miércoles 25 noviembre 2020

Médicos:¿Lxs únicxs héroes en este lío?

Josefina Maharbiz*

El contexto que nos toca atravesar puso en un lugar central de la agenda a la salud, y particularmente al sistema sanitario público. Este tema, normalmente, no forma parte de los  reclamos constantes de toda la sociedad ni tampoco de los medios masivos de comunicación. Pero de repente, llegó el “coronavirus” para mostrarnos el estado de cuentas en este tema.

Podemos haber escuchado hablar sobre el estado edilicio de los hospitales, quizás falta de insumos y herramientas para trabajar, pero nadie habla sobre la realidad de lxs medicxs.

Me pregunto: ¿Cómo golpea esta pandemia en los distintos sistemas sanitarios del mundo? ¿Todos los países la enfrentan de igual manera? ¿Cómo la viven lxs trabajadores de la salud? Estas preguntas me llevaron a ponerme en contacto con médicxs de distintas ciudades del mundo para ver en profundidad su día a día profesional.

Cuatro médicxs de distintas ciudades cuentan sus realidades, con algunos puntos de coincidencia y algunas que otras diferencias.

María Victoria Pino es médica pediatra, trabaja en la guardia pediátrica del Sanatorio Sagrado Corazón (OSECAC) y en el Instituto Argentino del Diagnóstico en internación y guardia pediátrica en Buenos Aires (Argentina); también entrevisté a Raquel Guedes Sobreira médica terapista  del Hospital del Trabajador y en el Servicio de Atención Móvil de Urgencia, ambos pertenecen al sistema de salud público en Curitba (Brasil), Julián Salazar médico generalista de Medellín (Colombia) y Nicolás de Loredo, médico argentino, residente en medicina familiar y comunitaria en Barcelona (España).

El Covid-19 es una enfermedad infecciosa causada por un tipo de virus recientemente descubierto, si bien está emparentado con otros ya conocidos, que se caracterizan por provocar infecciones respiratorias o gastrointestinales. Se presenta fundamentalmente  produciendo cuadros respiratorios leves o moderados en su mayoría. Las personas mayores de 60 años o con enfermedades crónicas preexistentes son propensxs. a desarrollar formas graves de la enfermedad. La  transmisión es principalmente a través de pequeñas gotas que expulsamos al toser o estornudar, que ingresan a nuestro cuerpo cuando toman contacto con las mucosas oral/nasal/conjuntival. También pueden transmitirse al tocar objetos infectados y luego al ponerse en contacto con la cara. No existe un tratamiento específico al día de hoy. Aunque hay varios en proceso de prueba.

La particularidad de este virus es que generó una pandemia, propagándose de forma masiva trayendo múltiples problemas en el mundo occidental que dejaron a la vista que el sistema de salud no estaba preparado para afrontar una situación de emergencia sanitaria de este tipo, y cómo el Estado (lo público) es quien da soluciones cuando “las papas queman”. 

¿Cómo es la situación que te toca vivir como médicx?

–           María Victoria: Me toca vivir esta pandemia desde la guardia. Tratando de agilizar los procesos de atención y prepararnos para lo que nos espera. Siento angustia ante la incertidumbre, lo desconocido, lo que no sabemos exacto cuando llega ni cómo nos afectará. Sí tengo en mi retina, las imágenes de otros países, lo que me contaron amigues que viven afuera, pero es todo especulación.

–           Raquel: En el Hospital de Trabajadores estoy en una unidad que recibe a los pacientes de Sars-CoV-2, que es la unidad de referencia en esta enfermedad en la zona, así que todos los pacientes sospechosos son derivados al HT. Son muchos los momentos de tensión. Con frecuencia llegan diversas ambulancias al mismo tiempo, pero sólo tenemos dos camas, así que los pacientes tienen que quedarse dentro de las ambulancias hasta que liberemos espacio. Tenemos que hacer esto en el menor tiempo posible para liberar las ambulancias. Con frecuencia llegan pacientes graves que hay que intubar.  Muchas veces  me llaman de otros sectores del Hospital para intubar pacientes.

En las situaciones de gravedad tenemos miedo. No sólo por el riesgo de contaminación, por temer no corresponder a las expectativas de trabajo que nos son impuestas por la pandemia. Hay miedo de perder los pacientes, de que se ocupen las camas en las próximas unidades, de causar algún tipo de daño a una persona que ya está sufriendo mucho con el Sars-CoV-2.

