martes 05 julio 2022

Entrevista a Gabriel Miremont: reflexiones en torno a los museos en la actualidad.

Daniela Laigle Saffier

1- ¿Qué es un museo? ¿Es suficiente en la actualidad la definición que aprobó el ICOM en el año 2007 en la 22° asamblea general en Viena y aún continúa vigente?ICOM (International Council of Museums)“Un museo es una institución sin fines lucrativos, permanente, al servicio de la sociedad y de su desarrollo, abierta al público, que adquiere, conserva, investiga, comunica y expone el patrimonio material e inmaterial de la humanidad y su medio ambiente con fines de educación, estudio y recreo.”

Más allá de la definición que hace el ICOM de los museos, que últimamente está en crisis, los museos son espacios dónde se comunica una idea a través del objeto como disparador de ese dialogo. La institución es la que crea el guión y el público que es el que consume, lee, y ve ese guión.
Es un sistema complejo de comunicación que hasta cuando no pone nada está comunicando. Es decir, la ausencia comunica también. Para mi, un museo es un espacio de encuentro para generar diálogos y transmisión de ideas.

2- Si pensamos desde la teoría del antropólogo Néstor García Canclini, quien considera a la sociedad de una manera intercultural. En el proceso de reimaginar al museo como un medio de comunicación: ¿Los museos están inclinándose hacia una  postura en que las obras de arte puedan ser apreciadas como parte de procesos sociales o aún falta tiempo?

No creo que haya que reinventar al museo como un sistema de comunicación. El museo es un sistema de comunicación. Todo lo que yo expongo ante la mirada y la vista (porque no es lo mismo ver que mirar) del público está comunicando algo. Entonces, lo visual es una forma de comunicación contundente. Qué objetos pongo en un museo, qué cuadros y qué textos muestro o qué objetos, cuadros y textos no. La gran mayoría de los museos del mundo son de objetos, porque son biográficos, temáticos, casas ambientadas o refieren a temas históricos. Los museos propiamente de arte son menos. En general cuando uno piensa en museos piensa en cuadros, esculturas y obras de arte. Insisto: los museos están hechos de cosas. Algunas cosas son cuadros, otras son un tren o una moneda. Los objetos están en los museos porque es la sociedad la que elige qué cosas resguardar, entonces, pensando en eso, son todos objetos, son todas cosas. Siempre los objetos de un museo son parte de un proceso social. Nada en el objeto dice por qué tiene que estar guardado en un museo. Ni por lindo ni por feo, ni por rico ni por barato ni por raro, ni por único ni por plural, no tiene por qué. Siempre, es la sociedad la que elige qué objetos guarda, qué cuadros exhibe, qué temas toca en el museo. Por eso, se dice que el museo está al servicio del entorno en dónde está. Entonces, siempre los objetos de un museo tienen qué ver con lo social.

3- ¿Considerás que es importante repensar al museo como un espacio físico pero también como una mezcla de lo real y lo virtual? Especialmente, teniendo en cuenta que la realidad de la pandemia logró acelerar procesos que ya estaban en marcha en este campo a nivel global.


Un museo no puede ser virtual, un museo es presencial. Necesita de la experiencia espacial con los objetos y los cuadros, todo es tridimensional y uno tiene una relación con ese objeto dentro del museo. Es la experiencia de estar ante ese objeto original lo que propone el museo, no el mero conocimiento técnico que eso si se puede hacer a través de la virtualidad. Uno virtualmente conoce una ciudad pero presencialmente la recorre, acá es lo mismo.
Las redes sociales y la virtualidad pueden ser complementarias a la labor del museo. En el sentido de la divulgación, del acompañamiento de cierta información. Pero no reemplaza, ni podrá reemplazar jamás, a la visita, a la presencia de estar ante un objeto, ante un cuadro. Estar recorriendo un museo tiene que ver con la espacialidad, con la experiencia, la vivencia de estar ante un objeto y percibirlo en bidimensión y con una fuente de luz. No como es en una pantalla, sino percibirlo cómo es ese objeto, relacionarse con ese objeto real.
La virtualidad no solo quita la tercera dimensión, el espacio, donde uno transita el museo, sino también altera el tema del tiempo. El tiempo que me pongo a observar, el tiempo que voy al museo, estoy dentro del museo y convivo con otra gente dentro de ese museo. Otra cosa fatal que altera es la percepción de la obra. Un cuadro tiene cierto tamaño y una relación con el espectador. Los objetos tienen un límite dentro del museo, que puede ser una vitrina o un exhibidor, por eso trabajamos la idea del voyeurismo y fetichismo. El fetichismo de esto estuvo en contacto con, lo pintó, lo tocó o fabricó  tal persona. Y el voyeurismo de lo veo, lo observo pero no lo puedo tocar, llego hasta acá. La obra de arte tiene un límite, yo me puedo acercar hasta un punto para verla y puedo ver hasta dónde mi ojo me lo permite, hasta dónde el artista quiso que yo vea. Por el contrario, en la virtualidad, amplio una imagen enorme en mi pantalla ya estoy alterando este pacto que tenemos, que hay entre el artista y yo.

