domingo 19 septiembre 2021

Me siento mucho más fuerte sin tu amor

Publicación original: Revista Molecular

Foto: Pilar Maharbiz

Josefina Maharbiz *

El amor romántico, a través del cual lxs seres humanxs aprendimos a construir la mayoría de las relaciones que establecemos, no nos representa una forma de fortalecernos individual ni colectivamente. 

Este se basa en la creencia de un ideal de amor que se construye en torno a relaciones idealizadas, naturalizadas y normalizadas, que estamos acostumbradxs a ver en las pantallas. Estas están basadas en la desigualdad entre los varones y las mujeres (obviamente hetero cis porque en esta categorización no existen otras opciones) que deciden vincularse. 

Pensemos en la vieja y conocida “media naranja”, pareciera que según el dicho popular2 

siempre necesitamos a un otrx para poder estar completxs. Gracias al avance del colectivo feminista y todo lo que este trae aparejado, pudimos aprender que hay otro tipo de construcción de amor que no es tal como nos la presentaron durante tantos años. 

Siguiendo esta nueva idea de construcción de relaciones que nos da a conocer el feminismo quiero citar una frase que me ha hecho pensar bastante en mis sesiones de psicoanálisis: “me siento mucho más fuerte sin tu amor” – un fragmento de la letra de una canción que bien interpreta el querido músico argentino Charly García3-. Esta frase pareciera dar por tierra con cualquier tipo de creencia de que va a venir un otrx a nuestras vidas a fortalecernos, a completarnos. 

En este sentido creo que la maternidad, planteada con los cánones de la cultura patriarcal en la que vivimos y nos desarrollamos, nos la quieren presentar como algo que nos viene a completar – como la “media naranja” de lxs cuerpxs gestantes- . Hay una visión completamente romantizada. La realidad (o por lo menos la mía) es que muchas veces una se siente más fuerte y menos vulnerable sin tener que compartir su cuerpo y sus días con un otrx que viene (más allá de descubrir que un hijx desadx es de las cosas más hermosas que podemos transitar) de alguna forma a sacarnos parte de nuestra autonomía e individualidad; y por ende, no nos completa absolutamente nada. 

Terminamos siendo las que tenemos que cargar con todas las críticas, los consejos, las preguntas, las miradas. Los padres quedan totalmente al margen, nadie los juzga, nadie romantiza su rol, nadie los hace cargo de lo que realmente tienen que llevar a cabo para que la paridad sea tal y no un mero número que viene a dejar satisfechxs a lxs superficiales y quienes quieren ser políticamente correctxs.

Hay muy poca información sobre lo que realmente conlleva un embarazo. Pocxs son lxs que se animan a contar el “lado b” de lo que significa gestar a unx nuevx ser. Más allá de que vivimos en una sociedad bisagra en estos temas, las mujeres seguimos siendo las que postergamos nuestra individualidad y desarrollo personal y profesional por tener que ocuparnos, casi por imposición divina, de las tareas de cuidado. 

EXPERIENCIA PERSONAL 

Sólo quedaban recuerdos de una adolescencia con algún enamoramiento sin racionalidad, y una crianza en un pueblo pequeño en el que decía: “si me quedo en el pueblo tendré muchos hijxs, porque si no ¿qué voy a hacer?”. 

Lejos quedó esa pequeña que podía llegar a tener en sus planes quedarse en Noetinger su pueblo natal en Córdoba (Argentina), y convertirse en una multípara sin causa. La decisión parecía ser clara, NO QUERÍA SER MADRE. 

Como la mayoría de las cosas suceden ,muchas veces, sin que unx las busque; pasó: quedé embarazada. Aunque en Argentina el aborto no es legal tuve el tiempo y el privilegio de poder decidir qué hacer. Finalmente decidí seguir adelante con el embarazo. Esta historia no tuvo un final feliz -o quizás sí a la larga- a las pocas semanas perdí el embarazo. Un aborto espontáneo por el que fui maltratada en el sanatorio en el cuál me atendí. La ilegalidad del aborto lleva a que lxs profesionales de la salud sientan la potestad de ejercer violencia obstétrica sobre lxs pacientes que llegan con un aborto, ya que quienes están en contra de la interrupción legal del embarazo, dudan de cuál puede haber sido el origen de su desancadenamiento. 