En el HT contamos con material de protección personal: mascarillas, chalecos, face shield, guantes, etc. Siempre que terminamos con un paciente, tenemos que salir de la sala y cambiarnos toda la protección para entonces iniciar el próximo procedimiento. Ante cualquier descuido podés contaminarte, así que se crea un tipo de paranoia que tortura mentalmente los profesionales de salud: siempre creemos estar contaminados. Hay compañeros que hacen testes de COVID casi toda semana para asegurarse que no están enfermos. El desgaste mental es terrible.

–          Julián: En donde me toca estar es una situación tranquila, es constante. No es posible saber quién es potencialmente contagioso y quién no. Miedo no siento, ya que como comenté, la situación está estabilizada.

–           Nicolás: Es muy preocupante, estresante y exigente. Lamentablemente se han producido muchos contagios rápidamente por lo cual existe mucha demanda asistencial. Se ha tenido que reorganizar todo el sistema sanitario en todos los niveles, lo que implica muchos cambios. En atención primaria atendemos a los casos leves y moderados fundamentalmente, que constituyen la mayoría, por lo cual somos el primer contacto que tiene el paciente con el sistema sanitario: hacemos el diagnóstico, seguimiento y la detección precoz de los casos que evolucionan desfavorablemente, y también de los recuperados. De esta manera disminuimos la carga asistencial de los hospitales. También asistimos a las residencias de ancianos del barrio y los pacientes paliativos. Los turnos de trabajo se han intensificado, las medidas de protección individual son escasas y muchas veces no disponemos del material necesario para trabajar en condiciones óptimas. Estamos en contacto estrecho con los pacientes y su familia, y los problemas económicos, psicológicos y sociales también abundan.  Tengo miedo por mi salud, por la salud de mi familia y amigos que están lejos, y también  por el riesgo de contagiar a mis pacientes o compañeros.

En las últimas semanas, lxs médicxs fueron noticia no sólo por su rol profesional sino por lamentosas agresiones discriminatorias que sufrieron. En tu caso, ¿cómo sentís que la sociedad en general evalúa el trabajo de lxs trabajadorxs de la salud y en particular, como es la recepción con tus vecinxs?

–           María Victoria: Creo que al inicio de la pandemia, era una actitud de empatía real, los aplausos de las 21:00 hs. me parecían una forma de reconocimiento, hoy, siento que estuvo influenciado por la situación de otros países, que era extrema en ese momento. Después de la agresión de vecinos a algunos colegas, me di cuenta que era un gesto hipócrita de la mayoría, ese “GRACIAS” era un acting social porque después te echaban de  tu casa. Me cuesta entender esa doble moral, la falta de solidaridad y el desprecio por nuestro esfuerzo y trabajo.

La frase trillada  “cuidar a los que nos cuidan”, poco a poco se fue transformando, y se convirtió en una forma de romantizar nuestro trabajo precario, donde se prioriza la vocación antes que nuestra situación laboral. Un paradigma antiguo, que se instaló en algún momento de la historia, por el cual nuestro trabajo es una especie de sacerdocio y la vocación de servicio es la que prima, pero a nadie le importa si tu salario es por lo menos digno. Con respecto a mis vecinos, no tomaron ninguna medida, pero sí me preguntaron qué actividades hacía y donde trabajaba, como una especie de inquisición, sin preguntarme cómo estoy o si necesito algo.

–          Raquel: En general la sociedad está muy agradecida con los profesionales de la salud. Siempre he sido bien tratada, sobre todo por mis vecinos. Una de mis vecinas me envía frecuentemente mensajes por Whatsapp de aliento para que no me sienta sola. Otro vecino me pregunta cómo están las cosas en el hospital. Son muy cordiales.

Sin embargo, algunos compañeros han sufrido hostilidades, especialmente aquellos que viven en condominios. Son agredidos verbalmente o simplemente marginalizados por el miedo al contagio o la ignorancia. Esa es una realidad de muchos profesionales de salud, que han preferido abandonar sus casas y vivir en hoteles – que están siendo pagos por el Municipio –, o en el estadio de fútbol Couto Pereira.

