domingo 24 octubre 2021

Entrevista a Eloy 393: “El freestyle es una de las mejores formas de integración individual o grupal que existe”.

Nerea De Diego*

Eloy Rodríguez, A.K.A. Eloy 393 es un freestyler español de 23 años, nacido en Castellón de la Plana (Comunidad Valenciana). Vive en Cantabria desde hace 18 años, dado que toda su familia es de allí. Estudió Magisterio de Educación primaria en la Universidad de Cantabria y actualmente está estudiando oposiciones para ser maestro. Su principal fuente de ingresos son las competiciones de freestyle. En la presente entrevista, Eloy nos contará su perspectiva personal acerca del entorno de las batallas de rap en calle y otras cuestiones pertinentes. 

¿Cómo empezaste?

Escucho rap desde los 8 años, veía videoclips de raperos españoles en Sony Música (una influencia temprana fue Nach). Empecé a escribir a los 10 para mí mismo y empecé en batallas con 17 años porque amigos míos ya improvisaban. Al principio me echaba para atrás, pero un día me animé.  Pensé que lo hacía mal, pero no demasiado, así que seguí practicando hasta ahora, llevo 6 años compitiendo por todo el Estado. 

¿Podría decirse entonces que empezaste por influencia de colegas cercanos?

Podría decirse que sí, aunque también era seguidor. Me gustaba ver las competiciones, pero no conocía a nadie con quien compartiera esta afición. Vi que existía un grupo en Torrelavega de freestyle y que se movían bastante, al ver que había algo cercano en la propia comunidad me llamó la atención y decidí probar. ¿Cómo fue el salto de calle a escenario?

En realidad, mi priera batalla fue en escenario, en la sala Rock Beer The New (Santander). Estuve 4 años compitiendo a nivel regional en calle y a raíz de la North Music y Supremacía (ganó la nacional de North Music y la regional de Supremacía) empecé a viajar por escenarios. Luego llegó Red Bull y empecé a competir más en escenarios que en calle, aunque sigo bajando siempre que puedo. Considero que, si bien a nivel internacional no demasiado, a nivel nacional soy conocido, pero no hubo ningún salto brusco, fue un paso natural y progresivo. 

¿Cómo era el ambiente cuando empezaste en comparación con la actualidad?

Hace años la gente rapeaba en calle porque les gustaba rapear, no por competir. Era un plan con tus colegas, un método de ocio gratuito, pero con la masificación de las batallas y la entrada de grandes empresas y seguidores, está cogiendo un aura de competitividad excesiva donde ya no importa tanto el pasarlo bien como el ganar para poder convertir esto en un trabajo. 

¿Consideras que es negativa la entrada de sponsors al mundo del free?

No, pero sí. No es negativo que algo que te guste pueda ser tu trabajo, pero con la llegada de las empresas se tiende a lo “políticamente correcto”, nos convertimos en un producto que debe acotarse a lo establecido para que estas empresas decidan publicitarnos. Esto corta la vena artística de lo que es el freestyle, no podemos decir libremente lo que pensamos, a veces tenemos que enfocarnos en lo que vende y lo que nos va a suponer menos problemas. 

¿Los jurados se basan en estas consideraciones para votar? 

Depende. Cada persona es un mundo, pero si es cierto que hay jurados que valoran más lo “políticamente correcto” y lo pedagógico. En mi opinión, los raperos no se dedican a educar a nadie y no tienen por qué ser tomados como ejemplo, ídolos o representantes a seguir. 

¿Qué diferencias ves en las dinámicas del escenario y la calle? 

Tanto en calle como en escenario son bastante buenas, de hecho, a nivel escenario suelen ser mejores que en calle porque te reúnes con gente que no ves muy comúnmente. Como en la calle nos vemos todas las semanas, pueden surgir ciertos roces. En cualquier caso, no suele ser lo común y son bastante positivas en todos los ámbitos, se crean relaciones de amistad muy fuertes. 

¿Cómo surgen estas las relaciones? 

Nos solemos conocer y se suelen crear los lazos en las propias competiciones de calle, se establecen conexiones entre diferentes grupos… en el caso por ejemplo de Cantabria, se junta gente de Santander, Torrelavega, Bezana, Sarón… y se establecen vínculos que acaban derivando en amistad. Existe un sentimiento de cuna, pero no una sensación de pertenecer a un grupo cerrado (hace énfasis en que él no lo considera una tribu urbana), sino a un grupo de personas que se llevan bien y les gusta hacer las mismas cosas.

¿Consideras que estos círculos están compuestos por personas de clases bajas o, por el contrario, crees que es un estigma condicionado por los estereotipos? 

Hay de todo, desde la persona más pudiente con una familia “bien” posicionada, hasta la persona del barrio más marginal sin recursos ni oportunidades. Hoy en día es muy heterogéneo y cada vez más. 

¿Son las batallas de calle una forma de ocio alternativo? 

Sí, rotundamente. Tiene todo lo necesario para considerarse ocio alternativo. Es una forma de pasar la tarde con mucha gente diferente, hacer algo que gusta -que no cansa- durante muchas horas y que no requiere un desembolso económico ni implica el consumo de alcohol y drogas. Es una forma de ocio bastante más sana y económica, que además estimula el cerebro. Si bien es cierto que puede darse el consumo de drogas, es complementario, no es, ni mucho menos, la premisa principal. 

¿Tienen impacto en la sociedad las batallas de freestyle? 

