martes 15 junio 2021

Hacia una cartografía de las violencias: la situación de las mujeres en Iberoamérica

Giuliana Mezza

En un nuevo aniversario del #NiUnaMenos en Argentina, y a raíz del ciclo de protestas desatado en Colombia en los últimos meses, vuelve a abrirse un espacio para reflexionar en torno a las violencias a las que, en todas las latitudes, estamos expuestas las mujeres. Para reafirmar su carácter político, es necesario tanto comprender la singularidad de las circunstancias en la que estas violencias se manifiestan, como develar su inscripción en procesos más amplios. Dejar de concebir este problema como un hecho aislado y reconocer su naturaleza estructural es la condición de posibilidad para avanzar en su erradicación.

La reflexión como punto de partida

En la mayoría de los casos, lo alarmante de los escenarios que nos toca habitar, nos arroja al movimiento; todo lo que parezca implicar un detenimiento, se presenta como una demora frente a lo que urge ser transformado. Sin embargo, tanto la historia como las experiencias contemporáneas, nos demuestran que esta falsa dicotomía entre pensamiento y acción sólo nos conduce a distintas formas de atrofia.

La reflexión es un ejercicio imprescindible para desarrollar, compartir y actualizar las herramientas que tenemos para comprender la realidad. Si podemos afirmar que denunciar su carácter opresivo es necesario pero no suficiente, del mismo modo debemos reconocer que rebelarnos frente a una situación injusta sin identificar su dimensión o sus causas, resultará igual de estéril.

Para que nuestros posicionamientos individuales y colectivos adquieran una vocación transformadora, el ejercicio reflexivo debe ofrecernos verdaderos recursos para desnaturalizar lo que nos rodea y así poder cuestionarlo, y modificarlo.

En este punto, la violencia machista exige en primer lugar ser abordada como un fenómeno estructural; esta se expresa en diversos aspectos materiales y simbólicos de la vida de las mujeres a nivel global. A su vez, los vínculos sociales que la posibilitan corresponden a relaciones de fuerza, convenciones y sentidos construidos culturalmente que expresan un sistema de valores y dispositivos de poder que llamamos patriarcado. Para visualizar sus alcances, bastan algunos datos.

Un marco general; la desigualdad

Más allá de los avances en materia legislativa que reconocen el derecho de las mujeres a participar en la vida política de sus respectivas comunidades, hoy se encuentran subrepresentadas en todo el mundo. Según un informe del Foro Económico Mundial, a comienzos del 2020, apenas una mujer de cada cuatro personas ocupaba una banca en los parlamentos. En cuanto a los cargos ejecutivos, los de mayor responsabilidad siguen siendo desempeñados en su mayoría por hombres.

En materia de empleo, la segregación ocupacional sigue siendo muy alta, dado que las mujeres siguen realizando una parte desproporcionada del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Por ello, son más vulnerables en términos económicos, su posición en el mercado laboral es menos segura y sus ingresos más bajos.

En los medios de comunicación, tanto tradicionales como digitales, las mujeres también se encuentran subrepresentadas. En cuanto al contenido en circulación, sólo un 4 % de los artículos periodísticos desafían abiertamente los estereotipos de género, lo que contribuye a reproducir sentidos machistas que estigmatizan, revictimizan y alientan comportamientos violentos contra las mujeres.

En este marco, la irrupción de la pandemia no solamente ha dejado al descubierto las profundas desigualdades que atraviesan a nuestras sociedades, sino que las ha reforzado. En un informe elaborado por la Comisión Interamericana de Mujeres de la Organización de Estados Americanos (OEA) se sostiene que, la crisis del COVID-19 está profundizando la división desigual del trabajo y generando un impacto negativo en la salud física y mental de las mujeres.

Por su parte, la CEPAL estima que, debido al COVID-19, la pobreza femenina en la región ha alcanzado un total de 118 millones de mujeres a principios de 2021, un 22% más que en 2019, por haber estado más expuestas en cuanto a su salud, sus ingresos y su trabajo. 

Las mujeres en Iberoamérica: el mapa de la violencia

En Argentina, un estudio elaborado por la Dirección de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía junto con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), arroja que la crisis ocasionada por la pandemia tuvo un impacto desproporcionado sobre las mujeres, las y los trabajadores informales, y las niñas, niños y adolescentes. En este escenario, los hogares monomarentales han sido los más afectados por la doble crisis: la económica y la crisis de los cuidados.

En este período la tasa de desocupación pasó de 8,9% a 11,7% para la población en general, y de 9,5% a 13,1% para las mujeres. Según el informe publicado por el Observatorio de Femicidios en Argentina “Adriana Marisel Zambrano” que dirige La Casa del Encuentro, al 1 de mayo de 2021 se cometieron 92 femicidios y 5 transfemicidios.

En Chile las consultas telefónicas de mujeres por violencia crecieron en un 70% cuando empezó a regir la cuarentena. Según datos de un estudio de la Fundación Sol, un 96,6% de las personas declaradas “inactivas por quehaceres del hogar” son mujeres.

En Ecuador, a abril del 2021 se cometieron 24 femicidios. Se calcula que en el 2020 ha habido 118 feminicidios, lo que supone una muerte cada 72 horas. De un informe elaborado por el Consejo de Derechos Humanos de la Asamblea General de Naciones Unidas, producto de la visita que tuvo lugar en 2019, se desprende que el 65% de las mujeres han sido víctimas de alguna forma de violencia, que el 60% ha sufrido violencia psicológica y que entre el 30% y el 40% ha sufrido violencia física.

La brecha salarial en los puestos directivos en España es del 14,4%. Según las estimaciones del Foro Económico Mundial, el ingreso estimado por su trabajo que perciben las mujeres en España representa el 65,1% del que ganan los hombres. Los resultados revelan que la cuota de la presencia de mujeres en las empresas es del 43,4% entre los empleados, del 28,5% entre los cargos intermedios y del 18,8% entre los directivos.

Según el Observatorio de la Mujer dependiente del gobierno nacional, en 2021, en Paraguay se comete 1 femicidio cada 4 días.

Las denuncias por violencia de género se incrementaron 130% en el 2020 en Perú. En lo que va del 2021, se han registrado 47 casos de feminicidios. Hasta setiembre del 2020, la tasa de actividad femenina disminuyó en 12.7%, mientras que la masculina apenas bajó en 5.8%. A mediano plazo, se calcula que alrededor de 3 millones de mujeres peruanas perderán sus empleos.

Una mirada articulada

De esta dolorosa cartografía sólo puede extraerse una conclusión; no es posible combatir una forma de violencia sin combatir las demás. No puede ser entendida ni tampoco reparada de manera aislada. Frente a un problema global cuyas raíces se encuentran socialmente legitimadas, debe articularse una respuesta a escala, que sepa reunir la mejor expresión tanto de nuestras reflexiones como de nuestra práctica política. Solas, ya no más.

ÚLTIMAS NOTAS

Sala Silenciosa

Sala Parlante

ETIQUETAS