domingo 19 septiembre 2021

Jóvenes que migran. Destino: Australia

Lautaro Wickmann*

En el último tiempo venimos siendo testigos de cómo los grandes medios de comunicación, casi coordinadamente, avivan una idea que hace años está en el inconsciente de nuestra sociedad, aunque suele reflotar en momentos de crisis. Incluso el humorista Pedro Rosemblat dedica una sección dentro de “Esta semana en Springfield”, el resumen semanal que publica en su canal de YouTube. Rosemblat lo llama “militando el exilio” y no podría tener un título más acertado. Desfilan por los portales de noticias los argentinos que cuentan su experiencia en otros lugares del mundo, estando la gran mayoría en concordancia con la idea de que somos un país poco serio y que ni bien se fueron de allí fueron felices por siempre. Hasta se ha llegado un punto en el que ya no importa el país al que ha emigrado el entrevistado. La Nacion.com publicó el 23 de septiembre: Vivir en Arabia Saudita. Son argentinos: “Acá se aprende a respetar al prójimo”. Quizás se olvidaron de poner en el titular algo sobre los derechos humanos y la desigualdad de género en el país donde, por ejemplo, las mujeres pueden conducir hace tan solo dos años.

Con el refuerzo de esta idea también se construye un segundo sentido cuando se apunta a la juventud. Claro, si en Argentina está todo mal, entonces todos los jóvenes querrán irse. La promoción de una mejor vida en el exterior y la afirmación indudable de que la juventud se desespera por el exilio forman un combo perfecto que apunta a la resignación generalizada de la población. Es una peligrosa búsqueda del malestar social.

Pero, ¿Qué sucede cuando los jóvenes finalmente migran? ¿Qué los motiva realmente a viajar? ¿Cuál es su objetivo? ¿Qué pasa cuando la comparación entre Argentina y el país elegido se vuelve palpable?

Me encuentro transitando mi noveno mes de viaje en Australia. Un destino muy popular para los jóvenes viajeros de nuestro país. Australia otorga aproximadamente 2500 visas temporales por año para Argentina y los compatriotas viviendo permanentemente se calculan en 14 mil. Desde mi llegada he conocido ya cientos de “backpackers”, como se denomina a los portadores de visas provisorias. Siempre me ha interesado conocer sus proyectos, ideas, antecedentes y todo lo que hace a la motivación de viajar. Esto me ha brindado herramientas para entender que las razones para migrar de la juventud plasmadas en los medios de comunicación no pueden ser tomadas como única verdad, sino que el tema requiere de un análisis más complejo y menos simplista. Entonces, ¿por qué migran los jóvenes? Me permito desarrollar algunos motivos poniendo el énfasis en el escenario australiano.

¿Quienes viajan?

La inversión inicial para aplicar a una visa de trabajo provisoria en Australia es de un mínimo de 2500 U$D, aunque la mayoría decide venir con más presupuesto. Es decir que quienes logran viajar son jóvenes con acceso a ese monto, ya sea por ahorros propios o, en mayor proporción, por pertenecer a una familia de clase media-alta o alta en Argentina. Es por este motivo que no es posible hablar sobre todos los jóvenes argentinos, ya que quienes no estén en condiciones de juntar ese dinero (Australia es uno de los países que menos inversión requiere) directamente no tendrán nunca la oportunidad de viajar. Sabiendo esto, podemos reconocer dos grupos de viajeros sin una división clara pero sí con ideas distintas en cuanto a sus motivaciones. Por un lado están quienes buscan un país con condiciones de vida muy diferentes a las de Argentina, y por el otro, quienes migran por otros motivos que no tienen que ver estrictamente con un rechazo ante la situación de nuestro país.

No vuelvo más

El conjunto que viaja como forma de escape y se mantiene con esa idea es una realidad. No tenemos ninguna estadística concreta de cuántos son, o si son más o menos que los que no piensan así, pero es seguro que no se trata de una mayoría absoluta. Particularmente en Australia es muy difícil conseguir una ciudadanía. Existe un sistema de puntos para aplicar a ella que premia a quienes estudien y trabajen en las áreas en las que se necesitan más profesionales. Requiere de un compromiso importante ya que muchas veces implica estudiar carreras muy complejas y extensas. Es por eso que son muy pocos los casos en los que se logra finalmente la permanencia, aunque el deseo se presenta muy fuerte en este grupo.