–              Julián: No convivo con mi familia, por lo tanto no he tenido ningún inconveniente con esa situación. Convivo con dos médicos más y trabajamos en el mismo lugar por lo cual tenemos claros los roles en el cuidado de cada uno. Por otra parte con respecto a los vecinos, no he tenido ningún tipo de devolución.

–           Nicolás: Personalmente creo que estamos en un momento de “idealización” de nuestra profesión. El panorama es preocupante, la demanda asistencial alta y la sociedad nos necesita como profesionales sanitarios, por lo cual nos han convertido en “héroes”, cuando en realidad también somos personas. La cuestión principal es que la gente no es consciente de que el problema de base es la falta de inversión por parte de los gobiernos hacia la sanidad. Existen muchos recortes en el presupuesto, lo que implica menos camas, menos personal, menos insumos, turnos laborales extensos, consultas cortas, presión asistencial y precarización laboral. Me gustaría que el día de mañana todos salgamos a la calle a luchar por la sanidad pública, que es un derecho de todos y para todos. Afortunadamente mis vecinos se han mostrado empáticos y solidarios, me ofrecieron ayuda varias veces y nunca se me cuestionó.

Lxs entrevistadxs consultados por el estado de los sistemas de salud de sus países coinciden en que hay una falta de inversión histórica por parte de los gobiernos hacia la sanidad. Como consecuencia de ello el médico trabajador en España señala que tuvo mucha dificultad con los insumos básicos para trabajar, teniendo que reutilizar barbijos, máscaras y otros elementos de protección. En el caso de Argentina, los gobiernos locales tomaron medidas, para “resistir” el pico máximo. Este concepto de resistencia, comenta Victoria, es el que se repite y representa las situaciones precarias que normalmente tienen que atravesar lxs profesionales de la salud. En el caso particular de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se armaron Unidades Funcionales, en zonas críticas, hospitales de campaña y se dispuso el uso de hoteles para aislamiento de pacientes desde el sector público. En el ámbito privado, hay una adecuación a la normativa según cada institución.

El caso de Curitiba Brasil y de Medellín Colombia es similar al de Argentina, pueden sobrellevar la situación gracias al aporte de la sociedad civil y cuentan con el material de cuidado personal necesario.

Argentina a diferencia de otros países, más allá de sus inmensas dificultades económicas y de haber tenido un pasado reciente de recortes enormes en la gestión del pasado gobierno en todo su sistema de salud, de alguna forma supo adelantarse a la pandemia. Estableció medidas de promoción y  prevención de salud que son fundamentales para poder combatir a esta enfermedad. El aislamiento social y obligatorio implementado a tiempo logró aliviar las consecuencias que tiene que enfrentar hoy nuestro sistema sanitario en comparación con muchos otros países de la región y del mundo.

Más allá del momento particular que atravesamos, que sirvió para hacer muchas mejoras, nuestro sistema de salud tiene bastantes falencias. Las condiciones de trabajo a las que el personal de salud se tiene que enfrentar día a día son malas, tanto en el sector público como en el privado. Lxs medicxs no quieren ser héroes, quieren ser trabajadores con condiciones laborales dignas: con 8 hs de trabajo, con un sueldo acorde a su capacitación y tarea, con ámbitos laborales acondicionados y seguros.

¿Cuántas veces la sociedad se manifestó en contra de sus reclamos? Esta experiencia debe servir a todos los gobiernos y a la sociedad para entender que el sistema de salud no se salda con el acceso de una parte de la población a una obra social o a una prepaga; sin una política de salud pública e integral nos quedamos a la deriva, sin importar el nivel socioeconómico que tengamos. Y que el personal de salud debe poder trabajar dignamente. Ese es el mayor reconocimiento que debemos hacerle.

Esta pandemia vino para desarmarnos, exponernos y mostrar lo indefensxs que podemos ser; pero también llegó para darnos una oportunidad y re-construirnos para convertirnos en una sociedad con mayor justicia y equidad. Ojalá no lo desaprovechemos.


* Josefina Maharbiz es argentina, estudiante de la licenciatura en Gestión de Políticas Públicas en la Universidad Nacional de Tres de Febrero, Diplomada en Géneros y Movimientos Feministas. Co-organizadora de la Feria del Libro Feminista (FilFem).

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