domingo 19 septiembre 2021

Escribir también es una forma de resistir

Manifiesto feminista sobre la violencia institucional contra las mujeres en Colombia

 

Escribir también es una forma de resistir. Vanessa Rosales.

Hoy, el poder del pensamiento, de la palabra, de la fuerza, de la rebeldía y la práctica feminista ha tomado fuerza en un país que se ha caracterizado por el conservadurismo y su estructura patriarcal y machista que permea tanto las instituciones como a la sociedad en general, ¿por qué?

Porque ante la ocurrencia de tantas injusticias, todas y cada una de las mujeres y desde la diversidad que nos representa con orgullo, nos vemos en la necesidad de levantar nuestras voces para exigir el respeto a nuestras vidas, a nuestra dignidad, a nuestra identidad, a nuestras libertades; alzamos la voz muy alto, en razón de nuestro rechazo fehaciente y contundente a las formas de violencia machista y patriarcal que vengan desde la institucionalidad y desde todos los espacios.

Denunciamos y exigimos nuestro derecho pleno a vivir esa vida con la que todas soñamos y la que se ha quedado en una promesa incumplida por parte de un Estado que se proclama como “Estado social y de Derecho”.

Particularmente en estos 21 días de paro nacional y durante años se han presentado múltiples violaciones a los Derechos Humanos de la población manifestante, y, lastimosamente, el abuso y la violencia sexual hacia nosotras han sido de los peores y más aberrantes comportamientos de la represión ejercida por parte la fuerza pública. Para el día de la lectura de la presente declaración, se han registrado 18 casos de abuso sexual en el marco del paro nacional.

Ha quedado en evidencia que a los miembros de la fuerza pública les exaspera cuando somos las mujeres las que cuestionamos o interpelamos, cuando somos nosotras las que tomamos nuestros celulares para registrar su accionar y ponerlos en evidencia, y cuando salimos unidas a las calles a defender nuestros derechos, pues han buscado la forma, a través de cualquier mecanismo que implique violencia física, sexual, verbal, elitista y racial de restablecer los roles de género que históricamente han exigido de las mujeres un comportamiento social pasivo, sumiso y acrítico. Por esta razón, hemos decidido formar un colectivo y, a través de este manifiesto, expresar nuestras ideas y exigencias al Estado que nos reprime y asesina. Por eso alzamos la voz fuerte y claro y por eso manifestamos desde todos los espacios. Nosotras esperamos ser y seremos “ la voz de las que ya no están y no nos van a silenciar”;

Hay diferentes formas de violentar, de transgredir, de asesinar a una mujer, nuestra vida también se va extinguiendo cuando nos violentan psicológicamente, cuando se nos dicta cómo debemos vivir, cómo debemos encajar en estándares del patriarcado y de la sociedad, cuando nos imponen el término de la feminidad, cuando se utiliza como lenguaje un arma y como un medio machista. La palabra se ha utilizado, si no es para excluir, para desvirtuarnos directamente como mujeres.

Ante esta situación tan aberrante nosotras les decimos:

¡Nuestro cuerpo no es un botín de guerra!

Nos manosearon hasta el alma

Nuestro cuerpo no se toca, no se viola, no se mata.

¡Si tocan a una, respondemos todas.!”

(En memoria de todas las mujeres víctimas de la violencia sexual)

Es innegable que la cultura de la violencia hacia las mujeres se encuentra en lo más profundo de las entrañas de la sociedad colombiana; ha permeado cada rincón, cada aspecto de nuestro existir y a cada una de nosotras y nuestra dignidad, ha caminado por cada pueblo, cada urbe, cada institución y se ha incrustado en la mente de los hombres de esta tierra y nada que se va.

Sí, tenemos avances como la Ley 581 de 2000, pero al hablar en términos de eficacia nos quedamos en nada nuevamente y ni hablar de la representación de mujeres dentro Departamento de Administración de la Fuerza Pública, si a esto hacemos alusión. Mientras tanto, sus efectos son nefastos: la violencia institucional nos afecta a todas de manera distinta, dependiendo del contexto social, cultural y político en el que nos desenvolvemos, pero al final el daño es irreparable en muchísimos casos para todas. Si se pretende contrarrestar los efectos de la cultura patriarcal, las medidas que se adopten deben garantizar, también, un enfoque étnico, diverso y pluralista que tenga en cuenta nuestras particularidades.

