martes 16 agosto 2022

La olvidada historia feminista de la Renta Básica Universal

Toru Yamamori*

Publicación original: https://sinpermiso.info/textos/la-olvidada-historia-feminista-de-la-renta-basica-universal

Se cumplieron ayer 45 años de una tarde de domingo, la del 3 de abril de 1977.

Era un día bastante gélido para lo que son los días de primavera en Londres, pero hacía calor dentro de la sala del City of London Polytechnic; no sólo porque estuviera la sala replete de gente, sino también por su entusiasmo. Se habían congregado miles de mujeres de todo el Reino Unido en el noveno Congreso Nacional de Liberación de la Mujer.

El congreso comenzó el sábado, 2 de abril, con numerosos talleres y actos sociales, y se acercaba ya a su final, la sesión plenaria, cuando se planteó una resolución que proponía el derecho a lo que hoy conocemos como ‘Renta Básica Universal’, es decir, a unos ingresos adecuados pagados a toda persona sin condición alguna. La resolución fue aprobada por mayoría. La Renta Básica Universal fue una de las reivindicaciones del Movimiento de Liberación de la Mujer de Gran Bretaña, respaldada democrática y oficialmente. Pero, por desgracia, este hecho ha quedado inmerso en la amnesia colectiva. Una amnesia que puede que comenzara en el momento mismo en que se aprobó la resolución.

La revista Spare Rib, publicación periódica británica sobre la liberación de la mujer, informó de la aprobación de la resolución, pero de forma dispareja. A la crónica le faltaba información vital, como quién había planteado la resolución, en qué consistía exactamente el plan de ingresos propuesto y por qué se planteaba como demanda. Por el contrario, Spare Rib informaba de quién se oponía y por qué. En este artículo, ofreceré un complemento de esta parte de la información de la que no se dio cuenta y debatiré la resonancia contemporánea y global de esta demanda.

Entre la liberación de la mujer y el movimiento por el derecho al bienestar social

El primer Sindicato de Demandantes [Claimants Union] se fundó en Birmingham a finales de 1968 por parte de quienes recibían prestaciones estatales condicionadas a la evaluación de sus medios, es decir, a los ingresos. Iniciativas similares surgieron espontáneamente en toda Gran Bretaña, y en marzo de 1970 se fundó la Federación Nacional de Sindicatos de Demandantes [National Federation of Claimants Unions]. Si bien el “derecho a una renta adecuada para todos sin evaluación de recursos” figuraba entre sus lemas desde el principio, fue en 1972 cuando se expresó claramente la demanda de una renta individual incondicional. En la primavera de 1972 se lanzó una campaña nacional a favor de una “renta adecuada garantizada”. La formulación de la renta garantizada como incondicional por parte de los activistas estaba arraigada en su lucha diaria contra el sexismo dentro del sistema de seguridad social. Esta primavera se cumplen 50 años de la Renta Básica Universal como reivindicación feminista y 45 años desde que se convirtió en reivindicación oficial del Movimiento de Liberación de la Mujer de Gran Bretaña.

Foto [proporcionada por Julia Mainwaring] de demandantes frente a la sede del Departamento de Salud y Seguridad Social, tomada en algún momento de los años setenta u ochenta

Los sindicatos de demandantes estaban, en principio, abiertos únicamente a los demandantes (y ex demandantes). La mayoría de sus miembros eran mujeres. Les irritaba especialmente la “norma de convivencia” del sistema de bienestar británico. La norma de convivencia trataba a hombres y mujeres que vivían juntos como “marido y mujer” y daba por supuesto que a las mujeres las mantenían los hombres. En la práctica, esto significaba que a las mujeres se les descontaban las prestaciones o se les cortaban por completo si el Estado entendía que eran mantenidas por un hombre, o que estaban casadas pero solicitaban prestaciones individuales. Para hacer cumplir esta norma, los funcionarios de bienestar social, conocidos como “fisgones sexuales”, realizaban controles puntuales de las mujeres a altas horas de la noche. Si una mujer solicitante mantenía una relación sexual con un hombre, se daba por sentado que él la mantendría. A veces, actividades amistosas y de vecindad, como que un vecino varón viniera a ayudar a arreglar un grifo o una bombilla, se utilizaban como prueba de la existencia de una pareja o un novio, y una mujer se encontraba con que a la semana siguiente se le suspendía la prestación.