Entre las razones por las cuales adoptan esta posición, la más repetida es la ideología política. Encontramos aquí muchos jóvenes de derecha, libertarios o simplemente individuos que le dan una prioridad muy grande al dinero. Australia es indudablemente capitalista. Aunque en concreto, y aquí vemos una primera contradicción, Australia es un clarísimo ejemplo de estado de bienestar. Según el salario percibido, el gobierno cobra 15% o 30% de impuestos. Tiene un control muy estricto sobre las leyes que regulan el mercado -las cuales apuntan a la desarticulación de monopolios y alientan a la competencia- y no tienen ni un poco de piedad al investigar la corrupción empresarial. En septiembre de este año, multaron por 1.300 millones de dólares australianos al banco Westpac, ya que se demostró que incumplieron con las leyes anticorrupción. Otro de los aspectos que chocan con la mirada liberal de la economía son los planes sociales otorgados. Cuatrocientos dólares australianos a la semana cobra cualquier ciudadano que esté en búsqueda de trabajo sin éxito –incluso aunque se encuentre trabajando media jornada o casual-, si fue despedido por la pandemia del Covid-19 o no pueda trabajar por estar bajo tratamiento médico, esté lesionado o tenga que cuidar de un familiar infectado. Hay más de 10 programas de contención económica y, según las investigaciones del instituto neoliberal Center for Independent Studies (Centro de Estudios Independientes), 1 de cada 6 australianos recibe algún tipo de ayuda del gobierno.

Sin embargo, estos aspectos también tienen una contracara que parecería justificar mejor la decisión política de este conjunto de viajeros de vivir en Australia. Aquí hay una mayor facilidad que en Argentina para comenzar un negocio propio. Los jóvenes con mirada emprendedora tienen un terreno mucho más llano para transitar, lo que no significa una victoria asegurada, pero por supuesto que es más probable tener éxito en un país marcado por un gigantesco mercado interno. De hecho, lo podríamos considerar un paraíso consumista. Basta con buscar algunos de los listados de países por consumo de cualquier producto comúnmente utilizado en las sociedades occidentales y será difícil no encontrar a Australia en los 10 primeros puestos, siempre cerca de uno de los países con quien mejores relaciones mantiene: Estados Unidos. Los salarios son de los más altos del mundo, y aunque los precios también son caros, el margen de ahorro en promedio es grueso. Esto sumado a una muy arraigada cultura del ir de compras resulta en un domingo soleado con más gente en el centro comercial que en la playa. Aquí se encuentran las principales multinacionales del mundo, muchas de las cuales nunca pisaron Latinoamérica.

La pobreza extrema como la conocemos en los países del tercer mundo es casi inexistente y muchas veces se trata de personas con algún tipo de discapacidad mental o población aborigen que no acepta ayuda estatal, pero si bien es posible cobrar la pensión por desempleo, es muy difícil para quienes se encuentran en la última franja social recuperarse económicamente y conseguir un trabajo propio ya que no suelen ser contratados por su situación.

Quizás el aspecto más curioso de estos viajeros sea que, si bien Australia tiene para ofrecer los argumentos presentados en los párrafos anteriores, suelen ser quienes menos problemas tienen en Argentina y quienes mejor estilo de vida llevan en comparación con el resto de la sociedad. Por eso resulta peculiar cuando algunos de ellos insisten hasta en los grupos de whatsapp del estilo “Argentinos en Sidney” con la idea de que en Argentina “no se puede proyectar”, “no hay futuro” o “es un país poco serio”. Ellos tienen muchas más oportunidades de proyectar, de pensar un futuro, que el grueso de los argentinos. Sin embargo, siempre se genera alguna discusión en estas conversaciones ya que existe un gran sector que encontró otras respuestas en Australia que le permitieron llegar a otras conclusiones.

Vuelvo por más

Más casos de los que se creen son los de los jóvenes que por diversos motivos no vuelcan su energía en intentar a toda costa continuar su vida en Australia o cualquier otro país extranjero. Muchas veces en este grupo también juegan fuerte las ideas políticas. Progresistas, peronistas o de izquierda demuestran por lo general un mayor sentimiento nacionalista. A comparación del primer grupo descrito en esta nota, apuntan un poco más a otros objetivos: conocer una nueva cultura –más que nada en la parte artística, culinaria y otras costumbres-, tener contacto con viajeros de distintas nacionalidades y todo lo que convierte a estos viajes en experiencias incomparables. Obviamente, en este sector también hay gente con otras ideologías. Hay quienes vinieron con ese sentimiento de resignación y fue aquí donde cambiaron su posición. Más que nada al reconocer que como extranjeros seremos siempre los primeros en la fila si hay que ajustar. Australia viene de incendios, luego inundaciones y por último Covid-19. En las tres situaciones la economía se contrajo y los primeros en perder sus puestos de trabajo fueron, como se esperaba, los extranjeros, más que nada quienes no residen permanentemente. Pero también porque, aunque parezca paradisíaco, Australia no posee ciertos aspectos irreemplazables que aprendimos a amar de nuestro país.

