domingo 09 mayo 2021

Estado superfluo: la COVID-19 en Perú

Foto: Presidencia de la República del Perú

Erick E. Vargas Guevara*

La desorientación como política de Estado

Un Estado sin un norte fijo tomará decisiones sobre la base de lo que en un momento dado es más popular, más mediático o, en el peor de los casos, lo que más conviene a unos pocos (grupos políticos, económicos, etc). Puede que estas decisiones beneficien a la población, pero no serán sostenibles pues no responden a políticas, estrategias o una visión de Estado; además de que su éxito dependerá altamente de la suerte y factores externos.

Según el Gran Maestro de ajedrez Garry Kasparov, “El estratega empieza con un objetivo para un futuro lejano y trabaja retrocediendo hasta el presente. Un gran maestro hace los mejores movimientos porque están basados en lo que quiere que suceda en el tablero, después de unos diez o veinte movimientos. Para ello no es necesario que calcule las incontables variables de veinte movimientos. Evalúa cuál será el resultado de su posición y establece una meta. Luego va paso a paso hasta conseguir su propósito”[1]. Pues bien, tomar una decisión de Estado sin una estrategia detrás es como mover una pieza de ajedrez sin saber bien cómo ganar, o —peor aún— sin darse cuenta del jaque mate en contra que se viene.

El jugador podrá terminar ganando, pero eso no dependerá de sí mismo sino del nivel del otro jugador o de la suerte. Un Estado así no es el más adecuado a largo plazo. Es un Estado superfluo, cuyas decisiones se esfuman con el tiempo, reemplazadas por nuevas decisiones en respuesta a nuevas coyunturas. Si a un objeto le cambias todas las partes, ¿sigue siendo el mismo objeto? De la misma manera, si un Estado cambia de políticas y norte con cada cambio de gobierno o sobre la base de la coyuntura del momento, ¿puede ser un Estado coherente, cohesionado y sólido? Este es el caso del Estado peruano.

El cambiante Estado peruano

En abstracto, se podría haber conseguido la máxima estabilidad jurídico-social si todas las reglas y políticas hubiesen sido fijadas desde el inicio de los tiempos (por ejemplo, con la Constitución), pero ello es utópico pues así como los seres humanos cambiamos de gustos, de vocación, de hábitos, etc, el Estado y la sociedad también cambian, y lo hacen en proporciones que los redactores de la Constitución y las leyes no pueden prever. Incluso, el cambio es deseable si conlleva, por ejemplo, el reconocimiento de derechos de minorías y grupos discriminados. Pero el cambio no puede ser la regla, pues implicaría vivir en constante incertidumbre.

En el Perú sí se formulan planes y políticas a largo plazo: son importantes antecedentes las 35 políticas de Estado del Acuerdo Nacional[2], el Plan Bicentenario[3] y la Política General de Gobierno al 2021[4]. No obstante, y a pesar de los valiosos esfuerzos de quienes elaboraron estos lineamientos, no son más que declaraciones de principios, ya que el Estado no cuenta con una orientación o visión sólida detrás que permita su ejecución. Las razones son muchas, pero nos centraremos en una: la alta rotación de ministros, tal como se puede observar en el siguiente cuadro:

Número de ministros

Período Ministerio2000-2001 Paniagua (transición)2001-2006   Toledo2006-2011   García2011-2016   Humala2016-2021 Kuczynski / Vizcarra
Presidencia del Consejo de Ministros15577
Agricultura y Riego15645
Energía y Minas14249
Transportes y Comunicaciones14227
Comercio Exterior y Turismo22325
Producción15647
Desarrollo e Inclusión Social   3*8
Ambiente  1*25
Mujer y Poblaciones Vulnerables16545
Defensa14457
Interior17776
Trabajo y Promoción del Empleo15466
Economía y Finanzas15526
Justicia y Derechos Humanos16577
Vivienda, Construcción y Saneamiento 2*537
Educación14226
Cultura  1*310
Salud14338
Relaciones Exteriores15145
Cuadro de elaboración propia

(*) Ministerios creados durante un periodo presidencial.

