lunes 14 junio 2021

"Historia de las guerrillas en América Latina"

Raúl Conde*

Las revoluciones latinoamericanas, íntimamente ligadas al legítimo ejercicio de la autodefensa popular, no pueden entenderse sin la acción de las guerrillas autoorganizadas que tomaron partido en el período histórico en el que desarrollaron su actividad. Moralidades aparte, si algo nos ha enseñado la historia reciente de Latinoamérica es que el control de la fuerza armada y de la maquinaria bélica es imprescindible para el reforzamiento de la Revolución en la esfera de lo estatal. Así, echemos un vistazo contemporáneo a aquellas revoluciones que han pervivido a lo largo de los tiempos (la cubana, por ejemplo) por la asunción del principio de necesariedad militar y las que fracasaron por no acometer las reformas estructurales de fondo que necesitaban sus cuerpos de seguridad y Ejército (la vía chilena es claro ejemplo de ello).

Pero antes de todo ello hay una concienciación vital de los sujetos revolucionarios producida a través de la participación en las guerrillas surgidas en la práctica totalidad de los países latinoamericanos. Si bien la lucha armada guerrillera no surge, ni mucho menos, en los países de América Latina, sí que tejen una nueva forma de entender el enfrentamiento desigual que surge cuando una potencia militar estatal reprime a toda forma de contestación social. El foquismo, articulación teórica que explica porqué no en todos los países latinoamericanos se daban las condiciones necesarias para que surgiese una Revolución y, aún así, nacieron guerrillas que procuraban el triunfo de los principios revolucionarios, es un ejemplo de hasta qué punto en esa parte del mundo el situacionismo resultó efectivo, aunque de puertas para adentro estas guerrillas estuvieran más organizadas de lo que en un primer vistazo podría parecer.

En Historia de las guerrillas en América Latina se hace un repaso al devenir histórico latinoamericano a través de la acción de estos grupos para-militares que cambiaron la forma de comprender las relaciones políticas generales del continente. Desde los Montoneros argentinos hasta el FSLN nicaragüense, pasando por la UNRG guatemalteca, la FARC colombiana o los Tupamaros uruguayos, el recorrido histórico a través de la lucha armadas de los pueblos que se hace muestra a la perfección hasta qué punto una guerrilla puede ejercer su acción sin pasar, tarde o temprano, a la forma-Partido para poder desarrollar en el plano estatal sus propuestas políticas. Inevitablemente, estos conatos paramilitares pasan a estructurarse como partidos ante la certeza de necesidad organizativa en el mundo de lo institucional. Quizás el ejemplo de la FARC sea paradigmático: por el poco apoyo social que recibió en sus últimos años de vida como guerrilla, el paso a la forma Partido se hacía más necesaria que nunca. Campañas de desprestigio aparte, el caso colombiano muestra hasta qué punto un movimiento guerrillero puede anquilosarse y perder la esencia de lo originalmente propuesto si no se atiende al viento de los tiempos en el momento adecuado. También Perú puede darnos una buena guía sobre cómo una guerrilla puede entrar en un proceso de auto-destrucción que en el camino se lleva la esperanza de los inicios y la degenera hasta superar lo humanamente admitible. 

Lejos de hacer aquí un repaso pormenorizado del contenido total del libro (eso queda a disposición del interesado en el tema), quisiera destacar que la elección de las guerrillas descritas responde, sin duda, a un criterio de relevancia social y política considerable. Es cierto que el caso boliviano queda excluído de la obra, dado que las luchas populares en Bolivia se han volcado mayoritariamente en la organización sindical de sus demandas, aunque también existieran grupos armados (aunque con poca relevancia social y localizados geográficamente en un lugar muy concreto). Tampoco se aborda la acción armada en Brasil, dado que el movimiento guerrillero brasileño siempre estuvo muy disperso y diseminado en numerosas organizaciones enfrentadas entre ellas, lo cual no ayudaba a hegemonizar la lucha en torno a una única guerrilla. Pero los casos que la obra trata muestran, de manera clara y detallada, que el devenir histórico natural de todo movimiento armado, al final, acaba derivando en la formación de alguna herramienta electoral concreta a fin de expandir en un nivel superior sus legítimas demanda como representantes de las masas sociales desposeídas. 

