domingo 24 octubre 2021

Desigualdad, Selectividad Estratégica y futuro: las ventanas del covid-19 en la educación

Cristina Briongos Garcés*

Qué ocurriría si de un día para otro los noticiarios anunciasen el cierre prácticamente universal de las escuelas de todos los niveles, si los centros escolares de 193 estados tomasen esa decisión afectando a más del 90% de los estudiantes [1]. Dicho escenario se presentaba impensable hace tan solo un año, incluso impensable el 30 de enero cuando el Comité de Emergencias del Reglamento Sanitario Internacional declaró el brote de Covid-19 como Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional. Sí fue el 11 de marzo cuando estuvimos un poco más cerca de comprender que estábamos siendo participes de una crisis sin precedentes, la OMS catalogaba lo acontecido de pandemia global, hecho que también ponía en jaque a la educación desde la obligatoriedad instrumentada gradualmente desde el siglo XIX.
Aludiendo a la salvaguarda de la salud pública se iniciaron cierres reactivos y proactivos en diferentes centros educativos con el fin de evitar acumulaciones de personas y, con ello, la difusión del virus. La situación obligaba al despliegue acelerado de soluciones, a replantear los métodos de enseñanza en dirección a la educación a distancia con el fin de asegurar la continuidad pedagógica y, con ella, la garantía del derecho a la educación. Este período de educación remota de emergencia, sin embargo, no tuvo en cuenta -por la celeridad requerida- otra pandemia agravada por el covid-19 y que cuestionaba el derecho a la educación: la desigualdad.

A lo largo de este escrito, que lejos de ser ambicioso tan solo pretende dar algunas pinceladas sobre los aspectos más trascendentales en relación a la educación y la desigualdad con respectoa la crisis del Covid, debemos abordar el factor socioeconómico como elemento determinante en la educación y la oportunidad de reforma que brinda la pandemia al evidenciar las carencias del sistema. Si nos encontramos ante un fenómeno sin precedentes desde el s.XIX quizá sea momento de realizar una reforma a su altura, hacia una educación de calidad que nos prepare para el mañana, pero sin olvidar que la reforma curricular es necesaria pero no suficiente, pues sin la igualdad social no hay reforma real.

1 – Educación remota de emergencia: ¿se ha vulnerado el derecho a la educación?

La celeridad por la emergencia del Covid-19 ha generado, inevitablemente, impactos pedagógicos ante la ausencia de reflexión. Pese a que ni debe ser ni es posible que la educación virtual sustituya la presencialidad, se ha mantenido la concepción tradicional de la misma haciendo que se vean agravadas las consecuencias del déficit de acceso instrumental (conectividad, equipos), muy marcado por el nivel socioeconómico de las familias, y cuestionándose el acceso real (apropiación de las tecnologías en términos de formación) durante el “confinamiento educativo”.

Con el cuestionamiento de ambos accesos se ha empezado a plantear la vulneración del derecho a la educación, pero ¿por qué? Si la educación formal se caracterizaba hasta el confinamiento educativo por su alcance masivo a través del aula, construida sobre la idea del “para todos y para cada uno” (principio de igualdad), con la educación remota de emergencia el aula desaparece sin garantía, al menos inicialmente, de dicho principio. La educación formal excede en estas circunstancias la clase presencial, exigiendo un mayor activismo pedagógico por parte de los estudiantes y evidenciando y profundizando una desigualdad ya presente en el aula. Con ello, los sectores vulnerables pierden acceso a contenidos por ser inalcanzables en sus contextos familiares, desconectándose del ritmo académico e incrementándose el abandono escolar -especialmente educación superior-. Además, es importante señalar que el mantenimiento de un método tradicional, menos flexible y ya cuestionado antes de la pandemia, agrava esa desigualdad pues la flexibilidad de otros planteamientos que veremos más adelante permite compartir dispositivos dentro de una misma familia y no la conexión durante la misma franja horaria de los diferentes miembros.

Por todo ello, sin la suficiente intervención positiva del Estado tras el cierre de instituciones educativas en zonas con un grado de desarrollo socio-económico bajo pone en riesgo dichoderecho, cuya finalidad aparece en el caso del Estado Español en el artículo 27.2 de la Constitución Española y que tiene tanta importancia como el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales.

