lunes 02 agosto 2021

Biblioteca de iberoamérica

Mujeres Indígenas en pie de lucha. Una charla con Evis Millán.

Mercedes Biocca*

Un presente complejo es el que nos toca atravesar como sociedad en este 2020. Los desafíos son aún mayores para las mujeres indígenas de nuestro país quienes se enfrentan cotidianamente a las múltiples violencias del racismo, el extractivismo y del patriarcado. Sin embargo, ellas siguen en pie de lucha, dando cuerpo y vida a un feminismo indígena que busca transformar la realidad.

En esta entrevista Evis Millán, miembro del Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir, nos habla sobre los procesos identitarios, la lucha de las mujeres tanto hacia el exterior como hacia el interior de las comunidades y el camino hacia una sociedad plural en términos étnicos, culturales y de géneros.

Evis, ¿podrías contarnos un poco de tu historia?

Primero saludarla, Mari mari kom pu che, mi nombre es Evis Millán, soy mapuche. Nací en la ciudad de Bahía Blanca. Mi familia, por parte de mi mamá, era de acá del sur de la zona del Mirador y mi papá, también era de Anecón Grande, en Río Negro, pero bueno hubo una etapa en nuestro pueblo en la que muchos tuvieron que salir de sus comunidades de pequeños a trabajar y bueno, eso por ahí produjo un desarraigo en su comunidad.

Mi papá y mi mamá vivieron ese tránsito y estuvieron en muchas partes. Nosotros somos seis hermanos en casa y todos nacimos en diferentes lugares. Mi hermana y yo somos mellizas y nacimos en Bahía Blanca. Vivimos en esa ciudad hasta mis 13 años y después volvimos con el tiempo al sur, justamente por el mismo motivo, por el trabajo de mi papá que era maquinista, ferroviario.

Después, de grandes, recuerdo que cuando nos vinimos a vivir a Esquel yo estaba empezando recién a caminar… si bien teníamos claro cual era mi pueblo, mi identidad, no terminaba de definir un par de cosas. Y justo fue para los 500 años[1] que mis hermanos Moira y Mauro decidieron hacer un acto conmemorando esa fecha importante del 11 de octubre. Entonces ahí empecé como a sumarme, de a poco, y a entender un poco más de mi identidad, mi nacionalidad. A partir de ahí empezamos a caminar y a transitar muchos lados y actualmente soy parte del Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir.

 ¿Y en tu casa tu papá y tu mamá hablaban del tema indígena?

No, la verdad que no. Ellos se habían ido de pequeños a trabajar, mi mamá tenía 8 años cuando tuvo que salir de su casa y empezó a trabajar con cama adentro. Si bien mi abuela hablaba el idioma, mi abuela mantenía el conocimiento en el tejido, era Lawentuchefe es decir tenía conocimiento de las plantas para curar, lamentablemente hubo épocas en nuestro pueblo, como que hubieron un par de cortes, que tuvieron que ver con la imposición de los estados. Recién hoy vemos como ha cambiado bastante esta situación y vemos a nuestras niñas, mi hermana que ya tiene su nieta, y ellas ven desde otro lado. Es como que hay más reconocimiento hacia los pueblos originarios, a los pueblos indígenas, entonces ellas ya se crían con otra apertura. Antes no, antes lamentablemente existieron generaciones a las que obligaban a ir a la escuela y les quitaban el idioma. Si hablaban en mapuzungun les pegaban, se los maltrataba, era una forma para que ellos olvidaran realmente su identidad. Parte de esas generaciones fueron mi papá y mi mamá, por lo tanto ellos no mantenían eso vivo.

¿Cómo viviste vos el proceso de recuperación de la identidad y esa vuelta al territorio?