Según el artículo 25 de la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo del Perú, los ministros “orientan, formulan, dirigen, coordinan, determinan, ejecutan, supervisan y evalúan las políticas nacionales y sectoriales a su cargo” ¿Cómo se pueden articular objetivos estatales sin una adecuada continuidad de, precisamente, los funcionarios encargados de su formulación y ejecución? ¿Cómo se pueden ejecutar políticas si los ministros son cambiados 6, 7 o 10 veces en un mismo periodo presidencial? Y la situación del Poder Legislativo no es mejor, pues la mayoría de quienes postulan al Congreso ni siquiera tienen ni les interesa tener una visión de Estado. Hay congresistas que ni saben lo que votan[5].

Esta situación —agravada por el hecho que en el Perú no está muy difundida la idea de hacer carrera en el Estado— perjudica la institucionalidad, la continuidad de las políticas y la preservación de la memoria administrativo-gubernamental. Vergara ilustra este contexto de la siguiente forma:

“[…] las instituciones reducen la incertidumbre, aseguran la continuidad de las políticas y garantizan que ciertos procesos se desarrollen en el tiempo. Pero pensemos en un ministerio crucial como el de Educación. En los últimos veinte años se suceden ministros con perspectivas radicalmente distintas uno del otro (incluso al interior de quinquenios presidenciales), sin que nadie sepa cuál debería ser su rumbo, mientras nuestra educación pública sigue a la deriva. O pensemos en el Ministerio del Interior, donde también se reemplazan los ministros y a cada tanto sin que nadie tenga mucha idea de para qué se les alterna”[6].

Ciertamente, la culpa no es solo del presidente, que “abusa” de su potestad para cambiar de ministros, ni tampoco solo de los ministros, sino también de la sociedad en su conjunto: una sociedad que presiona por resultados inmediatos, intolerante e impaciente. El ministro termina llegando al Estado para “apagar incendios”, consumido por las demandas inmediatas de la población, sin tiempo para pensar en políticas a largo plazo.

¿Qué tiene que ver esta realidad con la COVID-19?

La pandemia ha destapado los problemas profundos del modelo institucional, social y económico, no solo del Perú sino del mundo. En nuestro país, justamente ha desnudado y revelado al Estado como uno intrascendente y superfluo. Como uno que “corre” detrás del problema, siempre atrasado, siempre apurado. Que solo reacciona; no planifica ni prevé, y si planifica, no ejecuta lo planeado. Destapó las carencias de un país que en los tres planes citados había reconocido como objetivo de Estado garantizar el acceso universal a la salud, pero que antes de la llegada de la pandemia contaba con casi solo 100 camas para cuidados intensivos y 100 ventiladores mecánicos; todo ello para 32 millones de habitantes. Es decir, 1 cama y 1 ventilador por cada 320,000 personas[7]. Esto revela que en el Perú las políticas son solo declaraciones de buenas intenciones pues no están respaldadas en una visión de Estado de los gobernantes que haga viable su ejecución.

Cuando la pandemia aún no había llegado a América Latina, el Ministerio de Salud publicó el “Plan Nacional de Preparación y Respuesta frente al riesgo de introducción del Coronavirus 2019-nCov”[8]. No obstante, el Estado no articuló un plan omnicomprensivo en el que estructure una estrategia coherente en materia —por ejemplo— económica y productiva. La consecuencia fue que mucha gente perdió sus empleos por estar encerrada en sus casas y muchas empresas quebraron. Al paso y “a la volada” (como decimos en Perú), el Estado fue aprobando medidas como otorgar un bono de S/ 380 para familias de bajos recursos y el plan “Reactiva Perú”, con serios problemas en su ejecución.

Con respecto a las consecuencias de la COVID-19 en la salud pública, estas fueron inicialmente subestimadas por el gobierno, por lo que destinó pocos recursos para combatirla. Cuando reaccionó, ya era demasiado tarde[9]. El Estado tampoco planificó bien qué hacer cuando en julio levantó la cuarentena en varias regiones del país —incluyendo Lima— e inició la fase de reactivación económica, ya que, según explican los expertos, no aplicó una política articulada de testeo, rastreo, vigilancia epidemiológica y soporte[10]. El Estado puede tener las mejores intenciones, de eso no hay duda, pero sin previsión siempre va a llegar tarde para resolver los problemas. Actualmente el Perú es el país con mayor tasa de mortalidad por COVID-19 del mundo[11], y ciertamente la falta de estrategia estatal es una de las causas.