Sin garantías del derecho a la educación, por tanto, no habrá democracia. El impacto en la equidad por la falta de presencialidad y el cambio de metodología no puede quedar oculto por la igualdad formal, debiéndose reparar las pérdidas de aprendizaje para no dejar a ningún estudiante atrás cumpliéndose también con los ODS 2030.

1.1 – Educación como derecho y pilar de la democracia. Selectividad estratégica del Estado.

“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en este claroscuro surgen los monstruos” dijo Gramsci. En esa situación, en la coyuntura en la que vivimos, debemos elegir -y construir pues no solo se trata de una mera abstracción- entre (1) una sociedad más desigual oculta bajo la igualdad formal y cuya reproducción se dé bajo un sistema educativo rígido, es decir, una prisión de la que no se quiere escapar por no ser conscientes de que existe, o (2) el crecimiento como sociedad igualitaria y más democrática pues el contenido de los derechos, como dice Enrique Gil Calvo, es medidor real de la democracia.
Debemos tener en cuenta que la educación es un derecho social, de aquellos que nacen tras la Primera Guerra Mundial junto a la idea del Estado Social. Por tanto, debemos destacar que no se trata de un derecho de libertad si no de igualdad, ya que al pertenecer a la segunda generación buscaba ir más allá de la igualdad formal, avanzar hacia una mayor igualdad real con el aumento de la intervención estatal -lejos de la “no intervención” de la primera generación -.
Sin embargo, tras esta tendencia evolutiva de los derechos donde se pedía a “papá Estado” que pusiese sus engranajes a disposición de la igualdad para intentar frenar la tendencia de un capitalismo competitivo liberal y colonial que hacía peligrar la reproducción social de la clase trabajadora y, con ello, del propio sistema capitalista,se produce la reducción de los Estados del Bienestar y, con ello, la crisis de protección social sobre todo en el conflicto autóctonoinmigrante, este último poco protegido político y socialmente.

Este resumen vago y breve sobre la evolución de los derechos aparece aquí para hacernos ver cómo la libertad no puede existir en su dimensión negativa, es decir, en el sentido de no coacción propia del liberalismo sin antes conseguir y trabajar su dimensión positiva: la igualdad de oportunidades y, por tanto, de capacitación. Por ello, la democracia avanza con ayudas hacia la autonomía personal que garantizan esa igualdad mientras retrocede con los recortes, lo que extrapolado a nuestra situación (la desigualdad que surge al desaparecer el aula) implica que sin las ayudas necesarias no habrá libertad.

En cuanto a la igualdad, debemos ir más allá de la ausencia de discriminación (igualdad negativa) y profundizar, sobre todo en este momento, en la compensación: ayudas a las familias, para que pueda conseguirse la igualdad, pues el desarrollo democrático implica la integración e igualdad favoreciendo a los desiguales. Esencial en ello es la recuperación del conocimiento perdido en estos meses. No debemos olvidar, además, que habitualmente la desigualdad se encuentra condicionada por la raza o el género; viéndose agravada en la educación superior donde se han producido impactos financieros por la pérdida de becas de movilidad o requerimientos académicos.

Así, el coronavirus ha llegado a nuestra sociedad para evidenciar algunas realidades. En primer lugar, la tendencia reduccionista de los Estados del Bienestar llevada a cabo por el neoliberalismo es directamente proporcional a un ataque contra la democracia: no puede haber libertad ni igualdad negativa sin antes avanzar y lograr la igualdad y libertad positiva que se consigue con los Estados del Bienestar sólidos. En segundo lugar, en situaciones de crisis se llama a “papá Estado” como ente gestor y regulador -incluso desde el propio mercado que en otras ocasiones pretende su vaciamiento-, como director que marque el ritmo ante la ausencia de la mano invisible.

Por último, la tendencia reduccionista del Estado del Bienestar practicada por el neoliberalismo en los últimos años no solo ha generado la merma de la sanidad pública, que hoy es salvaguarda de miles de vidas, sino que también ha desmantelado el sistema educativo al reducir el presupuesto destinado a la educación pública (mayor ratio de alumnos por profesor, menos centros educativos, menos ayuda individualizada, menor investigación pedagógica etc.) generando una tendencia que será complicada revertir. Difícil puesto que el Estado, al ser heredado con una serie de selectividades estratégicas -una especie de condena fruto de las
batallas históricas- hace que no pueda ser entendido como una mera herramienta neutral. La selectividad estratégica es enemiga de la democracia, sin embargo, tampoco existe una determinación invariable estructural: el Estado es una relación social entre fuerzas políticas mediada por el sistema estatal y su determinación depende de la correlación de fuerzas.

