sábado 06 marzo 2021

Elecciones presidenciales en Ecuador: tres polos y un gran olvidado

Digno Montalván Zambrano*

Con aproximadamente un 26% de indecisos e indecisas, Ecuador elegirá este domingo a su próximo presidente entre 16 candidatos: Andrés Arauz, el “perfecto desconocido”, un joven de 35 años que luego de ser ungido por el ex presidente Rafael Correa encabeza casi todas las encuestas; Guillermo Lasso, el representante de la derecha bancaria y conservadora del país, quien hasta la semana anterior se ubicaba en segunda posición; Yaku Pérez, el candidato ecologista y representante del partido indígena, firme candidato a segunda vuelta electoral (hecho inédito para dicha agrupación política); Xavier Hervas, el candidato “influencer”, quien ha logrado ubicarse en cuarto lugar gracias a su campaña en TikTok, y, finalmente, otros 12 candidatos que en conjunto no alcanzan el 10% de intención de voto.

El alto número de candidatos, contrario a lo que se podría creer, no expresa una mayor fragmentación del voto. Las encuestas muestran que los tres polos políticos que han dominado las últimas elecciones en el país siguen vigentes: el correismo, la derecha y la izquierda anti correista. Entre esos polos, la larga lista de candidatos ha evidenciado otras cuestiones: solo una de los 16 candidatos es mujer, reflejo de los grandes retos en materia de género que enfrenta el Ecuador; la popularidad del planteamiento anti-extractivista y de cuidado del agua del candidato de la izquierda indígena Yaku Pérez, muestra la creciente relevancia del discurso ecológico en el país, y, finalmente, la exitosa campaña en TikTok del candidato Xavier Hervas parece profetizar una mayor atención a la campaña en redes sociales en las próximas elecciones.

No hay duda de que el discurso de campaña giró alrededor del correismo representado por Andrés Arauz y el anti correismo de izquierda y derecha representado por los demás candidatos. La fuerte polarización entre estos dos extremos opacó temas que se pensaban serían centrales durante la campaña. Entre ellos, el más obvio, la pandemia del coronavirus. Respecto del proceso de vacunación, las propuestas han transitado entre ofrecimientos vacíos a imposibles. Guillermo Lasso, por ejemplo, ha prometido vacunar a 9 millones de personas durante los primeros 100 días de su gobierno con vacunas “occidentales” (como él mismo las ha denominado), tarea por demás inalcanzable en medio de la pugna global por el mercado de vacunas. Los debates, cuestionamientos y críticas entre candidatos no se centraron en la estrategia de combate al coronavirus. La pasividad respecto de este tema -tan central para el presente y futuro del país- parece haber sido pactada entre los candidatos.

Del mismo modo, aunque parecería inevitable decir que estas elecciones servirán para evaluar la actuación del actual gobierno en el control de la pandemia, por sorprendente que parezca, este no es el caso. La imagen del actual presidente del Ecuador, Lenin Moreno, y de su equipo de trabajo, ya se encontraba en niveles mínimos de aceptación mucho antes del inicio de la pandemia. Moreno, uno de los principales críticos de Rafael Correa (a pesar de haber llegado a la presidencia en 2017 como candidato del correismo), vio severamente reducida su aceptación luego de que, en octubre del 2019, decretara un repentino aumento del precio del diésel y la gasolina. El rechazo a la medida fue masivo e inmediato, las protestas del movimiento de transportistas y del movimiento indígena provocaron que el país se paralizara durante diez días. El gobierno de Moreno, por su parte, respondió con una fuerte represión policial y militar producto de la cual murieron más de una decena de personas y mil quinientas resultaron heridas. Luego de ello, el presidente Moreno inició el 2020 con un rechazo de alrededor del 80%, el más alto desde el retorno a la democracia en el país, y todo parece indicar que al final de su mandato su aceptación será menor al 7%.

