viernes 17 septiembre 2021

La otra Loli: Arte y cultura para transformar vidas y mundos

Loli Molina *

Los recuerdos más felices de mi infancia tienen en común la presencia de la música, los dibujos, la radio, la danza. Casi siempre sola, con la puerta de mi cuarto cerrada, pasaba horas inventando escenarios, historias, grabando en una vieja grabadora con micrófono mis propios programas de radio en cassettes gastados, cantando canciones inventadas, escribiendo cuentos, desparramando lápices de colores y manchando hojas infinitas. Ese era mi mundo seguro y cálido, del otro lado de la puerta había violencia y dureza.

Sin venir de una familia de artistas, las expresiones artísticas fueron siempre un salvavidas y una ventana desde la cuál mirar el mundo y habitar la sensibilidad y empatía. La música, especialmente, siempre me suavizó y protegió de todas las cosas.

Esto fue siempre así para mi y creo que de no haber tenido la posibilidad de vivir a través del filtro artístico probablemente no me sería posible estar escribiendo esta nota, a mis 33 años.

Por mi propia experiencia de vida siempre tuve claro que el arte tiene la capacidad de transformar las vidas de otrxs de manera positiva y de comunicar cosas importantes que nos permitan pensarnos desde otros lugares, abrir panoramas y perspectivas.

Hace trece años me dedico a la música de manera profesional y fue con el advenimiento de las redes sociales que entendí otro nivel de profundidad y responsabilidad en relación al poder transformador y comunicador del arte.

Hoy vemos que en las redes priman en mayor medida, como dice el filósofo coreano Byung Chul Han, “adictivos y peligrosos” juegos de exposición de la vida personal, y también abunda la indignación carente de discurso, viligancia del otrx, críticas no constructivas y sobre todo vemos un perverso ir y venir de información y desinformación.

La sensación de que las redes nos permiten comunicarnos y empoderarnos en un mensaje personal propio es algo que me permito poner en duda cada día para poder acceder a mayores niveles de discernimiento y claridad acerca de lo que está pasando.

Fue en ese proceso que me di cuenta que siendo música independiente, en un mundo y sistema donde mis contactos de trabajo y mi contacto con el público están relacionados en un 90% con las redes sociales, debía utilizar estos canales para comunicar y hacer lo que yo sé que es posible a través del arte y la cultura: transformar vidas y mundos.

Como observadora y amante de la naturaleza resalto algunas de sus cualidades y virtudes intrínsecas: en el mundo natural hay cooperación e interdependencia, balance y equilibrio. Observando desde el filtro de lo artístico, en el mundo natural todo compone, nada se impone. Este mundo hermoso, justo y delicado está ahora en peligro y crisis y se está hablando y haciendo muy poco al respecto en las redes.

No nos damos cuenta de que mientras publicitamos nuestro último single o nuestro peinado, hay hectáreas de monte siendo arrasadas por fuego malicioso, animales que se extinguen, el mar que sube, el hielo que se derrite.

Mi música y mi creatividad no tendrán razón de existir en un mundo muerto. Las flores que tanto me inspiran y que utilizo cuando hago mis dibujos y collages dejarán de existir si la población de abejas sigue declinando. Perdimos el balance mirando adentro de una pantalla y contando likes. No estamos realmente conectadxs ni empoderadxs, estamos mirando al costado mientras el mundo se muere y nosotros sin darnos cuenta, también.

Por lo tanto, me pregunté profundamente si era posible llevar el modelo de relación que la Naturaleza viene ejerciendo desde siempre con todas su partes a las redes sociales y a la comunicación de mi trabajo y de mis intereses frente a un público que me ve y escucha todos los días. ¿Puedo a través de las redes sociales hablar de la urgencia ecológica en que vivimos y a la vez generar un impacto positivo en la sociedad y el planeta? ¿Puedo a través de mis posts, poemas, fotos y música, hacer reverberar los valores artísticos y humanos que embanderaron los artistas que admiro y que cambiaron el mundo antes que yo?

Decidí sumergirme y abocarme a esta tarea con responsabilidad y foco.

Contacté a dos ONG ambientales que investigué y elegí por su transparencia y campo de acción, Fundación Vida Silvestre y el Instituto de Conservación de Ballenas. Ambas radicadas en Argentina y con equipos de expertos en investigación, conservación y comunicación. Comencé a interiorizarme en los distintos proyectos que están en curso e hice contacto.

Luego comencé a proponer a mis seguidores en las redes distintas actividades artísticas relacionadas con compartir un mensaje de respeto por la Naturaleza, la urgencia de la conservación de la flora y fauna nativa y sus ecosistemas y la difusión de los programas llevados a cabo por las ONG.

Pondré de ejemplo el caso de una actividad que realizamos junto con el Instituto de Conservación de Ballenas recientemente: Para celebrar el día de los Océanos que se celebra cada año el 8 de junio. Propuse poner a disposición del publico general una serie de videos cortos que el ICB tenía con imágenes del mar, las costas y el mundo subacuático en la Península de Valdez con la consigna de que debían utilizarlos y ponerles música, un poema, animaciones digitales superpuestas o lo que quisieran. Luego debían compartirlo utilizando el hashtag #somoselocéano y etiquetar al ICB.

Los resultados fueron bellísimos y esperanzadores, sucedió lo que yo esperaba y anhelaba y más. Por varios días las redes mías, de mis seguidores y del ICB se llenaron de imágenes del mar, las ballenas, los delfines y las costas de Chubut. El programa de adopción de ballenas del ICB tuvo muchísimas adopciones nuevas, lo cuál les genera la posibilidad de seguir investigando y cuidando a estos ejemplares que son un emblema de nuestros mares y los responsables de que el mar esté oxigenado: dicen que las ballenas son los bosques del mar.

Por lo tanto, esta experiencia demostró que a través de la música y la poesía fue posible volver a un estadío de conexión entre humanos y animales, entre nosotrxs y los mares. La reciprocidad y el cuidado mutuo se hicieron presentes en los actos de adopción, la belleza de la naturaleza inspiró actos de creatividad y composición. Sentí mucha alegría y esperanza y esto me dio la pauta de que por aquí es, aquí hay un camino a seguir explorando.

Es posible poner mi actividad y metier al servicio de un bien mayor y común, es posible utilizar las redes para hacer el bien y para conectarnos de verdad. Hay mucha gente allí afuera que también necesita un canal expresivo y artístico para curar su mundo interior y pensar en una vida mejor. Me gusta poder ser canal de este mensaje y ayudar, adhiero a la vieja ley de correspondencia que indica que “ como es adentro es afuera “. En un solo acto de comunicación de mi parte y en un gesto de apertura, participación y confianza de parte de lxs que me leen, muchos níveles de conexión y sanación empezaron a ocurrir.

Quizás este sea un camino para vivir en el mundo que soñamos y que ya existe pero elegimos no ver y no habitar: el mundo del cuidado mutuo y el respeto, de la reciprocidad y la observación profunda y donde la vida se celebra y vive plena, serena y brillante.


* Loli Molina es guitarrista, cantante, compositora, escritora, productora y artista visual. Además de sus actividades en la música se dedica al collage como disciplina visual y es activista por la ecología y el ambiente. Su último disco ” Lo Azul Sobre Mi ” fue nominado como mejor album conceptual y mejor album cancion de autor en los premios Gardel 2020, y fue editado en Europa por el sello Flowfish y es distribuido en Japón. 

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