El Estado no nos cuida ni sus instituciones ni mucho menos su estructura patriarcal, por eso hacemos un llamado a nuestro autocuidado, aún cuando creemos que nada nos queda, nos tenemos a nosotras, nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestros sentires. El autocuidado es un acto político, es una estrategia individual como colectiva para nuestras luchas, pues en una sociedad que nos quiere débiles, el autocuidado también es la resistencia.

Con todo esto, hoy nuestra voz es de rechazo. Rechazamos las acciones violentas ejercidas por la fuerza pública que transgreden los principios constitucionales y legales que arbitrariamente se han registrado en el ejercicio de movilización: homicidios, lesiones personales funcionales y anatómicas, desapariciones y delitos sexuales hacia las manifestantes. Rechazamos la cosificación y militarización ejercida en el cuerpo de las mujeres y las niñas. Es una práctica que ha sido constante en la historia de nuestro país, violencias ejercidas en función del género, la clase y los cuerpos racializados en todo el territorio, hoy la vemos reflejada en la coyuntura del movimiento social colombiano en las movilizaciones de las grandes urbes, pero también sigue dolorosamente vigente en la Colombia profunda; a esa Colombia no hace presencia el Estado garantizando los mínimos dignos para vivir, pero sí mediante la fuerza pública.

Por todo lo anterior, exigimos y defendemos lo siguiente:

  • Que se visibilice y no se olvide que toda estas problemáticas no se han originado solamente en el marco del paro nacional, las transgresiones y violaciones en detrimento a nosotras las mujeres permean todos los espacios, identidades y preferencias nuestras. Se deben erradicar estas aberrantes raíces tanto en el mismo pensar de las personas como en el actuar de la sociedad per se. Asimismo, reprochamos y exigimos eliminar todo lenguaje que fomente la violencia, la sumisión, el empoderamiento machista, la estructuración patriarcal, abusiva y desconocedora de la representatividad en las mismas instituciones y toda vulneración tendiente a omitir el quiénes somos en nuestra diversidad.
  • Que en ningún rincón de Colombia se vulnere el derecho a la participación política igualitaria, necesitamos que el Estado en cada región, garantice el cumplimiento de leyes, convenciones, y preceptos en general que nos hacen merecedoras de igualdad de oportunidades, que no sean meros discursos ni pregones de esa anhelada equivalencia, es hora de reprochar hasta el más mínimo abuso, nuestra lucha persiste.
  • De la mano de lo anterior, que se garantice una participación paritaria y descentralizada en las negociaciones que se adelanten con el gobierno en el marco de la coyuntura que atravesamos. Manifestamos nuestra preocupación en este punto, pues si bien el Comité Nacional del Paro agrupa diversas organizaciones, hay solo dos mujeres representantes. Lo anterior, dificulta claramente la participación política de mujeres que pongan sobre la mesa la situación de grave vulneración de derechos humanos que nos afecta y que aquí intentamos exponer.
  • Que las medidas que se tomen para el restablecimiento del orden público, en el marco del ejercicio del derecho a la protesta social, tengan un enfoque antiracista y de género que garantice los derechos de las mujeres en su diversidad, y en ese sentido, el respeto por nuestros cuerpos, que constituye, para cada una de nosotras, el territorio en el que habitamos, la memoria de nuestra historia y el puente que nos permite relacionarnos con el otro. En los últimos días, se ha evidenciado la irrupción arbitraria en los cuerpos de las mujeres que salimos a las calles en defensa de los derechos, esta situación nos genera diferentes afectaciones psicológicas y físicas que distorsiona la manera en la que nos desenvolvemos en diferentes espacios de lucha y liderazgo.
  • Que se garantice una especial protección de la vida y la integridad de las mujeres que hacen parte de cuerpos de Derechos Humanos. Muchas veces son ellas las que ejercen funciones de interlocutoras y mediadoras, siendo su situación de doble condición de vulnerabilidad, por cual exigimos su protección inmediata.
  • Que sean realmente efectivos los mecanismos jurídicos disponibles dentro de nuestro ordenamiento en materia de denuncias por vulneración, desconocimiento, violación y lesión de nuestros derechos en todos los ámbitos y desde todas las ópticas. No sin olvidar la verdadera necesidad de empoderarnos a la luz del sistema jurídico mediante la disposición de verdaderas herramientas para nuestra salvaguarda.
  • Particularmente en los casos de abuso y violencia sexual, la intimidad es uno de los derechos que más se vulnera a las mujeres. El común denominador es que para que el caso no quede en la impunidad, la víctima exponga su caso ante los ojos de una sociedad machista. Se hizo habitual que una mujer exponga su denuncia expresando con detalle cada acto vil del cual fue víctima a través de alguna red social y es así como muchas mujeres procurando obtener justicia y presionar a las instituciones , también se exponen a recibir toda clase de comentarios despectivos, machistas y crueles.Es lamentable que para lograr ser escuchadas , las víctimas deban someterse además al escarnio público y así se vulnere su intimidad personal y la de su familia.
  • Que no haya una revictimización, pues no nos creen, somos instrumentalizadas, juzgadas, encasilladas y fácilmente olvidadas frente a casos de denuncia por violación directa a nuestros derechos. Vivimos en una cultura que en lugar de cuestionar las acciones del agresor siempre se busca justificar dicha actuación, porque para esta sociedad la víctima siempre es la responsable de lo que le sucede, todo se debe a su inapropiada forma de vestir, a su imprudencia por salir sola y caminar en la noche o a su falta sensatez al decidir beber unos tragos y no controlarse. Siempre hay un algo que justifica el actuar del agresor y siempre la víctima debe someterse a relatar su historia una y otra vez, eso sí, ojo con cambiar una coma en la versión de los hechos, pues rápidamente los funcionarios encontrarán una excusa para afirmar que la víctima miente. Tal parece las víctimas deben hacer un guion de su dolor y contárselo a funcionarios que en la mayoría de los casos o son hombres o, meramente, carecen de empatía.
  • Denunciamos la violencia y discriminación hacia las mujeres en instituciones estatales como la Policía Nacional Colombiana; esto no solo es de uniformados a civiles, también dentro de la misma institución. Bajo ese verde olivo se esconden mujeres que han sido acosadas, violentadas y humilladas por superiores, quienes bajo esta figura patriarcal y machista de la jerarquía institucional se protegen; de 157.820 miembros de la policía nacional solo 21.304 son mujeres y 10.970 son patrulleras, con escasas posibilidades de ascender y por ello la poca representación femenina en las cadenas de mando. El miedo silencia sus voces, una vuelta más, un turno extra, días largos, pocas horas de sueño, donde tu cuerpo puede ser tu castigo al convertirse en el trofeo de otro, ya que lo que para muchos solo es un uniforme para algunas es su sueño y su vida, su tristeza y felicidad, y donde la impunidad reina y todo se esconde bajo la alfombra no queda más que callar al no encontrar un respaldo que haga eco con tu voz.
  • Queremos resaltar la importancia de los medios comunicación en el marco de la coyuntura que a traviesa el país; constituyen herramientas que ofrecen la posibilidad de visibilizar las situaciones de vulneración de los derechos humanos, incluyendo las diferentes violencias perpetradas contra las mujeres. Lo anterior, haciendo énfasis, en las zonas más apartadas del país, en las que los instrumentos tecnológicos son escasos y las vías de acceso a internet son nulas. En ese sentido, exigimos que no haya censura y que, por el contrario, se garantice una cobertura amplia e imparcial de la información.
  • Exigimos la desmilitarización de las ciudades, en el entendido que las negociaciones no pueden adelantarse en medio del actuar represivo y la violencia exacerbada de la fuerza pública y la constante criminalización de la protesta pacífica y los movimientos sociales.

