viernes 17 septiembre 2021

“La ‘movida’ del freestyle argentino: un fenómeno joven”

Gabriel Espino, A.K.A “G5”*

Hoy en día es imposible no saber qué es el freestyle, no conocer a algún rapero o no haber escuchado alguna rima viral. Pero lo que es importante saber de este fenómeno es que tiene un trasfondo profundo, ligado a la existencia de una generación joven, con sus contradicciones, sus tradiciones, sus valores y sus transformaciones a través del tiempo.

Detrás de los videos de recopilaciones, hay un sentido de pertenencia con la cultura del hip hop, forjado por la plaza y el barrio, que genera que el lazo entre la escena y lxs jóvenes sea cada vez más fuerte.

i.

Empecé a rapear de manera recreativa con mis amigos a raíz de ver a lo lejos que en la plaza de mi barrio había pibes compitiendo en la “Aramburu Freestyle” (que luego terminarían siendo los mayores exponentes del rap y el trap en Argentina). Cuando el vínculo con el rap se empieza a construir desde la cotidianidad es más fácil animarse a anotarse por primera vez.  Así fue como con 10 años me anote a la segunda fecha de la primera temporada de “55 freestyle” en un 2vs2, siendo esta mi primera compe. 

Si bien había atravesado por las otras 3 ramas del hip-hop (skate, breakdance y graffiti), cuando empecé a competir me di cuenta que el rap era la que mejor se me daba. Competir en la plaza en la que creciste, el sentimiento hogareño, hizo que genere un sentimiento de pertenencia muy fuerte. Es esa escena y esos valores los que sostienen a esta cultura, a pesar de los cambios por los que atraviesa el freestyle. 

ii. 

Para pensar el por qué llaman tanto la atención las compes, es necesario entender que si bien las redes sociales y la tecnología juegan un rol importante en la expansión y llegada de la escena, hay otros factores que tener en cuenta.

El freestyle interpela a personas de 8 a 40 años, de todos los sectores sociales, con trayectorias distintas y por motivos diferentes. La comunidad y los lazos que se forjan son los componentes más atractivos para quien no pertenece activamente: muchas veces las ganas de vivirlo en primera persona mueven fuertemente al público. Un buen ejemplo es la primera impresión que unx tiene sobre el freestyle: pibxs que en una batalla se están bardeando de arriba a abajo y que cuando terminan se abrazan y chocan los puños. Esa simbología contiene una potencia que no podemos pasar por alto; deja en evidencia la existencia de una comunidad muy estrecha por la que unx se siente atraídx. La adrenalina que genera la competencia, el respeto que se promueve y la accesibilidad del circuito vuelven a la ‘movida’ del free una escena ideal para cierto sector de la juventud.

El componente natural y espontáneo es fascinante. Se habla en primera persona, se decide en primera persona y la comunicación que existe se genera siempre de par a par. No hay un “otrx radicalmente distinto a unx” en la escena del free: participantes, juradxs y organizadorxs están en la misma bolsa pero con distintos roles. Y en este último punto hay mucho para decir; el arte de la improvisación y el circuito del freestyle están hechos desde la idea de que cualquier persona, sin importar sus posibilidades económicas, pueda acceder. Hay competencias en todos los barrios y en la mayoría no hay clasificación ni requisitos y casi ninguna cobra inscripción -y si lo hacen suelen ser 10 pesos o un alimento no perecedero-, siempre entendiendo que la prioridad es que todxs puedan competir. 

Sus características le permiten ser una de las escenas más accesibles, y por eso también representa a las clases menos priorizadas de la sociedad. Es un movimiento que al fin y al cabo ayuda a las personas a construir un proyecto de vida, generando vocación y un medio de desahogo. El rap termina siendo una trinchera, y por su potencia es capaz de transformar vidas en poco tiempo: hay más de un ejemplo de pibxs que llegaron al free y gracias al mismo pudieron salir de adicciones, y con su crecimiento dentro de la escena pudieron tener más oportunidades económicas. El freestyle en muchos casos es trabajo y es el medio para llevar el pan a la mesa semana tras semana. 

iii.

Si el freestyle argentino termina siendo tan grande es por su diversidad y amplitud. Hay compes organizadas por grupos de personas, otras organizadas por asociaciones y hasta algunas por el ámbito público como comunas y municipalidades que más de una vez han organizado eventos de muy buen nivel. Se puede rapear en una plaza o escenario, con beat-box, acapella o con una base, solx o de a dos. Hay muchas compes y cada una va forjando su identidad, su público y sus características; y solo hace falta seguirlas en sus redes para enterarse de las fechas. 

Hoy en día, el circuito se encuentra en una etapa de profesionalización, donde la prolijidad y la disciplina son factores determinantes; no solo de quienes compiten, también los métodos de difusión y organización de las competencias son cada vez más profesionales, con el objetivo de  ampliar su llegada.  

Puede ser que a partir de ese proceso se pierda un poco el sentimiento hogareño, pero los valores y el sentido de pertenencia perduran. A partir del ritmo constante del circuito argentino es que también se generan lazos característicos de nuestra escena: cada finde te encontrás con más o menos las mismas personas, pisas los mismos lugares que le competidore de enfrente y vivís secuencias parecidas. Por eso, el rap y sus valores generan lazos y comunidad. 

iv.

Una mirada rápida y extranjera al free puede llegar a relacionarla con la agresividad y la violencia, pero dentro del ambiente estos factores son resignificados. Si unx analiza al freestyle desde la corrección política y la moral es fácil llegar a la conclusión de que está mal o no es válido.  Y sí, claro, como en cualquier comunidad, el rap tiene sus debates internos: hay mucha polémica y contradicción a la hora de definir “que está bien” y “que está mal” decir a la hora de improvisar, y también bajo qué vara se mide esa definición. 