Ese hecho inesperado hizo que me preguntara nuevamente qué quería yo – mi nueva yo con respecto a la maternidad. Por un lado “el deber ser”, inculcado durante tantos años en nuestra cultura machista y patriarcal: “la realización de la mujer se da con la maternidad”. Y por otro lado, todo el nuevo bagaje de conocimientos adquiridos en el arduo camino de la militancia feminista. 

La pregunta del millón: ¡¿Qué es lo que realmente quiero yo?! La respuesta no la tengo, hasta el día de hoy sigo preguntándome si ser madre fue lo que genuinamente quería.

Aunque no existió – ni existe hasta el día de hoy- una respuesta rotunda y clara, decidí que quería tener un hijx. Me convencí de eso. 

EL EMBARAZO 

Rápidamente llegó, fue una noticia feliz. Esa rapidez hizo que casi fuera uno solo con el embarazo anterior -podríamos decir que fue un embarazo de elefanta- se hizo eterno. Decidí que no quería leer pilas de libros sobre el tema, ya tenía demasiada confusión como para sumarle más interrogantes a una cuestión que me resultaba tan compleja. Me abrumaba de sólo pensarlo. Sólo leí algunos testimonios -desgarradores por cierto- de mujeres que hablaban del tema sin ningún tipo de reparo en el statu quo. Una de ellas fue Florencia Kirchner, a quien le agradezco por haberme hecho ver que ese “lado b” existía, que no era la única que lo sentía y expresaba. 

La realidad es que no fue un embarazo complicado, pero sí con muchos miedos por la pérdida reciente del anterior y los episodios de violencia obstétrica. 

No lo disfruté, no me gustó y dudo mucho decidir pasar nuevamente por esta experiencia. Trabajo en política, y el año pasado fue un año muy particular en Argentina, hubo elecciones nacionales y en un contexto donde lxs peronistas 4 teníamos que dar todo en la cancha5 para poder ganar. El embarazo te enlentece y restringe muchas actividades. Todo cuesta el doble, o por lo menos así me pasaba a mí. 

Otro tema: lxs médicxs. La verdad es que pasé por varixs y de manera ingrata me tocó pasar nuevamente por episodios de violencia obstétrica. Tuve el privilegio de poder cambiar e ir probando con diferentes profesionales, nunca logré estar conforme con este tema. Aunque con mi obstetra terminamos en óptimas condiciones, a lo largo del proceso nuestra relación fue bastante turbulenta. 

Todas las relaciones que tuve durante el embarazo fueron turbulentas, yo estaba turbulenta. No era mi yo de antes, estaba poseída por las hormonas, el cansancio, las restricciones (¡el cigarrillo!), la falta de mi cuerpo. Sí, ese cuerpo que era mío, ya no me pertenecía a mi sola. Suena egoísta, pero de repente hay que compartirlo, y no queda otra. 

Todo este arsenal de sentimientos se vuelve mucho más pesado en el momento que sentís que no podés expresarlos. Porque si lo haces sos una especie de hereje, quejosa, loca y malvada. 

Bruja. 

Ni hablar, de tener que escuchar a toda la horda de personas “bienintencionadas” que dan sus opiniones y consejos, los mismos que una nunca pidió. 

Una madrugada repentina y sin aviso, el bebé -que aún no tenía nombre- decidió avisar que estaba listo para dejar mi cuerpo y así poder comenzar ambxs el proceso de re-convertirnos y ser dos seres individuales. 

No sé por qué razón nunca le tuve mucho miedo al parto, será que el embarazo me parecía tan feo, que lo veía como una especie de fin de la tortura. Fue un parto lindo, correcto, amoroso y rápido. Respetado. Muy privilegiado. 

LA MATERNIDAD 

De repente así de un segundo a otro, sin entender nada, te convertís en madre. La primera impresión cuando vi a mi hijo no fue esa que muestran en las películas de Hollywood, de amor pleno y conexión instantánea. No comprendía la situación, de repente tenía un bebé arriba mío, moradito, pequeñito (se me caen las lágrimas mientras tipeo) y era mío -o por lo menos lo era en ese momento-, yo era su mamá. 

Tardé unas horas en caer. Ese día hubo mucha gente y yo estaba muy abrumada. No tenía idea de nada, no podía decidir nada. Esa era la única sensación que me atravesaba en una especie de loop eterno. 

La realidad empieza el día que llegas a tu casa y seguís sin entender nada. Ahora sí, llega todo junto: ¡tareas del hogar vengan a nosotras! 

Todo lo que cuente acá no sonará extraño. 