Mucho. Hay batallas que se ven más que muchísimos canales de TV nacionales, las empresas empiezan a implicarse más y se está empezando a comercializar, pero esto implica más toxicidad e individualismo (se busca más el crecimiento personal al del colectivo…)

En cuanto a repercusión mediática, los freestylers más conocidos tienen millones de seguidores y evidentemente muchos de esos seguidores son menores, muy influenciables. El freestyler debe saber manejar eso y saber qué hacer en según qué momento, sin autocensurarse, pero entendiendo los contextos y mostrando una imagen real sin hacer apología de actitudes dañinas. Hay que encontrar el equilibrio. 

En el sentido positivo, las batallas fomentan el pensamiento crítico social, sin aceptar lo establecido ni lo que se muestra en los medios como normativo. Los recursos que se utilizan se regeneran continuamente, por lo que se suelen tratar temas a la orden del día. Además, ofrece la oportunidad a la juventud de identificarse con algo que antes solía estar estigmatizado y que ahora gana cada vez más reconocimiento. Puede dar a conocer también el hip hop y el rap en los medios, lo que repercute en otros autores y cantantes. 

¿Están las batallas politizadas? ¿Consideras esto algo positivo? 

No lo están, pero pueden llegar a estarlo porque cada vez hay más elementos que tienden a la politización, muchas de las temáticas tienden a estar politizadas. Algunas organizaciones les han prohibido previo a la competición hablar de ciertos políticos, ayuntamientos, temas… No es una regla que si no cumples pueda repercutirte de forma negativa, pero sí existe una tendencia a acotar políticamente el freestyle. Considero que la politización de las batallas es negativa. 

Si entendemos esta politización como algo meramente institucional (polity) ¿Cómo compaginar la crítica social con la “no-politización”?

Debe establecerse una forma de advertir que lo que se está realizando sobre el escenario es teatro, pero basado en la realidad, de la misma forma que muchas películas son ficción, pero incluyen un mensaje político crítico. 

¿La profesionalización del freestyle ha creado una individualización de lo colectivo? 

Sí, los freestylers están buscando más el beneficio propio en detraimiento del colectivo. Si bien hay freestylers que generan más dinero del que reciben, cada vez se pide más dinero por competir y hay otros muchos que piden más dinero del que generan. Es cierto que se busca también el crecimiento del colectivo en las batallas, pero siempre que el individuo tiene la espalda cubierta. 

¿Hay competiciones que potencian estas actitudes? 

Las competiciones que se dedican a esto no, pero ayuntamientos o promotores eventuales que no conocen tanto el mundo, sí tienden a priorizar el aspecto económico. 

¿Cómo puede influir a la juventud el asistir a batallas de calle? 

Las personas que no disponen de grupos de amigos amplios pueden acceder a oportunidades que antes no tenían, para empezar porque se les proporciona un lugar donde expresarse. Puede suponer una salida a otro tipo de problemas, como drogas o la violencia. Otro punto muy importante es la diversidad culturad que existe: convives con personas con valores, etnias, ideologías, procedencias, clase social… muy diferentes, lo cual enriquece y nutre a una persona, te saca de lo establecido.

¿Consideras que existen diferencias de género dentro de las batallas de gallos? 

Hay machismo, sí. Por otro lado, una chica que entra por ser chica es más valorada que un chico con el mismo nivel de rapeo, esto es porque las empresas buscan un reclamo para unirse a la ola del feminismo, aunque no deja de ser otra forma de machismo. Ahora los círculos son menos cerrados que antes y el hecho de que cada vez más mujeres participen en las batallas, hace que otras se animen a hacerlo. Esto repercute a su vez en su nivel de freestyle porque, al participar de más competiciones, adquieren más experiencia y, por ende, tienen más aptitudes, lo que hace que cada vez se clasifiquen más mujeres en competiciones importantes. Dentro del círculo de batallas las mujeres son una más, aunque luego en las batallas le ataquen por su género, de la misma forma que se utilizan otros recursos repetitivos humillantes para otras personas. El problema viene cuando -fuera de contexto- se ataca a las mujeres por el hecho de serlo, cosa que puede ocurrir y que es un problema serio. Dentro del contexto de las batallas, autolimitarse frente a una mujer es también machismo, porque la estás infravalorando y dando por hecho que no va a ser capaz de responder. 

¿Qué opinas del panorama del freestyle en otros países de Iberoamérica?

Están a otro nivel que en España. Chile y Argentina por ejemplo no lo toman como algo esporádico, sino como una cultura a nivel nacional. Aceptan el rap y el freestyle como si fuera una exposición de arte, donde van miles de personas a una plaza, sin altercados. Hay eventos todos los días, como si fuera una propuesta cultural más. Surge también de zonas mucho más desfavorecidas y lo usan para combatir la marginalidad y la delincuencia. Se fomenta el respeto hacia todas las culturas, en general el hip hop es un movimiento que promueve que no existan banderas ni fronteras. En ese sentido, lleva muchos años de ventaja frente a otros ámbitos culturales. 

¿Otros apuntes?

El freestyle es una de las mejores formas de integración social o individual que existe, de culturización a nivel individual y grupal también y uno de los métodos más sanos de interactuar con diversas personas y establecer lazos entre ellas. Es una de las disciplinas artísticas que más ha avanzado en el respeto entre estados, porque surge de un grupo de afroamericanos marginados en el Bronx, por lo que sería contraproducente perpetuar estas dinámicas de marginación. Animo a todo el mundo que no se atreva a bajar a la plaza a dejar atrás la vergüenza y a asistir, que se lo van a pasar muy bien.


*Estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid, activista en diferentes colectivos sociales desde 2016 y actualmente militante de Cantabristas.

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