Nosotros cuando llegamos acá al sur… bueno, primero cuando vivíamos en Bahía Blanca era una situación difícil, porque Bahía ya de por sí es una ciudad que se creó a través de genocidios. Bahía se creó en espacios en que había comunidades mapuches que fueron asesinadas. Entonces era todo el tiempo negar y mostrar una historia irreal porque decían que Bahía se había formado porque había inmigrantes que habían bajado de los barcos y formado la ciudad, pero era una gran mentira. Entonces en ese momento era como que nosotros no nos reconocíamos como mapuches. Pero cuando vinimos al sur, estuvimos viviendo en un pueblito chiquito en Río Negro, donde veíamos a las comunidades cercanas, y después en Esquel mismo hay muchas comunidades mapuche-tehuelches.  Cuando se hizo ese acto de conmemoración, se acercaron muchas familias de las zonas rurales a aportar su historia, a denunciar la situación en que estaban viviendo con los problemas de tierras y, a partir de ahí, empecé a entender cuál era realmente la identidad mapuche y empecé a conocer a otras hermanos y hermanas de la zona de Neuquén. Ahí comprendí mejor que el pueblo mapuche era una nación, porque estaba viviendo de ambos lados de la cordillera, cosa que esa historia yo tampoco la tenía muy clara, porque en las escuelas siempre se nos negaba esa verdadera historia. Recién con el tiempo empezamos a entender un poco más cual era la nación indígena, la nación mapuche. Entonces me encuentro con toda esta cuestión y a la vez empezamos a acompañar a las comunidades que denunciaban o reclamaban, que se estaban organizando, porque querían recuperar su territorio y volver a vivir ahí en tranquilidad. Entonces fueron un montón de procesos que estuvimos viviendo con mis hermanos y eso, en particular, me ayudó a mí a entender a mi pueblo, a entender mi derecho como mapuche y fortalecer esta identidad.

Igualmente, claro, fueron muchos años y diferentes procesos. Cada proceso me ayudó mucho en algo particular, pero con el tiempo comprendimos también la realidad en particular de las mujeres indígenas, ahí fue cuando decidí empezar a participar en el Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir. Ahí entendí un poco más la situación de opresión hacia las mujeres indígenas, porque si bien antes nosotras participábamos de encuentros o Traum, de diferentes actividades con las comunidades donde había hombres y mujeres, veíamos cierta cuestión de poder en los hombres, esto de no escuchar a las mujeres, no darles la palabra, no tenerlas en cuenta. A partir de que empiezo a transitar el camino con el movimiento de mujeres indígenas entiendo esa situación de machismo, de patriarcado, este sistema que también caló en las comunidades indígenas. Entonces, a partir de ahí, me empecé a identificar más con el movimiento.

¿Podés contarnos cómo surgió el Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir?

El movimiento surge más o menos en el 2013, cuando mi hermana Moira decide comenzar a recorrer algunos territorios en el norte a dedo. Ella necesitaba recorrer, llegar a las comunidades, conocer a los pueblos. Entonces decide empezar ese viaje y con el tiempo, reuniéndose con hermanas de diferentes naciones, empiezan a plantearse la necesidad de conformar un nuevo espacio donde realmente se escuche a las mujeres, donde puedan no solamente volcar sus demandas, contar la realidad que viven, sino también organizarse para cambiar esa realidad.

En 2015 se lleva a cabo un encuentro en Epuyén donde se convoca a todas las hermanas de diferentes pueblos, de diferentes comunidades, para plantear lo que queríamos empezar a caminar que era un anteproyecto de Ley por el Buen Vivir. Este anteproyecto iba a permitir que nosotras pudiéramos volcar todas estas demandas como mujeres indígenas, pero a la vez también pensando qué es un Buen Vivir para los pueblos indígenas en el resguardo, esta cuestión de reciprocidad con la naturaleza. Entonces se arma ese encuentro y se logra trabajar sobre le anteproyecto que se iba a presentar en Buenos Aires. Fue presentado en abril de 2015 en el Congreso, allí nos acompañó Nora Cortiñas. La idea era que realmente se tomara en cuenta nuestra voz. A partir de ahí empezamos a caminar con muchas hermanas de diferentes pueblos y empieza a tomar mucho más cuerpo lo que es el movimiento. Después del 2015, volvimos en 2016 a Buenos Aires y nos enteramos que el anteproyecto había quedado cajoneado, que nunca lo revisaron, no hubo interés de parte de las y los diputados. Entonces decidimos como movimiento empezar a hacer un trabajo más interno, porque entendimos que la sociedad en general, la sociedad argentina, no estaba escuchándonos. No les importábamos, entonces había que empezar a hacer un trabajo más interno con las hermanas de las diferentes naciones indígenas. Y así surgieron diferentes acciones. Hoy en día el movimiento ha crecido enormemente y hemos empezado a organizarnos de otra manera, estamos trabajando en grupos que se especializan en distintas temáticas para tener propuestas concretas frente a los diferentes hechos.

¿Cómo vivieron los hombres de las comunidades esta creciente organización de las mujeres?