Las mujeres del Sindicato de Demandantes no se lo tomaron como algo personal, sino que detectaron el sexismo estructural e institucionalizado que exitía detrás de esta práctica. Para acabar con ella, formularon la idea de la Renta Básica Universal, en la que no había evaluación de recursos ni tampoco espías ni humillaciones. Para ellas, la campaña contra la norma de convivencia y a favor de la Renta Básica Universal eran dos caras de la misma moneda. Por muy brutal y humillante que fuera la regla de la convivencia, era un componente inevitable para hacer “justa” una prestación condicionada a los recursos. Mientras que las luchas de las mujeres demandantes contra la regla de convivencia se vieron apoyadas de modo casi unánime por el Movimiento de Liberación de la Mujer, sus demandas en favor de una Renta Básica Universal no se aceptaron de modo vehemente, salvo por parte de la mayoría silenciosa que votó a favor en dos ocasiones en los Congresos Nacionales de Liberación de la Mujer.

Protesta del Sindicato de Demandantes contra la Norma de Convivencia en la sede del Departamento de Sanidad y Seguridad Social el 25 de agosto de 1972. La foto la tomó Angela Phillips y se public en Spare Rib. El autor agradece a Angela Phillips su amable autorización.

La resolución fue planteada inicialmente por las mujeres del movimiento del Sindicato de Demandantes en una congreso de Liberación de la Mujer anterior a 1977, probablemente en 1975 o 1976. Jane Downey, nacida en el seno de una familia de clase trabajadora de Yorkshire, participó activamente en el Sindicato de Demandantes del Este de Londres y recordaba su nerviosismo al tener que hablar de esta moción:

Se suponía que yo iba a ser la segunda oradora. Y puedo recordar que estaba en el escenario pensando que no sería capaz de hablar, estaba absolutamente aterrorizada. Estaba, simplemente, estaba… quiero decir, no habría sido capaz de articular palabra. Quiero decir, había una masa de gente, y como yo, bueno, ya sabes, quiero decir, yo estaba como, ay Dios. Nunca había tenido la experiencia de hablar frente a un auditorio tan grande.

De hecho, Downey terminó por no tener que hablar, y se sintió aliviada por ello.

Jane Downey (primera por la izquierda). Mujeres y Seguridad Social era un manual para mujeres demandantes publicado por la Federación Nacional de Sindicatos de Demandantes. La primera edición apareció en 1975 y fue objeto de numerosas revisiones, al menos hasta 1987. Esta es la versión publicada hacia 1977-8.

Según Julia Mainwaring, nacida en el seno de una familia de clase trabajadora en un pequeño pueblo minero de Gales, y que fue una de las fundadoras del primer Sindicato de Demandantes, la resolución se había planteado en el anterior Congreso de Liberación de la Mujer y se había aprobado por mayoría, pero la eliminó la presidenta de la sesión plenaria.*

Así lo reflejaba en una entrevista de historia oral en abril de 2014:

Las mujeres de clase media no entendían qué puñetas pasaba con eso [con la idea de Renta Básica Universal]… Había bastantes mujeres del Movimiento de Liberación de la Mujer, con muchas cualificaciones y empleos de gran importancia, que no estaban de acuerdo en esto. Ella [la presidenta] era abogada. Le pareció ridículo… La presentamos dos veces. Fue aprobada en ambas ocasiones. Las dos veces… Se cargó la demanda. Estaba tan indignada con ese debate… No quería que hablara yo. Trató de impedir que habláramos. Intentó impedir que planteáramos la resolución… Al año siguiente [1977] volvimos a pasar la resolución mecanografiada… Le dimos a todo el mundo la resolución de antemano… Sabíamos, antes de ir, que tendríamos el apoyo de la mayoría… Ella pensaría simplemente que éramos la hez, supongo… No nos veía como parte de la clase obrera, así que estábamos por debajo de la clase obrera.**

Julia Mainwaring, 2014. La foto enmarcada la tomó un fotógrafo de The Evening Standard alrededor de 1972, cuando Mainwaring ganó el caso que la convirtió en la primera mujer casada admitida como inquilina a su propio nombre en una vivienda municipal de Londres.

