lunes 14 junio 2021

Juventud y participación no convencional: el caso catalán a la luz del análisis del sistema político.

Nerea de Diego y Cristina Briongos*

“Y si ahora gritamos y cantamos en modo de protesta/

 es porque preguntamos bien y nadie nos dio una respuesta” (Wos, 2019)

El 11 de septiembre de 2012 tiene lugar la gran Diada catalana bajo el lema “Catalunya, nou estat d’Europa”. Se trata de un momento clave para comprender las variaciones en la participación, tanto convencional como no convencional, en Cataluña. A lo largo de esta nota pretendemos abordar el cómo y por qué del aumento de la participación no convencional entre los más jóvenes a través del prisma que nos ofrece David Easton en “Categorías para el análisis sistémico de la política” (Easton, 1965).¿Cómo ha gestionado el sistema político español la cuestión catalana? ¿Ha influido esto en el incremento de la participación no convencional en los jóvenes? ¿cómo ha resistido el sistema ante está tensión? ¿otra gestión habría dado paso a otro tipo de participación? (López, 2016)

Para tratar de responder a todas estas preguntas necesitamos enmarcar previamente algunos conceptos:

La participación no-convencional tiene que ver con las formas no institucionales de la acción política, que no se encuentran dentro de los marcos legales. Es importante recalcar que esto no significa necesariamente que se trate de canales ilegales de participación, aunque dentro de este concepto se incluyen las protestas políticas de carácter violento (Anduiza & Bosch, 2012) .

En los últimos años el sistema político español parece estar siendo sometido a múltiples perturbaciones, consecuencia de que las respuestas por parte del Estado ante el conflicto catalán (y que permiten a su vez la supervivencia del sistema) han sido poco acertadas, haciéndolo peligrar. Estas perturbaciones han sido provocadas por formas de participación no convencional o de protesta política. Podemos ver cómo, desde 2012, se produce una nueva oleada de movilización popular por la autodeterminación del pueblo catalán. Si bien todo comienza con esa gran diada, el aumento de la participación no convencional [1] irá creciendo exponencialmente. Así, podemos ver cómo se suceden estas movilizaciones del 11 de septiembre a lo largo de los años:

(Bayona, 2019)

Podemos tomar como puntos clave la asistencia masiva de los ciudadanos a las consultas ilegales del 9 de noviembre de 2014 y 1 de octubre de 2017 por el derecho a la autodeterminación de Cataluña, siendo esta última fecha un precedente para la participación no convencional que vendría después. Son importantes las movilizaciones tras la sentencia del procès de 2019 (STS 459/2019) que tuvieron lugar en diferentes puntos del Estado español, con mayor intensidad en Cataluña y Madrid, sirviendo estas como ejemplo de lo que pretendemos analizar en el artículo.

Entendemos la importancia de este proceso, dado que “en los movimientos sociales se encuentra la principal fuente de cambio social puesto que es a través de la acción no institucionalizada como se generan en todas las situaciones históricas, los procesos que, a través de toda una serie de mediaciones, cambian las instituciones” (Castells, 1981).

Ese cambio se debe a la influencia en el ambiente total, integrado por los sistemas de la misma sociedad -intrasocial- y aquellos exteriores a ella -extrasocial- (no podemos pensar en el sistema político flotando en el vacío). Sin embargo, la perturbación (entendida como factores que pueden alterar el sistema de manera positiva, neutra o negativa) que supone la cuestión catalana en el sistema político español, es un claro ejemplo de disrupción. Los hechos que han tenido lugar desde 2012 han hecho que la asignación de valores del sistema político y su frecuencia de aceptación se vean empujadas fuera del margen crítico, es decir, o bien las autoridades se muestran incapaces de tomar decisiones, o bien las decisiones que adoptan no son aceptadas regularmente como obligatorias. Así, hechos como la celebración de referéndums en contra de las decisiones tomadas por el gobierno central, la participación masiva en estos y la movilización en favor de la autodeterminación nos permiten hablar propiamente de tensión (Easton, 1965).

