domingo 09 mayo 2021

El derecho a tener derechos

Miguel Antonio Guevara*

Para nadie es un secreto que el estado de los Derechos Humanos está comprometido en cualquier parte del mundo. En pleno siglo XXI, en vez de estar gozando de plenas libertades, los ciudadanos vemos con nuestros propios ojos cómo los modelos democráticos se han debilitado, mermando considerablemente la noción de derechos. En estas líneas reflexiono al respecto a partir de las palabras de la filósofa Hanna Arent: el derecho a tener derechos.

Un tiempo inédito

El tiempo inédito provocado por la aparición del Covid-19 ha puesto a los filósofos contemporáneos de todas las corrientes a interpretar el estado actual de las cosas.

La mayoría de ellos ve un escenario poco alentador, sin embargo, cada uno ha caído en la misma zanja: dar por sentado asuntos de un fenómeno que todavía está sucediendo.

Hace tiempo que el debate sobre las libertades no estaba en tal estado de ebullición. Y no es gratuito. La pandemia llega en un momento en que diversas identidades políticas estaban en pleno levantamiento y han pasado de la protesta al distanciamiento social obligatorio.

Y no solo en América Latina. El coletazo va desde Asia hasta al norte de nuestro ancho continente; todavía el estado de conmoción por el asesinato de George Floyd sigue latente en los Estados Unidos, que actualmente es el país con más contagiados y fallecidos por la pandemia.

Parece que la crisis multifactorial se manifiesta por donde menos se le espera.

El fantasma del totalitarismo

Si en algo podemos estar de acuerdo en medio de las diferentes posturas sobre el estado de las cosas es que vivimos una crisis profunda, sistémica, estructural.

Y parece que en algo más se ponen de acuerdo también otras entidades, como es el caso de los Estados; todos los modelos democráticos occidentales y no occidentales parecen coincidir en otra cosa: la reducción de los derechos.

Aunque bien avanzado el siglo XXI, parece que el fantasma del totalitarismo está al acecho, es por ello que este artículo tiene el nombre que tiene, una evocación a la filósofa Hanna Arendt, quien nos legaría ese mandato, el derecho a tener derechos.

¿Por qué rescatar esta noción en medio de un mundo globalizado, de la big data y la 4ta revolución industrial? Parece que por más distópica que sea la situación, por más tintes futuristas o nivel de “desarrollo” que hayamos alcanzado, el estado de los Derechos Humanos sigue siendo, así como otras áreas de la vida en sociedad, una dimensión existencial precarizada.

Un nuevo momento de participación pública

Solo se pasa de un estado de las cosas a otro con el accionar. La inacción, aunque es una importante premisa filosófica oriental, cuando se trata de pujar por derechos no es la mejor de las estrategias.

Las democracias han perdido su potencia, y ese resultado viene de haber traspasado a otros la responsabilidad de nuestro destino, que no es una actitud política propia de las democracias incipientes, sino más bien, como ya he comentado, de una situación actual de las cosas.

Parece que fuésemos atletas que pasamos el testigo a otros, ya sea porque son más aptos o porque no queremos participar. O peor aún, porque se nos impone una forma de hacer política.

El tiempo actual demanda una nueva forma de participación pública. Porque precisamente el derecho a tener derechos no es un mandato que se cumpla solo o que debe quedar en marco del Estado o de particulares privados.

Los Derechos Humanos pertenecen a todos nosotros y solo nosotros podemos hacerlos valer con nuestra participación.

Ya es un lugar común hablar del estado en que se encuentra América Latina; sin embargo, no deja de ser la mirada puesta en un solo lugar del cuadro. Si nos alejamos y vemos el paisaje completo podremos darnos cuenta que el mundo vive un cambio profundo en donde las principales víctimas han sido los derechos y nosotros somos apenas un elemento de un gran sistema en crisis.

Pertenecemos a ese todo problemático, el escenario se asemeja al de cualquier otra persona o comunidad fuera de nuestras fronteras: solo nosotros podemos zarandear la situación encarnando esa premisa, haciéndola propia en el encuentro con nuestros semejantes y así fundar ese nuevo momento de participación pública.

Porque el derecho a tener derechos es una necesidad y al mismo tiempo una posibilidad, una conquista común.


* Miguel Antonio Guevara (Barinas, Venezuela, 1986). Escritor. Sociólogo del desarrollo, maestrando en filosofía latinoamericana. Publicado y premiado en narrativa, ensayo, poesía y periodismo en Colombia, Venezuela y Suiza. Su “nouvelle” Mahmud Darwish anda en metro (El Taller Blanco Ediciones, 2019) recibió elVI Premio Nacional Universitario de Literatura «Alfredo Armas Alfonzo». Los pájaros prisioneros solo comen alpiste (LP5 Editora, 2020) es su novela más reciente. Escribe mes a mes su columna de crítica Postales distópicas en el portal MenteKupa y es autor del blog Cuaderno Hipertextual. Actualmente prepara un volumen compilatorio de su poesía titulado Mudable, Antología transitoria 2009-2019 (Ediciones Madriguera).

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