Solidaridad incondicional

Los sindicatos de demandantes no eran activistas profesionales ni cabilderas defensoras de medidas políticas. Eran organizaciones comunitarias de barrio. Lyn Boyd y Annette Mckay, ambas nacidas en familias de clase trabajadora y activas en el Sindicato de Demandantes de Newcastle, recordaban en una entrevista en 2009:

Nos enseñó a trabajar juntas con otras personas para prestar un apoyo sin prejuicios… Se trata de pensar realmente en otras personas, además de en ti misma, y de intentar desarrollar una comunidad que beneficie a tus hijos.

Apoyarse mutuamente sin prejuicios no fue algo que resultara fácil, sobre todo teniendo en cuenta la composición diversa e interseccional de los Sindicatos de Demandantes: madres solteras, discapacitados, pensionistas de la tercera edad, huelguistas, desempleados, mujeres y hombres, transgénero y cisgénero, clase trabajadora y clase media, negros, asiáticos y blancos. Pero se esforzaron al máximo. Las actas del Sindicato de Demandantes de Londres Este recogen la advertencia de Julia Mainwaring contra las tácticas de los funcionarios de asistencia social para dividir a los demandantes: “Reiteramos que apoyamos a todos los demandantes sin condiciones”. La exigencia de un ingreso incondicional se hace eco de la solidaridad incondicional que estos demandantes trataron de buscar colectivamente.

El movimiento del Sindicato de Demandantes también problematizó la división del trabajo en función del género y la naturaleza del propio “trabajo”. La gente veía su demanda de Renta Básica Universal como una demanda de transición, que llevaría a una sociedad mejor, libre de las imposiciones del trabajo de género y del “trabajo” perjudicial, como el militar, o del trabajo sin sentido; lo que el antropólogo David Graeber llamaría más tarde ‘trabajos de mierda’.

Foto tomada en los años 70, facilitada por Roger Clipsham, uno de los fundadores del Sindicato de Demandantes de Birmingham (primero por la izquierda).

Contexto mundial y contemporáneo

Ese mismo sexismo existía en muchas partes del mundo en las que había prestaciones condicionadas a la evaluación de recursos. Sigue existiendo, aunque su brutalidad manifiesta haya cambiado en comparación con los años 70. Si después de ver el vídeo que aparece a continuación, producido por el Departamento de Trabajo y Pensiones del Reino Unido, no detectáramos nada malo, estaríamos participando de la misma suposición sexista que comparte el Gobierno británico, según la cual, a una mujer que aloja a su novio y le plancha la ropa debe mantenerla económicamente él.

La lucha contra este tipo de sexismo también ha sido global. El movimiento por los derechos de bienestar social y el movimiento por los derechos de los negros en Norteamérica exigieron una “renta mínima garantizada”, aunque su articulación no fue incondicional.

A través de su participación en el Sindicato de Demandantes de Newton Abbot, Bill Jordan asumió la idea de Renta Básica Universal y se convirtió en uno de los fundadores de la Basic Income European Network, la Red Europea de Renta Básica (que es hoy la Basic Income Earth Network, Red de la Tierra de Renta Básica). En la década de 2010, la Asociación de Mujeres Autónomas de la India llevó a cabo un proyecto piloto de Renta Básica Universal.