La participación política no convencional es, según Russel Dalton (Dalton, 2002) el más influyente de todos los tipos de participación en términos de presión y de capacidad para comunicar información, aunque también es uno de los que implican un mayor coste. Este modo de participación es reflejo, en el caso español, de una ineficaz vida política, entendida como el resultado de procesos donde el sistema político interviene reaccionando frente a las conductas del ambiente. La ineficacia nace de una reacción del sistema político español que, ante las demandas del pueblo catalán (inputs), toma una serie de decisiones y acciones ejecutivas (outputs) que, lejos de solventar la cuestión, pasan a fomentar la participación no convencional, en ocasiones violenta, sin desincentivar por ello la participación convencional. Así lo refleja Gurr en su teoría: “la violencia política se produce a través de una secuencia causal que se inicia con el desarrollo del descontento, continúa con la politización de ese descontento y termina con el ejercicio de la violencia contra objetos y actores políticos” (Gurr, 1970)

Si bien en países democráticos de nuestro entorno, en tiempos más o menos recientes, se han desarrollado procesos similares (influencia del ambiente extrasocial), la forma diferente de afrontar la cuestión, también partiendo del incontestable rechazo a la secesión, ha dado paso a outputs que no han generado tanta tensión en comparación con lo experimentado en Cataluña. Las diferencias de España con respecto a otros estados a la hora de afrontar la cuestión independentista evidencian dos cuestiones: las singularidades constitucionales de un texto especialmente blindado y la interpretación de los principios democráticos sobre los que se asientan todos estos sistemas; en el caso español una cultura política que tiembla ante el dialogo y la negociación (sobre todo sobre aquellas cuestiones cerradas en falso en el texto constitucional) (López, 2016). Son estas cuestiones las que potencian la insatisfacción, frustración política y la percepción de baja eficacia externa lo que, sumado a las actitudes de interés por la política, la confianza interpersonal y la eficacia interna dan lugar a la participación no convencional (Anduiza & Bosch, 2012).

En parte esto se debe a que nos encontramos ante una canalización de demandas insuficiente y cuyo resultado (outputs) no solo es ineficaz y genera descontento, sino que, una vez observado su resultado y las reacciones, se mantiene una misma actitud dando paso a esos movimientos de protesta. Esta excesiva rigidez, guía de acción de la gestión ante la crisis, ha impedido que los esfuerzos se dirijan de manera exitosa a controlar o modificar el ambiente, el sistema mismo o ambos a la vez, judicializando el proceso. Esto hace que se dé una transacción, en una única dirección (del sistema político a la sociedad catalana y su sistema político autonómico) y no un intercambio recíproco entre sistemas: ante la tanda de outputs (jurídicos en este caso) que penetran en el sistema político, debería darse un circuito de retroalimentación (feedback loop), donde el sistema pueda hacer frente a la tensión procurando modificar en consecuencia su conducta futura (Easton, 1965). Sin embargo, esta parte desaparece en el caso español, lo que tiene como consecuencia la pérdida de protagonismo de la participación convencional en el conflicto catalán. Este hecho se ha visto compensado por un incremento de la participación no-convencional y una diversificación de las formas de protesta política (Anduiza & Bosch, 2012).

Según Barnes y Kaase, la ciudadanía puede clasificarse en cinco tipos de participantes: inactivos, conformistas, contestatarios, reformistas y activistas (Barnes & Kaase, 1979). Los reformistas utilizan solo formas convencionales y algunas legales de protesta, los contestatarios optan exclusivamente por la participación no convencional y los activistas utilizan todos los modos de participación. En cualquier caso, son los dos últimos grupos de la categorización los que están dispuestos a llevar a cabo acciones ilegales y están mayoritariamente conformados por personas jóvenes (Anduiza & Bosch, 2012). La diferencia fundamental en términos sociopolíticos entre el contestatario y el activista es el nivel de estudios, siendo más elevado el de este último.

