domingo 09 mayo 2021

Juventudes y pandemia en la Argentina, un paradigma de apocalipsis vs oportunidad.

Foto: Prensa JP Evita

Julieta Gargiulo*

Fijate a qué cara de la moneda le apostas.

El COVID-19 sacudió al mundo. Esta pandemia que rápidamente alcanzó todos los rincones, mostró una imagen perfecta de cuanto ha avanzado la globalización: la veloz diseminación del virus fue como una bomba que estalló en China, Europa, Estados Unidos, Latinoamérica, etc. casi a la misma hora. 

En Argentina esa bomba cayó en el momento en que comenzábamos a reconstruir una realidad que, después de 4 años de neoliberalismo, había quedado arrasada por el hambre, la pobreza y la profundización de las desigualdades sociales.

Esta pronta instalación del virus en nuestro país – como en gran parte del mundo- puso en jaque todos los planes de reconstrucción y visibilizó una crisis estructural, con desigualdades muy profundas.

Específicamente en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) esta situación dejó expuesta una crisis habitacional muy grande que fue letal para la propagación de la enfermedad. Los barrios populares y asentamientos de la ciudad vivieron una grave multiplicación del contagio, generada por las condiciones de vivienda. El hacinamiento y la falta de servicios esenciales como el acceso al agua o a un servicio de electricidad regular fueron el factor principal para el rápido crecimiento de casos.  Esta situación que podemos ver potenciada en los barrios populares, también se extiende hacia distintos conventillos, hoteles y casonas del centro de la Ciudad. La pandemia desnudó la realidad de la crisis habitacional en los sectores populares y la clase media baja de la ciudad.

La falla en el acceso a servicios esenciales, el vaciamiento del sistema de salud pública y la casi nula articulación de los distintos dispositivos del Estado y la comunidad fueron otras razones que agravaron la emergencia sanitaria en CABA.

Además de lo estrictamente sanitario, otra crisis se acentúa con la llegada del COVID y las medidas de aislamiento social que debieron tomarse para intentar frenar la circulación de la enfermedad: la crisis económica y la consecuente emergencia alimentaria. El deber de aislarse para prevenir los contagios  generó una fuerte caída económica con graves consecuencias para una situación que ya venía deteriorada.  Lxs pobres son aún más pobres, no pueden llenar la olla a final del día (profundizando una pobreza cada vez más estructural) y las clases medias empiezan a caer en la pobreza (nuevos pobres).  Los y las trabajadoras de la Economía Popular se vieron forzados a parar su actividad y con ello sus ingresos, que ya eran escasos, pasaron a ser mínimos o nulos. Para la Economía Popular, el #QuedateEnCasa fue quedarse sin nada, porque para cartonerxs, artesanxs, cooperativas, vendedores ambulantes, lxs que se las rebuscan con una changa, el día que no se sale a laburar es un día sin comida en la mesa.  Asimismo, las clases medias de nuestra Ciudad están sufriendo una caída económica producto del parate de la actividad por la cuarentena: no llegan a fin de mes, se endeudan, tienen que ajustar su estilo de vida en medio de la emergencia sanitaria y esto sigue sumando a la profundización de la crisis. 

Claro está, las desigualdades que evidencia la pandemia no nacen con ésta. Sin embargo, en este contexto la perspectiva de futuro para lxs jóvenes se vuelve muy compleja. Lxs jóvenes en la Argentina tenemos los trabajos más precarizados, ocupamos las cifras más altas de la desocupación en nuestro país, somos también gran parte del sector de la economía popular, somos quienes se endeudan para pagar el alquiler o los servicios, quienes en este contexto estamos perdiendo un año de estudio, etc. 

Somos los y las más expuestas a la crisis que nos espera en el post pandemia. Ahora, bien podemos ver esto como las dos caras de una moneda: para la juventud esta pandemia puede representar una crisis o una oportunidad, dependiendo de qué lado caiga la moneda: Cara o seca.

Primera cara de la moneda: crisis y apocalipsis cotidiano.

La situación de las juventudes en la Argentina en el contexto de pandemia anuncia una crisis muy grande para la construcción de la nueva normalidad. Lxs jóvenes tienen gran dificultad para ingresar al mercado laboral y mantener sus estudios. Además están atravesadxs por situaciones de violencia social que obstaculizan la posibilidad de construir proyectos de vida o de futuro con dignidad.

Las cifras más altas del desempleo en la Argentina tienen rostro de joven – más específicamente de mujer joven- y también lxs jóvenes somos sujetos de los trabajos más precarizados y con menos acceso a derechos. En 2019 se calculaba que 1 de cada 2 desempleadxs eramos jóvenes; claramente COVID-19 de por medio hay más jóvenes desempleadxs  y en una peor situación económica.

Si bien todavía no podemos determinar el impacto de la pandemia, el Ministerio de Economía realizó un informe acerca de la población destinataria del IFE (Ingreso Familiar de Emergencia), una medida del Gobierno Nacional para ayudar a alivianar el impacto del párate económico en los sectores más postergados, que nos puede ayudar a dimensionar el panorama en el que estamos. Se inscribieron para recibir el IFE más de 12 millones de personas, esto es más el 50% de la Población Económicamente Activa. Es decir que la mitad de las personas que pueden trabajar en nuestro país necesitan ayuda del Estado para llegar a fin de mes. De esas personas, la población que tiene entre 18 y 25 años tiene un empleo informal en el 98,8% de los casos. Finalmente el IFE se otorgó a solo 8,7 millones de personas de las cuales el 24,8% fueron jóvenes de entre 18 y 25 años.

