van a reconocer que en América Latina han existido tres olas de populismo en diferentes momentos históricos del continente. Así, la primera ola (1930-1960) estaría asociada a los gobiernos de Juan Domingo Perón, Getulio Vargas y José María Velasco Ibarra en Argentina, Brasil y Ecuador respectivamente. La segunda ola, ocurrida durante la década de 1990, fue protagonizada por una extraña articulación entre un discurso populista y políticas neoliberales encarnada en líderes como Carlos Menem en Argentina, Fernando Collor de Mello en Brasil y Alberto Fujimori en Perú. Por último, la tercera ola estaría asociada al “giro a la izquierda” que se vivió en el continente desde los años 2000 con los gobiernos de Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, el kichnerismo en Argentina y Rafael Correa en Ecuador.

Respecto a la tercera ola de populismo, Jorge Larraín va a establecer una relación con el Socialismo del Siglo XXI y la centralidad del líder carismático como el vehículo para articular un discurso político populista con elementos socialistas. Lo que permitió la incorporación de sectores excluidos a partir de procesos constituyentes. Sin embargo, el autor va a destacar que en los últimos años la concentración de poder político en la figura del líder carismático, por ejemplo, en el caso venezolano, ha llevado a la aparición de rasgos autoritarios traducidos en la pérdida de independencia de otros poderes del Estado como el poder judicial, el tribunal electoral, entre otros. Así, Larraín vuelve a enfatizar la centralidad del liderazgo carismático en el populismo y los riesgos que esto implica para la democracia cuando los líderes pasan a tener un rol hipertrofiado. Lo que nos hace reflexionar respecto a si es posible pensar el populismo más allá de los casos en que es vehiculizado por un liderazgo carismático y si efectivamente, como plantea Rovira, existen movimientos sociales y partidos políticos de carácter populista.

Por otro lado, los autores también van a estar de acuerdo respecto a los ejemplos de populismo en Europa, sobretodo el populismo de derecha emergido desde los años 1990. El principal ejemplo sería el Frente Nacional, hoy Agrupación Nacional, liderado en sus orígenes por Jean-Marie Le Pen y hoy por su hija Marine Le Pen. De igual forma, reconocen fuerzas populistas tales como el Partido de la Libertad de Norbert Hofer en Austria, el Partido de la Libertad de Geert Wilder en Holanda, el Brexit Party de Nigel Farage en el Reino Unido, entre otros. Adicionalmente, en el libro de Rovira se identifica que, en los últimos años, se ha visto la emergencia de populismos de izquierda radical en Europa tales como Syriza en Grecia, La Francia Insumisa en Francia y Unidas Podemos en España, los cuales, estarían muy influenciados por la tercera ola de populismo en América Latina.

Finalmente, me parece importante cerrar este texto reflexionando respecto al rol del populismo en el espacio político chileno actual. Es interesante observar, que algunos partidos y movimientos políticos en Chile poseen características similares a los casos presentados en ambos libros. Pensemos, por un lado, en fuerzas políticas del Frente Amplio como Comunes, los cuales, presentan algunas similitudes con el partido español Podemos y la tercera ola de populismo en América Latina. Por otro lado, ha emergido en los últimos años fuerzas de derecha radical como el Partido Republicano de José Antonio Kast, el que comparte ciertos rasgos con la derecha populista radical surgida en Europa desde los años 1990. Esta reseña, no es lugar para discutir respecto a que tan populistas son estos grupos y líderes, ni tampoco reflexionar sobre su relevancia o hegemonía en el campo político chileno. No obstante, se busca esbozar respecto a la utilidad que podrían poseer los modelos teóricos y analíticos presentados por Rovira y Larraín para pensar las coyunturas políticas que vive Chile y el rol que podría cumplir el populismo, en cuanto lógica discursiva o ideología, en la construcción de proyectos políticos que buscan redefinir o repensar el rol del Estado.

ÚLTIMAS NOTAS

Sala Silenciosa

Sala Parlante

ETIQUETAS