Firmamos:

Carolina Fernandez, Isabela Hurtado Ruíz, María Leticia Campo León, Laura Daniela Unigarro Martínez, Manuela Calle Hernández, Viviana Ussa, Laura Daniela Trujillo Castro, Vanessa Josa, Cinthia Arrechea, Isabella Velez, Natalia Romero Martínez, Camila A. Leyton, Fernanda Orozco, Daniela Alexandra Caicedo, Yuri Ñañez Erazo, Yeniffer Ruales, María Antonia Cerón, Ana María Agudelo, Juliana Varona, Diana Muñoz, Viviana Férnandez, Alexandra Orozco, Karen Giraldo, Sofía Figueroa, Isabela Bolaños, Luz Neira Camacho, Mercy Plaza, Paula Delgado, Elizabeth Revelo, Stefania Ramirez, Laura Valentina Fernandez, Yulieth Orjuela, Valentina Pabón, Angie Lizeth Narvaez, Natalia Maigual, Geraldine Mosquera, Carolan Blue, Daniela Carvajal, Natalia Morera, Claudia Herrera, María Jose Valens, Carolina Lopez, Camila, Dany Lorena Larrahondo, Laura Orti, Eliana Acosta Santander, Dayana Valentina Lemos, Sofía Buchelly, Claudia Marcela Castrillón Belalcazar, Derly Muñoz, Yury Fernanda Trochez O.

ÚLTIMAS NOTAS

Sala Silenciosa

Sala Parlante

ETIQUETAS