Es exactamente en esa correlación donde jugamos nosotros, como sociedad, un papel fundamental. Por ello, pese a que existan las dificultades para revertir las tendencias pasadas, debemos acercarnos al Estado con el pesimismo esperanzado, es decir, conociendo sus ventajas y aprovechando las ventanas de oportunidad al cambio: debemos presionar en dirección a la igualdad y libertad real que ofrece la educación aprovechando la ventana abierta por la pandemia.

2 – Muchas reformas, pocos cambios: Trabajar la igualdad “sin olvidar el futuro”

La tónica general, y concretamente en el caso del Estado Español, ha sido realizar reformas permanentes en el método educativo y los currículos que, sin embargo, no han cumplido como deberían las expectativas creadas ni el resultado debido: acomodar la educación a un mundo cambiante y mejorar los resultados obtenidos en cuanto al nivel académico y el fracaso escolar.

A lo largo de este breve apartado pretendemos sostener la siguiente idea: el fracaso escolar se encuentra principalmente relacionado con la clase social de las familias, habiéndose agravado no solo por la falta de acceso instrumental sino por la concepción tradicional y la imitación de la presencialidad durante el confinamiento educativo. Además, la reforma educativa es una realidad que nos apremia si queremos avanzar en dirección a una democracia real. En primer lugar, pese a la idea que frecuenta el imaginario colectivo, el fracaso escolar no es un fenómeno complejo o multicausal. La clase social es la principal causa y, sin embargo, pasa desapercibida en el debate educativo y en la agenda política en relación con este ámbito. La
pérdida de fuerza del discurso de la desigualdad tras la caída de la URSS, la percepción delnfracaso como algo individual consecuencia del reducido tamaño del aula y el control de la agenda mediática y política por clases medias y altas, donde el fracaso escolar si es individual, son los motivos de esta invisibilización. Sin embargo, pese a que entorno al 70% de las causas de abandono y fracaso escolar tienen que ver en el caso español con los temas ajenos al sistema educativo, las reformas siempre se han orientado hacia él, obviamente, con pocos resultados pues la desigualdad social y la pobreza infantil generan un fuerte impacto negativo.

Cabe destacar, además, que si bien en la antigua normalidad se estimaba que entorno al 50% del fracaso escolar dependía de características sociales del estudiante (genero, raza, clase social), el 18% de la escuela (básicamente, la composición socioeconómica de los alumnos que asisten al centro) y un 6%, la influencia de los métodos didácticos, estos últimos -los métodos educativos- han cobrado importancia con el Covid-19. La virtualidad ha llevado a que aquellos con menos recursos y, por tanto, sin acceso instrumental óptimo, se desenganchen del ritmo requerido, aumentando la importancia del método en relación con la clase social. Como mencionábamos anteriormente, si la metodología es flexible puede permitir compartir dispositivos etc. hecho que no sucede con la educación tradicional. En la misma línea, siendo conscientes de que se señalan tanto los aspectos culturales de clase como los de tipo económico como causantes de dicho fracaso, la pandemia ha provocado que la influencia del entorno familiar aumente y el coste de las materias conexas cuyo coste no está cubierto en España (wifi, ordenador, etc.) aumente. Con ello se hace mella en la educación y consecuentemente en la libertad e igualdad positivas, esenciales para la democracia real. En definitiva, el fracaso escolar debe ser combatido con políticas sociales, Finlandia ya ha probado esa fórmula milagrosa con
una educación gratuita incluso en materias conexas con resultados muy positivos.

