domingo 19 septiembre 2021

Formas de vida: apuntes sobre los movimientos feministas en España

Foto: Amaia Carracedo Arana

Texto: Nerea de Diego

Imágenes: Brezo Gómez-Láinz

En los últimos años, sobre todo a partir de la movilización del 8 de marzo de 2018, el movimiento feminista ha cobrado un importante papel en la agenda política del Estado español y de gran parte del mundo, se habla incluso de una cuarta ola protagonizada principalmente por las más jóvenes. Movilizaciones previas al 8m de 2018, como podría ser el caso del 7N de 2017 y el 25N del mismo año, venían avisando de lo que parecía ser un tsunami feminista y que se ha manifestado, junto con el movimiento ecologista, con gran fuerza durante los últimos años. A partir de este momento, las feministas comenzamos a marcar la agenda y actualidad política. Entidades públicas y privadas comenzaron a adoptar consignas por la lucha de los derechos de las mujeres y estos mismos temas, a los que hacían referencia dichas consignas, ocuparon los grandes debates en los medios de comunicación.

Se trata de un feminismo cuyas premisas principales son la lucha contra los roles de género, la liberación del cuerpo femenino, la ruptura del techo de cristal y (aún más importante) el suelo pegajoso y la lucha contra las violencias machistas: físicas y simbólicas (estas últimas importantes por ser consideradas la parte que no se ve del iceberg, desde las expresiones machistas que empleamos día a día en nuestra vida cotidiana hasta el maltrato psicológico), todo ello con la sororidad como hilo conductor de sus reivindicaciones. Ejemplo claro de ello fue la unidad de todas las mujeres feministas ante la polémica y deplorable sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Navarra, que consideró que el caso de la Manada era abuso sexual. El movimiento demostró su fuerza con unas movilizaciones masivas que polarizaron la opinión pública, logrando en último término que el Tribunal Supremo reconociera los hechos como una violación y mostrando su apoyo a una víctima a la que la Justicia española había dejado sola. Son así muy relevantes los movimientos como el #YoSíTeCreo y el #MeToo, que unía a todas las mujeres ante un problema que -lejos de ser jurídico y personal- era político y estructural. De la misma manera, la performance “Un violador en tu camino”, que se representa por primera vez en Chile en noviembre de 2019 como denuncia a las violencias machistas, recorrió las plazas de cientos de ciudades de Europa y América Latina, aunando las voces de la mitad del planeta que lucha por una causa común.

Sin embargo, el movimiento feminista no camina solo: viene acompañado de los movimientos LGTB y ecologistas, antirracistas y de clase, en definitiva, de una nueva forma de entender el mundo, colocando la vida en el centro.

De este feminismo transversal y del cuestionamiento a la relación capital-vida, haciendo énfasis en la crisis de los cuidados, se pueden extraer ciertas reflexiones que ponen en valor las experiencias de muchas mujeres que dedican su vida a los mismos -tanto en el ámbito profesional como en el doméstico (e incluso el militante)- exigiendo mayor corresponsabilidad en el reparto de las tareas y unas condiciones laborales dignas. Estas condiciones en las que se encuentran muchas mujeres se hacen más evidentes con la llegada de la pandemia del Covid-19: es el personal sanitario y dedicado a los cuidados y  el personal que trabaja en las residencias de ancianos (ambos sectores conformados mayoritariamente por mujeres), quienes han cargado con el peso laboral y emocional de esta crisis, siendo recompensadas con una romantización de su trabajo pero no así con una solución política ante la situación precaria en la que se encuentran y que vienen denunciando desde hace años. Son las empleadas domésticas, muchas de ellas migrantes y sin contrato, quienes han enfrentado grandes riesgos para poder acudir a sus lugares de trabajo y que han tenido que desempeñar sus labores exponiéndose al virus y sin garantías laborales por un salario muy bajo, siendo ellas el máximo exponente de la feminización de la pobreza y son las amas de casa, quienes se han visto confinadas, cargando a sus espaldas los cuidados del hogar, de los hijos y de enfermos de forma incrementada y probablemente en muchas ocasiones, sin ningún tipo de ayuda. Pero no podemos olvidarnos de todas aquellas mujeres en situación de maltrato, que han tenido que pasar una cuarentena a solas con su agresor. Las llamadas al 016 aumentaron durante el confinamiento un 41,1% con respecto al mismo periodo del año anterior. Ante esto, muchas iniciativas feministas han surgido para facilitar a las víctimas la búsqueda de ayuda, creando redes vecinales de apoyo mutuo o mediante lenguaje en clave, como el que se utilizó en las farmacias, que entendían por “mascarilla 19” una señal de peligro, que advertía sobre la situación de la mujer. No son tiempos fáciles para la militancia feminista, ni para las mujeres en situación de riesgo, pero es precisamente ahora cuando más unidas y fuertes tenemos que estar, por todas aquellas que necesitan una compañera cerca.

Son grandes avances los que se han conseguido en los últimos años en términos de ampliación de los derechos de las mujeres, pero aún queda mucho por hacer: la lucha feminista debe buscar nuevas estrategias para rearticularse y poder hacer frente a la situación generada por la crisis del Covid-19. Por otro lado, ha de continuar siendo un actor político influyente en la discusión pública y, además, tiene que abordar los debates que surgen en el propio seno del movimiento y suscitan más división, con el objetivo prioritario de no dejar a nadie atrás. Es la juventud feminista quien está liderando este último periodo de la historia política por sus derechos, de la mano de veteranas en el movimiento. Este es cada vez más diverso en su composición, incluyendo distintas reivindicaciones nunca antes escuchadas.  

Ningún aspecto de la existencia queda fuera del feminismo y lo está empapando todo, mostrándose fuerte e imparable. Seguimos luchando por conseguir un mundo justo, donde todas las personas sean verdaderamente libres, un mundo donde no exista el miedo ni la desigualdad.

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