Además, debemos considerar que uno de los factores socioeconómicos explicativos de este incremento en la participación es posiblemente un aumento de la juventud universitaria: “los ciudadanos con un elevado nivel de estudios tienen mayor capacidad de procesar información política, participar en grupo, tomar decisiones y enfrentar procesos participativos” (Anduiza & Bosch, 2012). Teniendo en cuenta esto -y considerando que el perfil independentista es joven y universitario-, podemos afirmar que, actualmente, la mayoría de involucrados en la participación no convencional entra dentro del arquetipo del activista. Su alta eficacia interna [2], ya presente en sus formas de participación convencional, en suma, con la baja eficacia externa del sistema, hace que los antes reformistas recurran a estas formas de participación (que no han sido nunca abandonadas por los contestatarios), convirtiéndose en activistas. Aun así, no han abandonado las formas de participación convencional, siendo este el factor explicativo del mantenimiento de los niveles de participación electoral

Elaboración propia a partir de (Ministerio del Interior. Dirección General de Política Interior, s.f.)
(Miguel, 2017)

La edad es un factor importante para analizar. Si bien algunos autores como Anduiza y Bosch intentan demostrar que la juventud participa menos en las formas de participación convencionales como consecuencia de una supuesta inexperiencia y la falta de conocimiento en el funcionamiento de las instituciones (Anduiza & Bosch, 2012), nosotras, conforme a lo recogido por Marc Parés sobre Cabrera y Muñoz y Mir, consideramos que los jóvenes van generando interés por distintas formas de participación política extrainstitucionales, al mismo tiempo que van desarrollando la crítica como discurso. Así no es que no tengan interés por la política institucional, sino que están apostando por otras formas de participación (Parés, 2014).

No debemos olvidar poner el foco en la cuestión de la legalidad y la legitimidad: un sistema democrático no puede sostener indefinidamente una reclamación secesionista que se mantiene en el tiempo con un respaldo mayoritario constante de la población del territorio. La legitimidad del sistema político se vería seriamente afectada y, por ello, quienes pretenden garantizar la legalidad deben ir más allá de su simple aplicación (output) garantizando también su legitimidad. Si quiere mantenerse el sistema, este debería afrontar sus problemas, o bien reformando el sistema territorial o bien ofreciendo respuestas a los apoyos puntuales del secesionismo, para lo que es necesario el intercambio (con sistemas políticos y de otro tipo) y no la mera transacción a golpe de Código Penal, pues con ello la actitud de pasivo atrincheramiento en la legalidad el sistema democrático corre serios riesgos (López, 2016).

De hecho, podemos decir que la declaración de inconstitucionalidad de algunos fragmentos del Estatuto Catalán por el Tribunal Constitucional a finales de junio de 2010 es uno de los puntos de partida en el conflicto catalán contemporáneo y un claro ejemplo de las consecuencias que tiene la judicialización de la vida política. Utilizando los conceptos de Hirschman de “exit voice and loyalty”, y observando la reacción del sistema político español ante esta forma de expresión convencional del pueblo catalán, podemos decir que la voz (entendida como posibilidad de comunicar el descontento al sistema) es ignorada dando paso a la salida (entendida como la posibilidad de ejercer presión con la amenaza de irse) (Hirschman, 1970) (Anduiza & Bosch, 2012).

Si una de las propiedades esenciales de la organización interna de un sistema político es su capacidad variable para responder a las circunstancias en que funciona, esa variedad ha brillado por su ausencia. No se han puesto en marcha la gran cantidad de mecanismos disponibles: en lugar de enfrentarse al ambiente y modificarlo evitando la tirantez en el intercambio que resulta esencial en la democracia, se ha optado por ignorar el ambiente; en lugar de regular la conducta y estructura interna o redefinir las metas para recibir otros inputs y mejorar los outputs, se ha invocado al Tribunal Constitucional (López, 2016). El caso catalán es la clara evidencia de que para que los sistemas sobrevivan necesitan poseer capacidad de responder a las perturbaciones, pero también voluntad para ello.