A pesar de lo anterior, la falta de legitimidad del gobierno actual no le ha impedido ser un actor central del proceso electoral. Por un lado, las enormes deficiencias del proceso electoral han devuelto los ojos no solo a los vocales del Consejo Nacional Electoral (CNE) sino, también, al presidente. Este, luego de un referéndum y consulta popular promovido en 2018, fue protagonista en el nombramiento de los miembros de este organismo electoral, ahora, altamente cuestionado. Entre los “tropiezos” que ha tenido el CNE se encuentran: impugnaciones (algunas, aún en trámite) de partidos que fueron eliminados un día antes de la convocatoria a elecciones; varios intentos de frenar la candidatura del correista Andrés Arauz. El más reciente, la solicitud de uno de los vocales del organismo de retirar los derechos políticos al candidato por, supuestamente, ofrecer test gratuitos de Covid; el error en la impresión de 6 millones de papeletas presidenciales a tres semanas de las elecciones; el retardo en la aprobación del presupuesto electoral; la falta de papeletas para el voto de los y las migrantes, entre muchos otros.

Por otro lado, el nombre de Lenin Moreno ha adquirido niveles tan altos de impopularidad que todos los candidatos han buscado marcar distancia respecto de su gobierno. Esto, a pesar de haber actuado como sus aliados anteriormente. El correismo, por su parte, ha potenciado el discurso de la “traición de Moreno” con el objetivo de distanciarse de un presidente cuya candidatura patrocinó en 2016; Yaku Pérez, quien apoyó la consulta popular y referéndum convocado por Moreno en 2018, ha buscado mostrar los vínculos del actual presidente con el banquero Guillermo Lasso, y, finalmente, este último, ha buscado omitir cualquier referencia a su evidente intervención en la política económica de Moreno.

En este fuego cruzado -y altamente endogámico- el correismo y el candidato Yaku Pérez han sido los ganadores. Por un lado, Arauz llega a la primera vuelta como el indiscutible favorito. A pesar de su prácticamente nula relevancia política hasta septiembre del 2020, el espaldarazo de Correa, desde el exilio y de forma digital, le ha ayudado a consolidarse en pocos meses como el gran favorito. Por otro lado, Yaku Pérez ha sabido mantenerse al costado de los ataques Arauz-Lasso captando la atención y, posiblemente, el voto de gran parte de la ciudadanía que no se ve representada ni por el correismo ni por la derecha. Su postura centrada en la conciliación y el discurso ecológico le ha dado altas opciones de llegar a segunda vuelta. De darse este escenario, el correismo se puede ver en riesgo. Yaku, candidato de izquierda y anti correista, en una eventual segunda vuelta frente Arauz podría movilizar el voto tanto de la izquierda como la derecha anti correista, elevando considerablemente sus opciones presidenciales. De ser Lasso quien pase a segunda vuelta, Arauz se podría beneficiar del voto ideológico de Yaku, el cual, difícilmente, se trasladará hacia la derecha. En este segundo escenario, el triunfo de Arauz parece más probable.

Sea cual sea el resultado de este domingo, algo parece seguro, el eje correismo-anti correismo no desaparecerá. Correa sigue marcando la vida y el ritmo político del país. La movilización política y ciudadana que aquello produce puede ser valiosa, pero, al mismo tiempo, altamente peligrosa. Mantener el discurso político centrado en el legado de una persona -como pasó durante los últimos cuatro años y la campaña electoral- puede desviar la atención de los temas realmente importantes para el país. Si Correa sigue siendo el centro de discusión, corremos el riesgo de olvidar los grandes debates, aquellos que marcarán el presente y futuro del país: salud, educación, política ecológica, transición energética, violencia contra la mujer, política fiscal, nutrición y satisfacción de necesidades básicas. Todos estos temas deben trascender la centralidad correista, promovida tanto por partidarios como por opositores. Buscar un mesías en el que depositar todas nuestras esperanzas, o un demonio al que seguir culpando cuatro años después de los problemas que afrontar el país, no es más que una estrategia de distracción en la que el único perdedor, el gran olvidado es el país.    


*Abogado ecuatoriano, master en derecho constitucional. Actualmente trabaja como investigador predoctoral de la Universidad Carlos III de Madrid-España. Es co-coordinador del taller sobre el derecho y la justicia de la misma universidad y editor de Eunomía, Revista en cultura de la legalidad.

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