Se perdió mucho tiempo y no se ejecutó adecuadamente lo poco que se había planeado. Esto es responsabilidad del gobierno, pero también reflejo del descrito “modelo” de Estado instaurado desde hace años y del que la sociedad es en parte responsable. Es necesario dejar de creer que todo intento de planificación del Estado es “dirigismo” y ser conscientes de que sin planificación el país siempre va a estar al vaivén de las circunstancias. Esto no quiere decir que exigimos que el Estado adivine el futuro, sino que elabore líneas de acción usando la mejor información disponible, con una actitud abierta y responsiva con todo ciudadano que desee colaborar en el desarrollo de las políticas. Aún se puede planear la estrategia sobre aspectos importantes vinculados a la COVID-19, como la implementación de la vacuna. En el tablero de ajedrez de la realidad, el Estado únicamente hará los mejores movimientos para la población si estos están basados en una estrategia a largo plazo.


Notas

[1]     Kasparov, Garry (2008). “Cómo la vida imita al ajedrez”. Traducción de Roca, Montse. Primera reimpresión. México D.F.: Grijalbo. p. 42.

[2]     https://www.ceplan.gob.pe/wp-content/uploads/2019/02/35-POL%C3%8DTICAS-DE-ESTADO-actualizado-Feb.2019.pdf

[3]     https://www.ceplan.gob.pe/wp-content/uploads/files/Documentos/plan_bicentenario_ceplan.pdf

[4]     https://busquedas.elperuano.pe/normaslegales/decreto-supremo-que-aprueba-la-politica-general-de-gobierno-decreto-supremo-n-056-2018-pcm-1651713-2/

[5]     El Comercio (2020). “Gilbert Alonzo, el congresista que no sabe lo que vota: «Tuve un lapsus, no me pueden crucificar, ni lapidar por ello»”. 22 de agosto de 2020.

[6]     Vergara, Alberto (2018). “Ciudadanos sin república. De la precariedad institucional al descalabro político”. Segunda edición aumentada. Lima: Planeta. p. 83.

[7]     Diario Gestión (2020). “Perú pasa en cuatro meses de 100 a casi 2,000 ventiladores mecánicos para COVID-19”. 6 de julio de 2020. Recuperado de: https://gestion.pe/peru/peru-pasa-en-cuatro-meses-de-100-a-casi-2000-ventiladores-mecanicos-para-covid-19-noticia/

[8]     https://cdn.www.gob.pe/uploads/document/file/505245/resolucion-ministerial-039-2020-MINSA.PDF

[9]     Zambrano, Américo (2020). “Errores primarios”. En: Hildebrandt, César (Director). “Hildebrandt en sus trece”. Edición del 13 al 19 de marzo del 2020. Año 10, N° 483. pp. 2-3.

[10]    Zambrano, Américo (2020). “El país entero es zona roja”. En: Hildebrandt, César (Director). “Hildebrandt en sus trece”. Edición del 14 al 20 de agosto de 2020. Año 11, N° 502. Entrevistas a Ragi Y. Burhum, ingeniero científico en computación, y al epidemiólogo Juan Astuvilca, decano del Colegio Médico de Lima.

[11]    DW (2020). “Por qué la pandemia de coronavirus está siendo tan mortal en Perú”. 27 de agosto de 2020.


* Erick E. Vargas Guevara es abogado por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Predocente (jefe de práctica) universitario. Código ORCID: 0000-0002-6722-7651. Contacto: eevargasguevara@gmail.com. Las opiniones expresadas son atribuibles únicamente al autor y no vinculan a las instituciones a las que este pertenece.

ÚLTIMAS NOTAS

Sala Silenciosa

Sala Parlante

ETIQUETAS