La cultura australiana deja bastante que desear. Algunos australianos comentan que aún la están desarrollando, ya que oficialmente el país solo tiene 119 años de historia. La gran mayoría de sus costumbres son inglesas y se pueden nombrar dos o tres platos propios. Quizás el producto que más orgullo genera en la población sea el fútbol australiano, un deporte parecido al rugby o el fútbol americano aunque muy original, que se ubica por amplia diferencia como la actividad social propia más masiva del país. Australia tiene representantes en todas las artes en mayor o menor medida, aunque no se registran grandes aportes revolucionarios. Probablemente sea la música el terreno donde han pisado más fuerte, aunque casi siempre buscando posicionarse en el mercado hegemónico. Se percibe un gran vacío de cultura popular si la comparamos con la situación argentina. No existen los centros culturales, los clubes de barrio ni nada que se parezca a los fines de semana de corso en las esquinas veraniegas de nuestro país. No se caracterizan por embarrarse las patas. Por otro lado, el único grupo que posee una cultura propia -los pueblos originarios- ha sido asesinado, ocultado y esclavizado desde la llegada de los ingleses en 1788. Sus costumbres han sido completamente ignoradas e insultadas, a diferencia de lo ocurrido en el país vecino Nueva Zelanda, donde la cultura maorí con los años se ha ganado el respeto de los invasores y tiene hasta representación en los sectores de poder.

Este grupo de viajeros también tiene intereses que Australia responde a la perfección. La situación social antes mencionada es uno de ellos. Casi el total de la población tiene sus necesidades completamente cubiertas. La desigualdad existe, pero se mide entre quienes tienen lo suficiente, quienes tienen mucho y quienes tienen muchísimo. Es un país que ha logrado casi eliminar el crimen callejero sosteniendo uno de los sistemas de seguridad menos opresores del mundo. Posee una fuerza policial profesional formada en lo intelectual con argumentos psicológicos, sociológicos, de derechos humanos e inclusión de minorías.

Pero no es suficiente para estos jóvenes. Y no es extraño que así sea para los ciudadanos de uno de los países más cálidos del mundo como lo es Argentina. Los australianos, al igual que la mayoría de los ciudadanos del primer mundo, son mucho más fríos en ese sentido y la diferencia es notoria. Es más, en ciertas zonas de Australia existe un gran componente racista y xenófobo. Si bien estas formas de discriminación no son aceptadas bajo ningún punto de vista en el discurso, inconscientemente se puede notar un trato distinto según se trate de blancos u otras etnias, al igual que de nacidos en el primer y tercer mundo.

Muy pocas de las pasiones argentinas y del modo de vida al que estamos acostumbrados se encuentran aquí. El fútbol es aburrido, los boliches abren a las 6pm y cierran a las 3am, es difícil encontrar fernet, casi no hay parrillas de ladrillo para hacer un asado como lo conocemos, sin tener auto los negocios suelen estar lejos y -salvo muy pocas excepciones- cierran temprano y muchos ejemplos más. Y por supuesto hay que tener en cuenta el componente emocional. El estar lejos de la familia y amigos de toda la vida juega también un rol importantísimo.

Es así que entre estos viajeros prima la idea de que Australia es un país que permite tener una experiencia extraordinaria aunque no sea el lugar deseado para pasar el resto de sus días. Es un gran lugar para conocer culturas diferentes, ver paisajes increíbles, aprovechar los altos salarios y volver a la Argentina o pensar en el siguiente destino con una mentalidad renovada.

No vengas enojado

El acto de viajar es incuestionable. Siempre suma. La diferencia se encuentra en el modo en que se piensa la experiencia. No es la idea de este texto cuestionar el modelo de país en el que quiere vivir cada uno, o si les gustaría vivir sus vidas en el extranjero. Pero sí es la intención desmitificar algunos conceptos y cuestionar el simplismo que exponen los medios de comunicación cuando dan por sentado que los argentinos, y sobre todos los jóvenes, estamos hartos de Argentina. Ese imaginario que construyen en donde todo el que pudo salir de los márgenes de nuestro país encontró la solución a todos sus problemas. Argentina no es el infierno, y ningún país del mundo es el paraíso. Comprendiendo esa realidad, y sin enojarse con el lugar de origen, es como se disfruta al cien por ciento de un viaje. Sin preconceptos de lo que nos encontraremos y sin prejuicios de dónde venimos. Porque así cuando lleguemos como viajeros al momento en que decidamos quedarnos o volver tendremos la respuesta correcta, sin importar cuál de las dos sea.


* Lautaro Wickmann estudió periodismo deportivo en TEA. Es militante político desde los 16 años. Recolecta experiencias en Australia desde marzo de este año.

ÚLTIMAS NOTAS

Sala Silenciosa

Sala Parlante

ETIQUETAS