En un reciente informe6 que sacó la CEPAL y ONU Mujeres queda en claro que: la actual distribución de las responsabilidades de los cuidados es sumamente desequilibrada, recayendo principalmente en los hogares y siendo realizada mayoritariamente de manera no remunerada por las mujeres. A pesar de su importancia, este trabajo sigue siendo invisibilizado, subestimado y desatendido en el diseño de políticas económicas y sociales en América Latina y el Caribe. Como reflejo del estereotipo de la feminización del cuidado, en el ámbito del trabajo de cuidados remunerados, las mujeres también están sobrerrepresentadas en estos empleos caracterizados en general por una baja remuneración y condiciones laborales precarias.

 La pandemia del COVID-19 ha reafirmado la centralidad de los cuidados, poniendo en evidencia la insostenibilidad de su actual organización. En América Latina y el Caribe, desde antes de la pandemia, las mujeres dedicaban el triple de tiempo que los hombres al trabajo de cuidados no remunerado. Esta situación se ha visto agravada por la creciente demanda de cuidados y la reducción de la oferta de servicios causada por las medidas de confinamiento y distanciamiento social adoptadas para frenar la crisis sanitaria. Más aún, la llamada ¨nueva normalidad¨ implicará cambios importantes en la forma de escolarización y trabajo, dado que la infraestructura social no es acorde a las recientes necesidades de distanciamiento, generando nuevos desafíos de reorganización del trabajo productivo y reproductivo de mediano plazo, y mayores presiones sobre los sistemas nacionales de educación pública, salud y protección social más allá de la crisis. 

Las mujeres quedamos supeditadas a la falta de tiempo producto de la dedicación de gran parte de nuestro tiempo a realizar las tareas citadas con anterioridad. 

Estamos atrapadas por la obligación cultural de tener que ser la “mujer perfecta” en el hogar. 

Pero nosotras queremos poder dedicar todo nuestro tiempo (o por lo menos en una repartija igual con nuestrxs pares varones) a nuestras carreras profesionales. 

Tenemos que liberarnos de todas estas ataduras, imposiciones y preconceptos. Pero qué difícil es todo esto, ¿no?

Creo que el puntapié inicial para poder lograrlo es decirlo/escribirlo, poder ponerlo en palabras, no guardarnos nada – para ser políticamente correctxs- , acompañarnos siempre, no juzgarnos. Tejer redes. Abrazar siempre a la compañera que tenemos al lado y entenderla. 

No hay recetas mágicas, no hay libros, artículos, ensayos, ni cuentos que nos digan qué es lo correcto.  Mientras tanto, hablemos, descarguemos, escribamos y por sobre todo seamos SORORAS y amplias.


Notas

En el texto se utilizó lenguaje inclusivo como parte de la convicción que tengo como autora de su importancia que tiene este para evitar caer en el binarismo que nos acota las opciones genéricas.

 Carlos Alberto García, conocido como Charly García (Buenos Aires, 23 de octubre de 1951), es un músico, compositor, multi instrumentista, arreglista, autor, cantautor y productor argentino de rock. Es considerado un ícono del rock argentino.

En muy resumidas cuentas el Peronismo es un movimiento político argentino surgido a mediados de la década de 1940 alrededor de la figura de Juan Domingo Perón y un considerable número de sindicatos. Hasta el día de hoy sigue vigente.

 5“Dar todo en la cancha” es una expresión que usamos lxs argentinxs para decir que hacemos todo lo que está a nuestro alcance para lograr nuestro objetivo.

Elaborado por Julio Bango, consultor de la Oficina Regional para las Américas y el Caribe de ONU Mujeres con datos disponibles a 9 de Julio de 2020. Coordinación: Raquel Coello, Especialista Regional de Empoderamiento Económico ONU Mujeres y Lucía Scuro, Oficial de Asuntos Sociales, División de Asuntos de Género de CEPAL. Equipo de Producción: Beatriz García y Denize Santana (ONU Mujeres) e Iliana Vaca Trigo (CEPAL). Agradecimientos a Ana Guezmes, Diana Espinosa, Juliette Bonaffe, Alison Vasconez, Lorena Barba, Ximena Loza (ONU Mujeres) y a Nicole Bidegain, Catalina de la Cruz y Belén Villegas (CEPAL) por todos los aportes y contribuciones al documento.

*Josefina Maharbiz: Estudiante de Lic. en Gestión de políticas públicas, Diplomada en Géneros y movimientos feministas, Parte Creadora y Organizadora de la Feria del Libro Feminista (FilFem), Madre y Mujer feminista. 

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