Esto abre una nueva brecha en el debate sobre si la lucha armada es un buen instrumento para procurar la emancipación popular de aquellos a quienes aspira a representar. Porque, ¿no es el marco democrático burgués el único en el cual se puede disputar la idea de soberanía y legitimidad? Quitando el caso cubano, la revoluciones latinoamericanas, por lo común, han derivado en períodos dictatoriales que reaccionaban contra estas revoluciones o en gobiernos burgueses al uso, alejándose de los principios originalmente propuestos por estas organizaciones armadas, en las que se suele conjugar una suerte de anti-imperialismo, nacionalismo y, algunas de ellas, marxismo-leninismo. En realidad, lo que se extrae de la lectura de la obra es que el espacio de contestación social en el ámbito latinoamericano está constreñido, bien por las limitaciones del propio sistema democrático o bien por las injerencias de las potencias de las que estas guerrillas pretenden emancipar a su país (que sirva aquí Nicaragua de ejemplo). 

Tampoco se puede obviar un factor determinante que en la obra interviene como un actor político más. El contexto geográfico en el que nacen las acciones de los grupos armados es el que es, la selva. Dada las características geográficas de Latinoamérica, la identificación del guerrillero con el combatiente (que adquiere una dimensión cultural cuasi-mística) escondido en las montañas, en la selva, acrecienta aún más si cabe esa visión de la guerrilla como algo puramente latinoamericano, una forma de articulación de las demandas sociales que solo puede asumirse en un contexto como el que ofrecen la mayor parte de las naciones de Latinoamérica que han visto forjarse en ellas un espíritu de lucha rebelde que ha tenido multitud de traducciones en el plano político. Es igualmente destacable que se ha forjado toda una mística popular alrededor del guerrillerismo, romantizando a su militancia y a lo que suponía participar de ellas. Y esto solo ha podido darse con el tiempo, cuando las acciones de estos grupos han menguado en pro de otras vías. Pero la obra que aquí nos ocupa rescata de cierto modo la dureza de la experiencia revolucionaria a través de los datos relacionados con la persecuención institucional y militar que se cernían sobre los militantes guerrilleros. Revirtiendo el romanticismo guerrillero, en la medida en que una obra puede hacerlo, uno puede acercarse en su lectura a la práctica política de la guerrilla, a toda la crudeza de la represión y adquirir una mirada sobre el tema que retorne a la esencia de la cuestión: organizar al sujeto revolucionario requiere paciencia, dedicación, sufrimiento y tenacidad.

Por el propio cáriz del tema, es extraño encontrar una obra que recoja a la manera sintética en que esta lo hace todas las aristas que presenta una cuestión como la que atiende. Esto debe a la poca voluntad que ha habido, desde las ciencias políticas, de acercar la cuestión de las guerrillas al público interesado, no porque no existiese material disponible al alcance de cualquiera, sino por la dificultad que atañe enfrentarse a un tema tan complejo. En definitiva, esta Historia de las guerrillas reformula un ámbito de la historia latinoamericana que en las últimas décadas venía mitificándose y devuelve el análisis a una cuestión político-social, con la mirada que le corresponde a un asunto que ha marcado la agenda y el paso diario de los países que se abordan en la obra.

Autores: Jerónimo Ríos y José Manuel Azcona (coords.)
Editorial: Catarata.
Año de publicación: 2019.
286 pp.


*Raúl Conde. Graduado en Filosofía por la Universidad de Sevilla. Responsable de Relaciones con la UJCE en el PCE.

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