A lo largo del ensayo ha quedado evidenciada incapacidad del sistema político español de gestionar los inputs del sistema social y político catalán, lo que ha llevado a un clima de tensión expresado en formas de participación no convencional entre las que encontramos la protesta política. Esta situación se ha visto agravada por la respuesta judicial a un conflicto que es político. La transacción judicial ha venido seguida de la inobservancia de sus efectos y de una crisis en la relación entre legitimidad y legalidad agravando la crisis del modelo territorial. Tal y como dijo el rapero argentino Wos: “Y si ahora gritamos y cantamos en modo de protesta/ es porque preguntamos bien y nadie nos dio una respuesta” (Wos, 2019)


Notas

[1] Algunos autores no consideran a las movilizaciones participación no convencional.

[2] La eficacia hace referencia a la percepción del individuo de que es capaz de influir en el sistema político a través de sus acciones. La interna se refiere a las habilidades que el individuo reconoce en sí mismo como actor político. La eficacia externa se refiere a la percepción de que el sistema político es sensible a sus demandas (Anduiza & Bosch, Factores explicativos de la participación política. Las actitudes y valores políticos., 2012)


Referencias

Anduiza, E., & Bosch, A. (2012). ¿Qué es y qué no es participación política? En E. Anduiza, & A. Bosch, Comportamiento político y electoral (págs. 26-31). Barcelona: Ariel.

Anduiza, E., & Bosch, A. (2012). ¿Quién participa? En E. Anduiza, & A. Bosch, Comportamiento politico y electoral (págs. 31-37). Barcelona: Ariel.

Anduiza, E., & Bosch, A. (2012). Factores explicativos de la participación política. Las actitudes y valores políticos. En E. Anduiza, & A. Bosch, Comportamiento político y electoral (págs. 47-52). Barcelona: Ariel.

Anduiza, E., & Bosch, A. (2012). Factores explicativos de la participación política. Los recursos individuales y las características socioeconómicas. En E. Anduiza, & A. Bosch, Comportamiento político y electoral (págs. 43-45). Barcelona: Ariel.

Barnes, S. H., & Kaase, M. (1979). Political action: mass participation in five western democracies. Beverly Hills: Sage.

Bayona, Y. B. (22 de Octubre de 2019). Perfil del independentismo catalán. Obtenido de medium.com: https://medium.com/masquedata/perfil-del-independentismo-catal%C3%A1n-311476b5572

Castells, M. (1981). Crisis urbana y cambio social. Madrid: Siglo XXI.

Dalton, R. (2002). Citizen politics: public opinion and political parties in advanced industrial democracies. Nueva York: Seven Bridges Press.

Easton, D. (1965). Categorías para el análisis sistémico de la política. A Framework for Political Analysis (University of Chicago Press), 17-33.

Gurr, T. R. (1970). Why men Rebel . Princeton: Princeton University Press.

Hirschman, A. O. (1970). Exit, voice and loyalty. 

López, A. (2016). Demanda de secesión en Cataluña y sistema democrático. El procés a la luz de la experiencia comparada. Teoría y Realidad Constitucional (UNED), nº 37, 163-185.

Miguel, E. (7 de Noviembre de 2017). El gráfico que explica la brecha social y educativa entre la Cataluña independentista y la unionista. Obtenido de magnet.xataka.com: https://magnet.xataka.com/preguntas-no-tan-frecuentes/el-grafico-que-explica-la-brecha-social-y-educativa-entre-la-cataluna-independentista-y-la-unionista

Ministerio del Interior. Dirección General de Política Interior. (s.f.). Consulta de Resultados Electorales (Base de datos). Obtenido de www.infoelectoral.mir.es: http://www.infoelectoral.mir.es/infoelectoral/min/

Parés, M. (2014). La participación política de los jóvenes ante el cambio de época: estado de la cuestión. . Revista del Centro Reina Sofía sobre sobre Adolescencia y Juventudes.

Wos (2019). Canguro [Grabado por Wos].


*Nerea de Diego es estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid. Es activista en diferentes colectivos sociales desde 2016 y, actualmente, militante de Cantabristas.

*Cristina Briongos es estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid, es exmilitante en diferentes movimientos sociales como Abrir Brecha y Pandora Soria y actualmente se dedica al activismo social en diferentes temáticas.

ÚLTIMAS NOTAS

Sala Silenciosa

Sala Parlante

ETIQUETAS