Por otro lado, la pandemia evidenció las carencias del modelo tradicional centrado en el profesor y el conocimiento que transmite desde la tarima. El trabajo desde casa mostró la ausencia de competencias de aprendizaje en los estudiantes (adaptación, estudio independiente, autorregulación y motivación). Además, el intento de imitar la presencialidad acababa con el punto fuerte de la enseñanza en línea: la posibilidad de personalizar el aprendizaje (escuela multinivel y asincronismo).
Por todo ello, si bien la educación pública de alta calidad no es el resultado de políticas educativas por sí solas, sino también de políticas sociales no deben descuidarse las primeras. Esta es necesaria para que nadie quede atrás, pero también para que todos podamos avanzar hacia adelante. No debemos “olvidar el futuro”, si nos encontramos en la “sociedad del aprendizaje” debemos enseñar a aprender o estaremos condenados al fracaso. Buscamos una ciudadanía consciente en un mundo volátil, que perciba la correlación de fuerza necesaria para revertir las selectividades estratégicas del estado heredado. En esta línea el proyecto Design and Selection of Competencies de la OCDE y la Recomendación del Parlamento Europeo y del Consejo del 18 de diciembre de 2006 (España LOE, 2/2006 de 3 de mayo) que sin embargo no han impactado de la forma deseada.

El rediseño pedagógico debe alejarse de clases repletas de contenido y pocas competencias, el cambio pasa por dar sentido pedagógico a la tecnología que, por si sola, puede incluso limitar o dificultar el aprendizaje. En definitiva, deben imponerse cambios permanentes e irreversibles en la forma en la que enseñamos y cómo pedimos a los alumnos que aprendan, pues durante la pandemia se ha ratificado una idea que venía sugiriéndose en los últimos años en el ámbito educativo: la exigencia pedagógica de reconstrucción rupturista más allá de la toma de decisiones de emergencia y de desescalada educativa.

No se debe olvidar el futuro, y mucho menos olvidar que éste se proyecta desde el presente. Es esencial este último apunte, pues para ello es necesario dotar de competencias a la ciudadanía que en el futuro y en el presente forme esa correlación de fuerzas. Correlación necesaria para impulsar el cambio del Estado, hoy en día heredero de la tendencia reformista superflua en educación y del vaciamiento del Estado del Bienestar, hacia el “aprender a aprender” como núcleo de la actividad escolar.

Así se debe rediseñar el papel del docente del s. XXI (educador, no enseñante), flexibilizar los currículos, mejorar los centros y su organización, rediseñar la administración potenciando la comunicación entre quienes diseñan y quienes implementan, etc. En definitiva, todo pasa por dotar de recursos a la escuela pública y revertir la tendencia del vaciamiento neoliberal, la selectividad estratégica del estado, donde se socializan las pérdidas y se privaticen los beneficios. Todo ello pasa por no acudir solo a “papá Estado” cuando tenemos problemas.


Notas

[1] El 91.2% de los alumnos matriculados se vieron afectados simultáneamente en el momento de mayor cierren de escuelas. Se produjeron cierres a nivel nacional, total excepto en EE. UU, Rusia, Islandia, Suecia y Australia donde se mantuvieron centros parcialmente abiertos


Bibliografía

1- Gil Calvo, E. (2010). Calidad democrática: enfoque teórico y posible medición. En Calidad Democrática y Buen Gobierno (págs. 28-52). Agencia Estatal de Evaluación y Calidad (AEVAL); Ministerio de Política Territorial y Administración Pública; Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP).
2- López Martín, R. (2020). Reflexiones Educativas para el posCovid-19. Recordando el Futuro. Revista Internacional de Educación para a Justicia Social, 127-140.
3- Marina, J. A. (4 de Noviembre de 2016). ¿Es necesaria una reforma educativa? El futuro de España depende de nuestra capacidad de aprender. El País.
4- Martínez García, J. S. (2007). Fracaso escolar, clase social y política educativa. Viejo Topo, 44-49.
5- Monedero, J. C. (2018). Selectividad estratégica del Estado y el cambio de ciclo en América Latina. En H. Ouviá, & M. C. Thwaites Rey, Estados en disputa: auge y fractura del ciclo de impugnación al neoliberalismo en América Latina. Buenos Aires: CLACSO, El Colectivo.
6- Ramón Ruiz, G. (2020). Marcas de la Pandemia: El Derecho a la Educación Afectado. Revista Internacional de Educación para la Justicia Social, 45-59.
7- Wallin, & Claudia. (21 de Septiembre de 2018). Finlandia: cómo la igualdad de oportunidades para ricos y pobres ayudó a que el país nórdico se convirtiera en referencia mundial en educación. Obtenido de BBC: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional45582530


*Estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid, nació en Soria el 20 de marzo de 1999. Ex-militante en diferentes movimientos sociales como Abrir Brecha y Pandora Soria, actualmente se dedica al activismo social en diferentes temáticas.

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