No es fácil, no es fácil. Hasta el día de hoy cuesta mucho que haya un compromiso de parte de los hombres. El ninguneo, esta situación de entender la importancia de las mujeres en las comunidades, el escuchar su voz, cuesta mucho porque lamentablemente están colonizados, están con esta lógica impuesta. Sobre todo porque la mayoría de las comunidades cuando están organizadas y tienen su Lonko o cacique, generalmente los referentes que toman en cuenta los gobiernos y demás instituciones son hombres. Entonces quieren negar las voces de las mujeres, cuando nosotras planteamos cuestiones que justamente interpelan a su forma de actuar, no es fácil que nos escuchen. Entendemos que es importante afianzar esta organización, porque entendemos que es también importante que nuestros hijes cambien la realidad, que nuestros hijes interpelen este sistema y que realmente en  algún momento logremos recuperar esa reciprocidad entre el hombre y la mujer. Y entre el hombre y la mujer, pero además entre los diferentes géneros. Porque también hay una realidad que se ha negado siempre dentro de las comunidades que es el tema de la diversidad de géneros. Que también muchas veces este sistema impuesto ha negado que hubiera trans, que existieran hermanes con otro género. Por lo tanto también empezar a ver eso, a respetar eso, que no exista discriminación.

Una de las luchas de las mujeres indígenas es por la erradicación del chineo ¿podés contarnos un poco sobre ello?

Si. Nosotras como movimiento estamos hoy poniendo sobre el tapete lo que es el chineo, que es una práctica aberrante, una práctica sexual cometida generalmente por personas que no son indígenas, son criollos. Este tipo de situaciones aberrantes se han dado sobre todo en el norte. Es una práctica que se viene haciendo hace muchos años, mucho tiempo, desde la creación del Estado, cuando aparentemente la gente que no era indígena tenía derecho a violar a las mujeres indígenas, a las jovencitas, a las adolescentes, a las niñas. Y eso se fue manteniendo. Por eso, como movimiento, estamos denunciando esta situación terrible.

Cuando nosotros ocupamos el Ministerio del Interior nos enteramos por medio de una hermana del pueblo Qom que habían querido secuestrar a su hijita, dos personas. Esta situación se había generado en una escuela, en horario escolar. Cuando ella quiso hacer la denuncia, la Directora se negó.

Esta práctica la han naturalizado muchas veces en las comunidades, porque muchas veces los mismos caciques no hacen nada frente a estas situaciones. Los hombre miran para otro lado y los mismos funcionarios, ya sean de escuelas u hospitales, también quieren negar esto que está sucediendo. Esta situación terrible. Entonces la justicia toma como que es un hecho natural, un hecho cultural y es terriblemente repudiable. Esto no pasaba, esto es producto de esta cultura, de esta colonización. Por eso muchas veces los mismos hombres indígenas permiten esto, pero no es del pensamiento ancestral. Es importante que una vez por todas la justicia empiece a escuchar estas demandas de las hermanas que son violadas. La justicia cree que esto es una práctica cultural, pero esto es producto de la colonización, del racismo que se mantiene. Cuando se trata de mujeres indígenas, ellas no son escuchadas. Hoy estamos pidiendo que el chineo se reconozca como una práctica aberrante, una práctica racista y que haya una condena real a esos violadores.

¿Cómo podemos construir una sociedad que sea verdaderamente plural, pluricultural y plurinacional?

Creo que sobre todo poder hacer un cambio hay que rever la historia, eso es fundamental. Si se sigue negando la historia… hoy mismo, 11 de octubre, estamos a un día del 12 de octubre donde mucha gente todavía reivindica lo que fue la masacre, el genocidio. Si no revemos la historia, no hay forma de cambiar esta realidad, esta situación y de mejorar como sociedad. Eso es fundamental.

Yo creo que esta situación que nos lleva a pensar lo que sucede hoy con la pandemia, ha hecho que mucha gente se ponga a pensar qué es lo que está pasando, qué hay detrás de esto, porqué sucede y eso también está ayudando mucho a abrirse, a creer, a entender que hay otras diversidades de culturas, que hay otros pensamientos y que los pueblos ancestrales siempre fuimos cuidadores de la naturaleza, éramos los guardianes de la vida. Esta situación que nos trae la pandemia tiene que ver con esta lógica impuesta donde la depredación, el no cuidar la naturaleza es lo que prima. Esta lógica ha traído consecuencias tan graves como la pandemia o los desastres ambientales, están asesinando ríos, están asesinando bosques. Estas son consecuencias de un sistema impuesto que lo único que hace es destruir. Los pueblos originarios siempre hemos mantenido otra lógica y la gente ahora está empezando a escuchar, a entender. Necesitamos que realmente se nos dé participación real en las decisiones, porque  generalmente hemos sido vistos de una forma muy folclórica, muy pintoresca. Se nos invita a participar de lo que son las muestras culturales o muestras de arte o artesanías, pero cuando queremos poner nuestra voz en proyectos en los que realmente interpelamos este sistema, en esas decisiones políticas no somos escuchados.