4 – Al pensar en el territorio argentino, que es amplio, diverso y plural, ¿Es posible imaginar una mayor inclusión de los jóvenes por medio de las redes sociales sin caer en la fantasía de la democratización como resultado exclusivo de las nuevas herramientas tecnológicas?


El territorio argentino no solo es amplio sino también variado. No solo por su geografía sino por realidades económicas y realidades comunicacionales. Integrar más a los jóvenes a través de las redes es posible pero en realidad lo que nosotros mal llamamos “interior” o los lugares más alejados, primero tienen problemas de comunicación con respecto, no solo a tener wifi o tener un buen servicio de internet, sino a tener directamente electricidad. El otro día estuve en una ciudad del sur de argentina que cuando llegué me dijeron que hasta las seis de la tarde no había electricidad, dije: “okey, bárbaro, no celulares, no computadoras, no wifi”. Entonces, cuando uno imagina a la tecnología que incluye a las personas no piensa que no es pareja para todos.
Por otro lado, si está bueno integrar a los jóvenes. Pero creo que a los jóvenes se los integra con lo vivencial, como vos decís, a lo largo y ancho de este enorme país. Si en mi ciudad hay un evento, una exposición, o un evento cultural que me interesa, que tiene que ver conmigo, yo voy a ir mucho más a lo presencial que a lo virtual. Por eso no desaparece el cine, un libro, un recital o el teatro. La virtualidad complementa, no reemplaza a lo vivencial. La virtualidad puede ser una forma de convocar, anunciar y de expandir esa comunicación del museo. Pero no es la virtualidad lo que va a convocar al joven sino un buen producto cultural.

5- Museos y continuidad de gestión: ¿Cuál es el mayor desafío a la hora de extender las políticas culturales a lo largo del tiempo que puedan aportar al desarrollo de espectadores informados y activos que recorren los museos argentinos?


¿Qué es un espectador activo o un espectador informado? Parte de la función del museo es informar, formar, estimular. Activo porque deja un mensaje y porque responde algún estímulo. Activo porque después de ahí sale, lo comenta y genera el boca a boca que va a traer más público al museo.
Cuando hablamos de los museos argentinos tenemos que pensar que hay museos provinciales, municipales, nacionales, privados, museos institucionales que dependen de una institución nacional como el Museo del Banco Nación. ¿Cómo extenderla en el tiempo? Tiene que ver con políticas culturales pero sobre todo tiene que ver con política. La realidad es que cuando decimos que el museo está al servicio de su sociedad, está inserto en su sociedad por ende el museo tiene una relación directa con la realidad política. Hay un planteo ideal de cómo debería ser la gestión cultural y después hay una cuestión real a nivel político, en la que interviene lo económico, cuánto una gestión quiere destinar a cultura, cuánto del presupuesto de cultura lo quiere destinar a los museos o a renovar/mejorar los museos, divulgarlos y buscar nuevo o más público, y cuánto quiere determinada gestión trascender.
Con respecto a esto de trascender en el tiempo, hay dos situaciones: la primera es cuando se asume una nueva gestión tener la capacidad de análisis para preguntarse qué está bien hecho y seguir haciéndolo y ver qué se puede mejorar. No parar a foja cero porque eso lo hizo el gobierno anterior, la gestión anterior, la política anterior, el pensamiento anterior. Y la segunda es sacarse esta idea de après moi le déluge que cuando termina mi gestión ya no me importa más nada. Lo interesante es hacer planes a futuro, donde se pueda decir mi gestión la empieza y la siguiente la va a continuar. La primera actitud es, entonces, cuando asumo continuar las políticas anteriores y la segunda es, cuando me estoy yendo, dejar las herramientas para continuar, modificar o mejorar pero continuar ese plan de gestión. Mi experiencia a lo largo de los años es que muy pocas veces el cambio de gestión continua como una carrera de postas lo ejecutado anteriormente y lo completa, lo continua, mejora o actualiza. Sucede muy pocas veces por esta mezquindad política, que no se escapa de los museos, en donde “a lo que hizo el anterior yo lo voy a hacer mejor” pero no lo voy a continuar mejor sino que lo voy a hacer mejor entonces vuelta a foja cero. Es difícil planificar cultura y es difícil planificar política pero creo que el compromiso que tenemos que tomar es poder dejar armado un sistema para que las cosas continúen en el tiempo.
La cultura es la misma porque el arte es el mismo, porque los argentinos, el público es el mismo entonces, más allá de cual fuera la gestión, hay que continuar. Porque no hay que pensar que vuelve a empezar desde cero.
Los museos son lugares donde guardar memoria, donde proteger y divulgar esa memoria. Donde el objeto es lo que va a viabilizar ese dialogo, ya sea de arte, de historia, de ciencia o de la vida cotidiana. Pero a su vez los museos son instituciones pobladas de personas que tienen dos situaciones: una es el ego, a veces se olvidan que estamos en una institución y surge “el mi museo”. Y la otra es que la mayoría de los museos están dentro de la nación, de la provincia o del municipio. Entonces, de alguna manera, estamos atados a la cola del barrilete de la política.



