martes 24 mayo 2022

Éticas de la Responsabilidad y de la Convicción, la falsa dicotomía en la que está atrapado el Frente de Todos

Tomás Delgado

Durante las últimas semanas hemos visto una disputa al interior de la coalición oficialista. Una más después de tantas, pero tal vez la de carácter más estructural, dado que es en relación al nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. De un lado, el sector más cercano al Presidente pondera la excepcionalidad del acuerdo a 12 años por su carencia de exigencias estructurales-regresivas. En la vereda de enfrente, están algunos de los sectores referenciados con la Vicepresidenta, quienes plantean dos objeciones según a quién se escuche. Algunos cuestionan el hecho del acuerdo en sí, dado que no deja de ser un pacto con el FMI por más que sea el menos malo. Otros hacen hincapié en el estilo de negociación, dado que el mismo llevó a una carencia de narración histórica y dejó en el olvido la supuesta estafa que perpetró el gobierno de Cambiemos a los argentinos. Dos miradas y  varios matices.

Una forma de analizar la fractura legislativa que se vió en el Frente de Todos es la de asignar a cada sub-espacio lo que Max Weber denominó las éticas de la convicción y de la responsabilidad, pero no en el marco de la lectura correcta del autor. Siguiendo una lectura dicotómica, la primera de las éticas corresponde al sector catalogado como el “kirchnerismo duro” en los medios de comunicación masivos; serían los incapaces de tomar consciencia de que, a veces, seguir las convicciones hasta el final puede ser peligroso. Aquellos que acompañan a Alberto Fernandez, serían quienes ponen en segundo plano las convicciones y toman decisiones en función de las responsabilidad de ser gobierno, tomando nota de las consecuencias de sus actos.  Vale aclarar que en este segundo grupo, quienes advierten enfáticamente las consecuencias de un default virtualmente iniciado en 2018 con el anuncio de Macri de la vuelta al financiamiento del FMI,se incluyen voces históricamente cercanas al kirchnerismo (diputados, dirigentes sociales y políticos, sindicalistas y comunicadores). Una primera señal del error que representa escindir ambas lógicas de acción política, dado que algunos de ellos son incluso citados por CFK a la hora de intervenir en el debate económico y político.

Dice el propio Weber en “La política como vocación”: “No es que la ética de la convicción sea idéntica a la falta de responsabilidad o la ética de la responsabilidad a la falta de convicción. No se trata en absoluto de esto. No se puede prescribir a nadie si hay que actuar según la ética de la convicción o según la ética de la responsabilidad, o cuándo según una y cuándo según la otra. Ya ahí el autor nos advierte que la idea de clasificar a los dirigentes según quienes se guían por la convicción o el sentido de la responsabilidad es, como mínimo, simplista. El ejercicio de la política pasa más bien por saber combinar ambas cosmovisiones a la hora de tomar decisiones. De esta manera, vemos cómo los analistas, pero también las propias bases, se equivocan al expresar que elegir una de las éticas es optar por un camino sin retorno.

Esto nos lleva a la necesidad de realizarnos algunas preguntas: ¿quién tiene razón? ¿Los defensores del acuerdismo o los apologistas de la convicción? Una posible respuesta es que ninguno. Para impulsar una gestión en base a las convicciones más sólidas hace falta tener ética de la responsabilidad, en este caso evitar el default con el único acreedor con el que el fundador del kirchnerismo acordó apenas llegó al poder. A la vez, para ser responsable, hay que crear una narrativa que acompañe la gestión y defienda las convicciones con las que se firmó un contrato electoral. Dentro de un acuerdo con el FMI un gobierno puede ganar (2005, año en el que nace el kirchnerismo propiamente dicho contra Duhalde) o perder (2019, momento en el que Macri rompe el récord de perder su reelección). Dentro del margen de maniobra que deja un acuerdo con el FMI es donde entra en juego la virtud de los dirigentes y las coaliciones a cargo. Es cierto que la fortuna juega su rol y el combo Pandemia-Guerra no ayuda, pero también es verdad que la presidencia no trae beneficio de inventario.