Para entender esta discusión es importante saber de dónde viene el hip hop. El hip hop nace de la falta de libertad de expresión, del abandono estatal y la situación de marginalidad en la que vivía la comunidad afroamericana en el Bronx, surge como una forma de expresarse sin censura, para canalizar sus vivencias en distintas maneras de hacer arte no experimentadas hasta ese entonces. Y en ese sentido, acusar qué se puede y que no se puede decir a la hora de freestylear sería contradecir la esencia del movimiento.

Hay que dejar de subestimar el peso de la improvisación: la magia del freestyle es no tener que pensar dos veces lo que unx dice, no sirve no decir algo “políticamente incorrecto” solo por lo que se pueda llegar a entender desde afuera. Un cambio cultural, un cambio estructural, no se genera regulando qué se puede improvisar y que no. No permitir decir ciertas expresiones, y por ende callarlas para intentar ganar una compe, no significa un avance en términos sociales. 

Aunque lo que unx dice cuando tira free puede no representarnos al 100%, en ciertas ocasiones habla de unx, por lo que es más importante apuntar a construir mejores personas antes que apuntar a pedir que no se digan ciertas cosas cuando se batalla. 

A veces termina dependiendo de cada unx y de sus valores qué dice y qué no dentro de una compe. Esta cuestión también le permite generar una identidad propia a cada participante. Personalmente pienso que hay formas que van contra los valores del rap, por ejemplo, dar golpes bajos con cosas muy personales de manera intencional; refleja una falta de empatía. En un marco de valores comprendidos por toda una comunidad, no termina siendo tan necesario determinar “qué sí” y “que no”, porque se está en una misma sintonía: se entiende que lo que se dice batallando es producto de la improvisación en la mayoría de los casos. Aunque, sí, las rimas a veces dejan entrever tus convicciones y valores como persona entonces lo criticable es lo nefasto del pensamiento, no el free.

En algunas rimas, decir algo como “gordo puto”, no está bueno ya que no solo no son ingeniosas ni  perfeccionan la improvisacion, sino que además recaen en lugares faciles. Pero claro, aunque yo las considere malas, eso no las hace inválidas a la hora de improvisar. Hay que tener en cuenta que cambia el peso de ese tipo expresiones según el protagonismo que se les de en la rima: si representan el argumento central queda en evidencia la falta de argumento de le competidore, pero si es usada como relleno para llegar a un lugar más interesante, cambia la entidad que se le dá. En ese sentido, es muy clave también bajo qué lente actúa el jurado una batalla y la política que toman los eventos con respecto a esta discusión. 

Hay competencias que tienen normas muy estructuradas con respecto a lo que se puede y no se puede decir (llegando a descalificar a quienes usen términos ofensivos). No creo que esa sea la mejor manera de avanzar hacia una escenario del rap cada día más inclusivo, ya que no cumple con el valor l.de dejar rapear a todo el mundo. Tal vez la manera más acertada de tener una postura clara con respecto a los comentarios políticamente incorrectos es estableciendo criterios para el jurado sobre qué rimas son valoradas y cuáles no. 

A la larga, se debería apelar  a afilar la lengua y la inteligencia, para dejar de recaer en lugares fáciles; perfeccionar y aumentar el nivel del rap para que no sean valoradas ese tipo de rimas: no ir por lo fácil,  dejar de intentar por esos lugares. 

v.

Históricamente la escena del hip hop contiene actitudes machistas; la sexualización de las mujeres, el hecho de que las frases muletilla son en su mayoría dichos machistas (partiendo de la base de que gran parte de nuestro vocablo está construido desde el machismo) y la frecuencia con la que se recaen en los estereotipos y roles de género. La misoginia hiere y al estar presente en muchas rimas en más de una oportunidad se han cruzado límites sociales y personales, jugando con sensibilidades y vivencias propias. A lo largo de la historia del free en la argentina se han desvalorizado pibas, se han generado polémicas y se han acosado a competidoras, se han sacado de contexto frases y se han rebajado opiniones. 

Toda transformación social impacta en la cultura y con el avance de las discusiones de género se fue logrando una mayor amplitud dentro de la escena. Cada vez hay más competidoras, más hosts, más juradas, más organizadoras y hasta la liga femenina de free empezó tener más reconocimiento. Un espacio que fue renegado por mucho tiempo para las pibas hoy en día está siendo disputado, generando inclusive que se amplíe el público al que llega el freestyle. La idea de que es una cosa de hombres queda desmentida día tras día, y aunque eso no signifique no sigan teniendo trabas a la hora de rapear, hay un cambio notorio en el ambiente. Las discusiones sociales impactan de tal manera que hasta el debate del lenguaje inclusivo le tocó las puertas a la escena, con sus debates y polémicas, claro.

Para hacer el análisis hay que ver que que el freestyle hoy en día no se reduce a lo que pasa exclusivamente en las batallas, sino que forma parámetros sociales, valores y una cultura propia, que es una parte clave de la composición de nuestra generación. No podemos simplificarlo, anularlo o infravalorar ni cultural ni socialmente: es un espacio de expresión como cualquier otra rama artística y debe ser promovida y respetada, sobre todo si un sector de la juventud se ve reflejada. Es muy fácil dejarse llevar por los estereotipos, pero construir un mundo mejor también parte de generar una cultura joven accesible, solidaria y acorde a lo que esperamos del futuro. 


*Gabriel Espino AKA G5. Estudiante secundario, militante de Barrilete Kósmico y freestyler de 15 años

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