Para finalizar el mensaje con algo esperanzador: siempre se pudo, siempre se puede y siempre se podrá hacer cultura, siempre vamos a encontrar la manera de agilizar el ingenio para no perder el horizonte, de tener los museos abiertos recibiendo gente, cuidando las conexiones y transmitiendo mensajes, siempre se puede. A veces cuando se dice “la pandemia cerró todos los museos” pienso que en la primera y segunda guerra mundial cerraron todos los museos y sin embargo volvieron a abrir mejorados. Mejor pensados y con nuevas condiciones. Entonces no es que la pandemia cerró los museos y hay que pasar todo a la virtualidad. También las guerras cierran museos y la paz los vuelve a abrir. Pasada la pandemia volveremos a trabajar en museos. Ya estamos transitando, de vuelta, las salas con gente y siempre se pudo y siempre se puede trabajar. No hay que perder esas ganas de trabajar, ganas de cuidar nuestro patrimonio para compartirlo. No alcanza solo con guardarlo y tenerlo bien cerradito, es para compartirlo. Para que sirva para sostener un mensaje, para que la gente llegue a encontrarse con ese patrimonio de la manera que quiera, para estudiar, aprender, divertirse y disfrutar. Uno puede ver un museo desde un lugar erudito y también simplemente puede verlo desde lindo, feo, me gusta, no me gusta, la paso bien o la paso mal. Nosotros ponemos el patrimonio a disposición del público.El público se acerca como quiere y en distintos momentos se va a acercar de diferentes maneras. Así que no hay que privar de esa oportunidad de estar cerca de nuestro patrimonio cultural porque es nuestro, es de todos.

Nosotros los trabajadores de los museos tenemos que hacer todo para que la gente sienta ese patrimonio y lo use, lo use en el mejor de los sentidos. Se acerque, lo use y lo disfrute.  

BIO

Gabriel Miremont nació en Buenos Aires, en 1968. Doctor en Historia. y Mtr. egresado por la Universidad de Valladolid. Miembro Ad-Honorem de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos.
Diseñador, realizador y primer Director del Museo de Arqueología de Alta Montaña de la Provincia de Salta, entre 2004 y 2008. Vicedirector y luego Director del Museo Histórico de la AFIP, CABA, entre 2002 y 2004. Curador del Museo Evita, del Ministerio de Cultura de la Nación, entre 2002 y 2016.
Realizó, entre los años 2003 y el 2015, el diseño y curaduría de más de un centenar de exposiciones temporales en diversas ciudades de la Argentina; Chile; Brasil; Estados Unidos; Alemania; y Vietnam. Sus últimos trabajos destacados entre 2020 y 2022 fueron en el Museo del Holocausto de Buenos Aires, el Museo Mercedes Sosa y el Museo de la Ciudad de San Miguel de Tucumán
Actualmente se desempeña como Director de la Diplomatura de Museología y Curaduría por la Universidad Católica de Salta.
http://miremont.com.ar/

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