¿Es posible la transformación desde el interior del Estado?

Yo creo que no, pero son procesos necesarios, caminos que se tienen que llevar a cabo. Es como mi caso, yo soy docente en EIB, no soy docente recibida, tengo horas cátedras en una escuela intercultural bilingüe. Entiendo que hoy el proceso es este, poder transmitir el conocimiento de mi pueblo a esos niños en esa escuela, pero lo que yo creo que lo ideal en realidad sería que en algún momento las comunidades indígenas decidan tener su propia educación. Porque este sistema lamentablemente, la educación ha sido un sistema que avasalló a nuestra cultura, que siempre contó la otra historia, que no tuvo en cuenta a los pueblos indígenas. Hoy se está hablando de este proceso de educación intercultural, pero en cierta manera es un poco engañoso porque no es que nosotros todos los pueblos hacemos una educación intercultural, sino que es imponer un modelo. De hecho los niños van a la escuela, hablan el castellano y muy poco el idioma de su identidad. Se les enseña muy poco. En mi caso yo tengo horas cátedras, sólo puedo acceder a dos grados y eso no ayuda a la educación intercultural, si el resto de los niños no accede a otras culturas.

Entonces entendemos que el sistema es un poco engañoso, nos muestra una forma con la que parece que quiere cambiar, pero en concreto no lo hace. A nuestros pueblos eso no nos ayuda a nada, no nos ayuda a fortalecer, a enriquecer esta identidad, estos territorios plurinacionales de los que hablamos.

En lo que respecta a educación ustedes también tienen un proyecto, la pluriversidad. ¿Podrías contarnos un poco sobre ello?

Sí, exacto. Nosotros creemos que es importante empezar a construir un espacio donde puedan convivir diversas culturas y que se pueda desde ahí conocer, comprender y difundir las diferentes cosmovisiones. Por eso nosotros hablamos de “pluri” porque son muchos los pueblos que habitan estos territorios. Entonces hay que empezar a entender que esta diversidad está presente y enriquecernos de eso, del pensamiento de cada pueblo, de lo que tiene para contar, para transmitir. Es necesario sobre tener en cuenta el conocimiento de las autoridades originarias, porque ellos nacen con ese don, esa fuerza, esa energía y no necesitan ir a una Universidad y saber tal cosa. En el caso de la medicina, por ejemplo, nosotros en el pueblo mapuche tenemos las Machi. Las machi pueden ser hombres o mujeres, que nacen con una fuerza especial, con un nehuen.  Ese don que reciben es generalmente transmitido por algún familiar de esa persona. Heredan ese conocimiento, pero eso no se respeta.

Cuando fue la conquista del desierto en Argentina, lo primero que fueron a asesinar fueron a nuestras machis, a las personas que tenían ese conocimiento de resguardo, de cuidado físico y espiritual. Entonces, para seguir sosteniéndonos, manteníamos comunicación con machis que vivían del otro lado de la cordillera, en Chile, lo que nosotros llamamos Gulumapu. Allí siempre estuvieron las machis vivas, entonces de vez en cuando venían a Puelmapu, cruzando la cordillera, para atender a la gente de este lado. Hoy en día, fruto de este fortalecimiento que se está dando a nivel general, han surgido varias machis del lado argentino. Acá hay una hermana machi, que se llama Mawün Jones que nació en Esquel, pero hace tres años cuando se despertó su fuerza de machi tuvo que viajar a Chile porque, para hacer todo ese transitar de conocimiento y recibir el espíritu de machi, tiene que prepararse con una Machi que ya tenga ese conocimiento. Se instaló en Chile y el año pasado se casó. En marzo de este año tuvo que venir a la Argentina para atender a algunas personas, pero decretaron la cuarentena y no le permitieron el paso del lado de Chile. Se hicieron los trámites correspondientes por parte de la Cancillería argentina, pero no hubo respuesta de parte de Chile. No hay ninguna respuesta formal que explique porqué se le niega el paso. Ella se casó en Chile, tiene la libreta de casamiento pero eso, según ellos, no alcanza para reconocer que es ciudadana chilena. Entonces ella está varada en Esquel y con el tiempo va perdiendo su fuerza.