Las palabras finales del propio Weber en la citada conferencia son bastante elocuentes de los desafíos que se le presentan al Frente de Todos, ya sea como coalición o como gobierno: “La política consiste en una dura y prolongada penetración a través de tenaces resistencias, para la que se requiere, al mismo tiempo, pasión y mesura. Es completamente cierto, y así lo prueba la Historia, que en este mundo no se consigue nunca lo posible si no se intenta lo imposible una y otra vez. Pero para ser capaz de hacer esto no sólo hay que ser un caudillo, sino también un héroe en el sentido más sencillo de la palabra. Incluso aquellos que no son ni lo uno ni lo otro han de armarse desde ahora de esa fortaleza de ánimo que permite soportar la destrucción de todas las esperanzas, si no quieren resultar incapaces de realizar incluso lo que hoy es posible. Sólo quien está seguro de no quebrarse cuando, desde su punto de vista, el mundo se muestra demasiado estúpido o demasiado abyecto para lo que él le ofrece; sólo quien frente a todo esto es capaz de responder con un “sin embargo”; sólo un hombre de esta forma construido tiene “vocación” para la política.” 

Los alcances del debate oficialista: el legado de Nestor Kirchner

El debate entre estas dos posturas del gobierno trasciende la disputa sobre quién tiene razón en la relación con el FMI y la responsabilidad política. Así, llega a la dimensión de la interpretación de la historia reciente, especialmente sobre el legado de Néstor Kirchner. Por un lado, vimos a los referentes de La Cámpora compartir un fragmento de su discurso en el que describe sin tapujos al FMI. Sin embargo, también el Presidente Fernandez se apoya en la idea de que el ex Presidente Kirchner firmó un acuerdo en el año 2003, siendo el FMI el único acreedor con el que no incurrió en un default. Entonces, ¿que representa Nestor Kirchner? ¿La negociación y el acuerdo? ¿O la intransigencia y el default si fuese necesario? Dicho en otras palabras,y retomando la tipología inicial: ¿Kirchner fue convicción o responsabilidad?

A título personal, no hay mejor ejemplo de que no hay responsabilidad sin convicciones ni convicciones sin responsabilidad. En esa clave, tirar del mantel puede ser romántico, pero tiene patas cortas. De la misma manera, la inmovilidad y la falta de audacia jamás pueden ser responsables, ya que una decisión política es responsable si pretende defender algo, para lo cual es necesario que exista una convicción previa que represente un interés. El caso de Nestor Kirchner es muy descriptivo para explicar esa combinación. Realizó la primera etapa de la reestructuración de la deuda con acreedores privados en enero del 2005, es decir después de dos años en default. Con el FMI la historia fue otra. El Estado se mantuvo dentro del acuerdo stand-by firmado en 2003 y canceló en noviembre de 2005 el total de la deuda, aprovechando la acumulación de reservas que permitieron los precios internacionales. Vemos ahí una secuencia clara en la que hay acuerdo, se preserva la estabilización que había iniciado antes, se apuntala el crecimiento del PBI en un contexto favorable y nos quitamos de encima el tutelaje del FMI. Responsabilidad para ejercer las convicciones en el momento correcto, combinada con la importante decisión de construir una narrativa del gobierno. Gobernar es gestionar, pero parte de la gestión es contarla para persuadir. Como dato de color, hay que señalar que el primer gobierno del entonces Frente para la Victoria obtuvo en octubre de 2005 la última victoria del peronismo en elecciones bonaerenses de medio término, consolidando un sujeto político. Si, en el marco de un acuerdo con el Fondo que recién en noviembre sería corrido de la política doméstica. Convicción y Responsabilidad.

Tal vez retomar esa dinámica sea la salida por arriba del laberinto que necesita el Frente de Todos, de manera que pueda sintetizar sus diferencias y superar la impotencia política en la que se encuentra (a tal punto que pierde la narrativa de la refinanciación en manos de la oposición que le puso ese collar de melones al país). El tiempo, y los hechos, dirán.

06/04/22

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