El cuestionamiento por parte de los Sindicatos de Demandantes de la división del trabajo en función del género y de la naturaleza del “trabajo” goza de mayor relevancia, ahora más que nunca. Durante la actual pandemia, las feministas han recuperado la tradición feminista de la Renta Básica Universal. En abril de 2020, la Comisión del Estado de Hawai sobre Condición de la Mujer elaboró el primer plan feminista de recuperación económica del Covid-19, en el que una de las propuestas políticas era la Renta Básica Universal. Khara Jabola-Carolus, miembro de la Comisión, señala:

Algunos de los elementos clave residen en la plena autosuficiencia económica, independientemente del trabajo. Y eso suena muy neutral al principio. Pero si se piensa en ello, muchas de nosotros, especialmente las mujeres, somos mujeres con discapacidades, mujeres que proporcionan ciudados y que no tienen la misma capacidad de acceder al empleo, y que nunca tendrán ese mismo valor que los trabajadores. Así que era muy importante asegurarse de que estuviera en el centro la renta básica universal, que ha sido un grito de guerra intergeneracional de las feministas.

Varias semanas después, la Asociación Internacional de Economía Feminista elaboró una declaración en la que pedía “la aplicación inmediata y urgente de una renta básica universal equitativa en el género”.

Sin embargo, a pesar de la centralidad del activismo de las mujeres -entonces y ahora- la historia escrita y la investigación sobre renta básica universal ha estado dominada por hombres y blancos. Se ha creado recientemente una iniciativa que desafía este predominio, un grupo de investigación sobre Renta Básica y Género. Tengo la esperanza de que esta breve exposición, que pretendía reivindicar una historia borrada, constituya una pequeña contribución a lo que las hawaianas que elaboraron colectivamente el plan de recuperación feminista han llamado “un futuro feminista transnacional”.

* La primera ocasión en que se planteó la demanda sería en el séptimo Congreso de Liberación de la Mujer, en Manchester, en 1975, o en el octavo Congreso, celebrado en Newcastle upon Tyne en 1976. Sin embargo, aún no he encontrado ningún registro o testimonio de esta primera ocasión, aparte de los testimonios de las mujeres del movimiento del Sindicato de Demandantes. Agradecería a cualquier lectora que lo supiera que tuviera la amabilidad de ponerse en contacto con el autor.

** Para una historia detallada de este movimiento feminista por la Renta Básica Universal, véase Yamamori, T. (2014), A feminist way to Unconditional Basic Income: Claimants Unions and Women’s Liberation Movements in 1970s BritainBasic Income Studies, 9 (1-2), 1-24. Para una historiografía del concepto de Renta Básica Universal, véase Yamamori, T. (2002), “Is a penny a month Basic Income? A historiography of the concept of a threshold in Basic Income”, Basic Income Studies, de próxima publicación.

Agradecimientos

Las limitaciones de espacio impiden incluir aquí a todas las personas por su nombre, pero el autor tiene una deuda de gratitud con todas las entrevistadas del movimiento de la Unión de Demandantes, especialmente con aquellas cuyos nombres ya aparecen en el texto, así como con Roger Clipsham, por su aliento y amistad.

Toru Yamamori (a la izquierda, junto a Valerie Remy, que participó activamente en el Sindicato de Demandantes de Londres Este).


*Toru Yamamori es profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de Doshisha, en Kioto (Japón), y editor de investigación académica de la Basic Income Earth Network. Ha trabajado sobre temas de intersección de la economía heterodoxa, la historia y la filosofía de la economía, y la historia oral. Colabora en revistas internacionales como “Cambridge Journal of Economics”, “Journal of Economic Methodology” o “Ethics and Social Welfare”. Su investigación teórica sobre el concepto de necesidad en economía se vio reconocida con la concesión del Premio K. W. Kapp 2017 de la Asociación Europea de Economía Política Evolutiva. Su investigación histórica oral sobre la interseccionalidad entre los movimientos de liberación de la mujer y el movimiento de sindicatos de demandantes en la larga década de 1970 en Gran Bretaña ganó el premio al mejor ensayo de 2014 de Estudios sobre Renta Básica.

28/07/22

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