Para nosotros las machis no tienen ciudadanía argentina ni chilena, son ciudadanas de Wallmapu, que es todo el territorio. Entonces esta cuestión es otra vez una negación por parte de los estados del derecho ancestral. Las machis tienen que ir de este y del otro lado, porque ellas tienen que curar. Es su obligación asistir a las personas que lo necesitan. Ahí vemos que no hay un reconocimiento real a las autoridades indígenas, porque los médicos occidentales si tienen que viajar hacia algún lugar por temas de trabajo, son autorizados, pero los mapuches no.

Hoy como movimiento nos preocupa mucho la situación de la machi Mawün, porque se está debilitando y necesita volver a su lugar. Apelamos a toda la sociedad a que pueda sumarse a esta campaña.

Pueden enviar adhesiones a urdiendounawallmapulibre@gmail.com y ayudarnos a visibilizar esta situación. Pedimos que Mawün vuelva a su lugar y también que los estados creen una normativa bilateral para que nuestras machis puedan circular sin problema, que no sean paradas, ni discriminadas, porque es un derecho que tenemos como naciones indígenas.

¿Podrías contarnos un poco más sobre cómo están viviendo en los pueblos indígenas esta situación de pandemia y de aislamiento social, preventivo y obligatorio?

Es muy difícil. En el movimiento también hay hermanas de pueblos del norte y ellas nos cuentan a diario la situación extrema en la que viven, porque en el norte la pobreza es extrema. Entonces no cuentan con salas médicas o si van a los hospitales muchas veces son discriminadas y no los atienden. Esta situación de la pandemia ha sido terrible para todas las comunidades, porque las hermanas sienten un abandono total por parte del Estado. Se están enfermando, el hecho que muchos en las comunidades tienen un alto grado de desnutrición hace que cuando el COVID llega sea altamente peligroso, porque no tienen las defensas suficientes para atravesar esta pandemia. Por parte del Estado vemos que hay un abandono, porque muchas comunidades ni siquiera cuentan con agua. En un contexto en que todo el tiempo te dicen que hay que lavarse las manos, es hasta indignante que las comunidades no tengan agua ni para cocinar. Este tipo de demandas son históricas, hoy hablamos del COVID pero es histórico y preocupante.

En el sur vemos que esto de la pandemia, de la cuarentena, es utilizado por parte de los distintos gobiernos también para llevar a cabo emprendimientos extractivistas. Esto también es terrible y preocupante. Acá en Chubut las mineras tienen acceso total a poder circular en las rutas, mientras que a la gente le piden papeles y no las dejan circular fácilmente. Las mineras sí tienen acceso y poder para estar yendo y viniendo.

Se están queriendo llevar a cabo estos emprendimientos extractivistas y el gobierno está cerrando bajo poncho estos proyectos. Así como pasa en el sur, pasa en el norte. Esta pandemia ha sido terrible también en los espacios territoriales

¿De qué hablamos cuando hablamos de extractivismo desde un punto de vista indígena?

Es cuando hay una lógica de pensamiento de poder sobre los elementos naturales. Esto de explotar, de cortar árboles y bosques enteros para beneficio económico, o cerrar un río porque lo necesitan para un emprendimiento como puede ser una minera. Este tipo de cosas lo único que hace es alterar el orden natural en cada lugar. Nosotros entendemos que esto está llevando al terricidio. Hablamos de terricidio cuando es la muerte provocada por el accionar del gobierno y las empresas en los territorios. Lo que ha sucedido con los humedales, lo que sucedió en Córdoba con los incendios que han sido intencionales, porque detrás hay un negocio inmobiliario. Toda esta situación generada por las empresas lo único que está haciendo es llevarnos a la muerte en todo el planeta. No solamente están matando ese bosque, nosotros como pueblos indígenas entendemos que ahí también hay energías y fuerzas que están siendo asesinadas. Entendemos que todo esto que está pasando trae consecuencias graves para las personas también,  provoca enfermedades físicas y espirituales que llevan a la muerte.


Notas

[1] Se refiere a la conquista de América 12 de octubre de 1492. El 11 de octubre se conmemora como el último día de libertad de los pueblos originarios de América.


*Dra. en Sociología. Investigadora Asociada IDAES-UNSAM. Contacto: mercedes.biocca@gmail.com

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