En cuanto a la realidad educativa de las juventudes argentinas tampoco tendremos buenas noticias, la nueva realidad virtual deja librados al azar los recorridos educativos de muchxs jóvenes. Según la “Encuesta Federal de Estudiantes Secundarios” realizada por federaciones de estudiantes secundarios de todo el país, más de la mitad de lxs jóvenes tiene algún tipo de dificultad con la continuidad de sus estudios, ya sea por cuestiones de conectividad o de acompañamiento pedagógico. Claramente, no se puede pensar la educación virtual de igual manera en todos los sectores sociales y esto tendrá consecuencias en la continuidad de las trayectorias educativas de nuestras juventudes. A su vez, la ausencia de la Escuela, como una institución que contiene y tiene un rol social más allá de lo estrictamente académico también resulta una problemática importante. Por ejemplo, las jóvenes nos preguntamos: ¿Cómo se está implementando la ESI (Educación Sexual Integral) en este contexto? ¿Qué espacios de contención y acompañamiento tenemos en esta nueva escuela virtual?

Otro punto importante para sumar al panorama de la situación de las juventudes durante la pandemia es el fuerte crecimiento de la violencia institucional. Durante el período de la cuarentena la CORREPI (Coordinadora contra la represión policial e institucional) lleva contabilizados más de 90 asesinatos en manos de las fuerzas de seguridad. El rol del Estado y las fuerzas de seguridad debería ser el de cuidar, brindar oportunidades e incluir a lxs jóvenes. De ninguna manera podemos pensar proyectos de futuro dignos si no tenemos paz.

Hemos aquí un resumen insuficiente y desprolijo del apocalipsis cotidiano que el sistema nos propone a las juventudes para vivir.

Segunda cara de la moneda: Empuje y oportunidad.

¿Qué estamos haciendo lxs jóvenes?

Pero las monedas tienen dos caras. Así como el diagnóstico de situación de las juventudes en la Argentina nos muestra un panorama general muy difícil, ésta situación también puso en evidencia la sensibilidad y solidaridad de gran parte de la juventud argentina, a la cual le resulta imposible mirar para un costado ante los efectos devastadores de la histórica desigualdad y marginalización social.

Las juventudes de los Movimientos Sociales le pusimos el pecho a la emergencia sin dudar ni un segundo: nos hemos puesto a formar redes de apoyo escolar virtual, a bancar las ollas populares en nuestras barriadas para que a nadie le falte un plato de comida, juntamos donaciones para quienes más lo necesitan y también hemos alzado la voz para exigir las políticas públicas que nos faltan para mejorar esta situación y acompañar las que han sido acertadas.

Somos quienes nos organizamos proyectando un futuro con perspectiva ecológica y entendiendo que el actual modelo basado en el extractivismo de recursos y la depredación ambiental no es compatible con un país donde reine la igualdad. Estamos convencidxs que pensar en alternativas que escapen a las lógicas de egoísmo y a la concentración de ganancias, es la única manera de encontrar un equilibrio ecológico y social para que nunca más nos expongamos a crisis socio-sanitaria como la que estamos atravesando. Por eso empujamos una agenda ambiental en donde cuidemos nuestra casa común, dónde nuestra tierra y sus recursos pueda ser aprovechada por todxs y donde el único objetivo sea que no haya más hambre ni sufrimiento en nuestro pueblo.

Esa es la juventud argentina, una juventud que sufre en carne propia pero que también es sensible al sufrimiento del otrx. Hay una juventud que resiste y empuja discusiones porque no se quiere resignar al apocalipsis cotidiano.

Las juventudes no queremos ser más esta humanidad, el tiempo es ahora.

No queremos acostumbrarnos a vivir generaciones y generaciones de crisis y pibxs que no logran construir proyectos de futuro dignos. 

Si la pandemia nos permite pensar este momento como un vértice en la historia y nos lleva a problematizar el sistema en el que vivimos entonces es momento de construir otra cosa.  Necesitamos llevar adelante políticas públicas que modifiquen las problemáticas de raíz. Ya no sirven las políticas que son solo maquillaje. Con el asistencialismo no alcanza y con la reactivación del consumo tampoco. Debemos discutir la profundidad de las desigualdades históricas en las que vivimos. Es el momento de hacer cambios estructurales.

En esa línea, es fundamental valorar las experiencias comunitarias que se vienen sosteniendo para  resistir frente a esas desigualdades históricas y amplificarlas desde los Estados, porque estas experiencias han demostrado ser efectivas y porque tienen como protagonistas a lxs que más sufren las inequidades en nuestro país.

Las juventudes somos una parte muy importante de ese protagonismo popular y de esas experiencias comunitarias que le vienen poniendo cuerpo y alma a la resistencia de esta crisis. Para nosotrxs, la oportunidad es ahora. Tenemos la posibilidad de tomar otras decisiones y revertir el rumbo. Tenemos la posibilidad de frenar el apocalipsis cotidiano del capitalismo y construir presente y futuro, construir proyectos de vida emancipadores para la juventud de este tiempo pero también para la del tiempo que vendrá.

Hay que apostar por una cara de la moneda y nosotrxs elegimos apostarle a esa.


* Julieta Gargiulo es de la JP Evita Ciudad de Buenos Aires. Militante popular, peronista y feminista.

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