martes 15 junio 2021

Del cine y la resistencia Mapuche: Claudia Huaiquimilla, directora del largometraje Mala Junta

Escena del largometraje Mala Junta. Fotografía obtenida del portal “Solo artistas Chilenos”

Por Yasna Tapia Cisternas*

La lucha y resistencia Mapuche, se expresa de variadas formas, desde el comprender y defender a la Naturaleza, hasta retratar historias invisibilizadas y los rostros de quienes viven la violencia de Estado y discriminación a través del ojo de las cámaras y del arte cinematográfico. Es aquí donde Claudia Huaiquimilla, Directora audiovisual y diplomada en guion cinematográfico en la Escuela de cine de Chile, se inviste de vocera o werkén del Pueblo Nación Mapuche desde el arte. Directora del cortometraje titulado San Juan, la noche más larga (2012) y del largometraje titulado Mala Junta (2016), ha participado en numerosos festivales de cine, entre ellos el 28º Festival Internacional de Cine de Palm Springs (Usa), además es ganadora de más de 40 premios nacionales e internacionales, entre los que destacan el Gran Premio del Público en el 39º Festival de Cine Latinoamericano de Toulouse (Francia), en el 17ª aluCine Latin+Media Arts Festival (Canadá), el premio a Mejor Película en el 24º Festival de Cine de Valdivia (Chile) y el 12º Festival de Cine Tucumán (Argentina). En cada una de sus piezas, busca contar la historia del Pueblo Mapuche, la violencia en la infancia de las y los niños en Walmapu, así como el rol de las mujeres mapuches. Todos relatos, que la hegemonía cultural, ha tratado de acallar. Pero en palabras de Claudia “el Pueblo Mapuche no se redime, va a resistir y cuando uno nace mapuche lo sabe… esta lucha no de hoy, ni de mañana, hemos tenido que resistir toda una vida. Y una no para”

¿En qué te encuentras trabajando, creando o haciendo actualmente?

Estoy terminando mi segundo largometraje llamado “Mis hermanos sueñan despiertos” que trata de dos hermanos en un centro del sename. Iniciamos la producción y filmación con la rebelión popular el año pasado, pero tuvimos que parar por pandemia. Paralelamente estamos participando del Cine en Construcción de Lima y Toulouse, en donde la gente ve la película sin terminar o “en verde”, lo que sirve para encontrar distribuidor. Así que posiblemente el estreno sea en 2021. Por otro lado, estoy escribiendo mi tercera película, que creo es la más íntima y personal, qué tiene que ver con rescatar la historia más invisibilizada todas, que ya no es solo la del Pueblo Mapuche, sino que es la historia de las mujeres mapuche. Es una historia de época, que pretende visibilizar aquellas mujeres que fueron importante para la resistencia entre finales de los años 80 y los 90, desde el punto de vista de una de una niña mapuche en la ciudad o una Mapurga. A largo plazo, estoy trabajando con la Universidad Austral de Valdivia para construir una sala de cine y biblioteca, que será un refugio de nuestra cultura mapuche, especialmente pensada para niñes y para mujeres en la comunidad mapuche de Lawan, que es mi casa y donde se filme Mala Junta, mi primera película. También, estaré participando en la primera escuela de cine para jóvenes indígenas de todo Chile, llamada Diversa y que comenzará en octubre de este año, financiada por el Centro de Estudios Interculturales Indígenas de la Universidad Católica. Recientemente participe en la realización de una pieza, muy espontánea de colaboración entre creadoras mapuche que mezcla el teatro, el cine, la poesía y la música en un video que realizamos para recordar los 4 años del asesinato Macarena Valdés. Esto fue muy espontáneo, en donde dijimos -ya hagámoslo, pero desde la emoción realicemos un videito no viral, sino una cosita más pausada-. con la idea es que se comparta, pero no con el tuitazo durante un solo día. Nosotras como artistas decíamos -tranquilos, la lucha mapuche es hoy, es mañana, es toda la semana, va a ser toda la vida- entonces lo hicimos con esa tónica y estaremos todos los días con una acción. Y es demasiado lindo, ya que somos poetas, músicos, cineastas, y puras mujeres, es maravilloso.

Como Juventudes Iberoamericanas, nos interesa conocer sobre tu trayectoria e inspiración, ¿Qué te encaminó a ser cineasta?

Lo que me inspiró a estudiar cine, sobre todo porque no tenía claro que estudiar, fue que desde muy chiquitita puede ver que había una historia no contada… una historia no oficial. En los libros de historia, las noticias, las teleseries y en todo ámbito, había una mirada, sobre todo del Pueblo Mapuche, que no se correspondía con la realidad o con lo que yo conocía en mi hogar. Siento que me tocó una misión y en el Pueblo Mapuche uno no se puede desprender de eso. Sin saberlo, me tocó oficiar como werkén o vocera, aunque no desde una vocería oficial o política, sino que más bien desde el espacio que nos podemos hacer las mujeres, ya que en general no tenemos muchos, entonces tenemos que construir esos espacios y creo, que ese lugar nos lo da el arte y por eso también, no es casualidad que tengamos tantas poetas, cantantes, tantas cineastas o creadoras mapuche contando la historia de nuestro pueblo. Justamente va por ahí, por intentar contar una historia no oficial a partir del espacio que nos creamos.

Por otro lado, por lo menos para mí, es muy importante contar la historia de nuestro pueblo más allá de los prejuicios, lo que es muy complicado. Es fundamental esta arista en donde conectas con el corazón o con la emoción y en donde puedes humanizar. Además, en el mundo mapuche hablar o comunicar siempre está asociado a una responsabilidad. No es hablar por hablar y no es cantar por cantar. En ese sentido, creo que lo tuve claro sin saberlo desde muy pequeña. Entré a la escuela de comunicaciones en la Universidad Católica en donde podía ser periodista o cineasta y rápidamente supe que el periodismo implica tiempos más rápidos de los que manejo… Yo soy más lenta o contemplativa. Me di cuenta de que el tiempo y el lenguaje cinematográfico eran mucho más acorde a mi forma de expresar y de ver el mundo. Además, en el mundo mapuche hay bastante lenguaje simbólico, a raíz de eso creo que surge tanta rapera y tanta poeta, porque el mismo mapudungun tiene que ver con un subtexto y con una expresión mucho más simbólica.

Escena del largometraje Mala Junta
Escena del largometraje Mala Junta. Imagen obtenida del portal “Radio Leufû”.

¿Qué dificultades has sorteado en tu camino?

Las dificultades han sido combatir los prejuicios. Por qué la película Mala Junta costó mucho sacarla adelante. Nadie tenía ganas de ver algo sobre el Pueblo Mapuche ni sobre una infancia mal vista o que no fuese prístina, sino como “mala junta”. Cuando hacía las presentaciones, no era lo que esperaban. Creo que imaginaban una película mucho más dura y panfletaria. Hay gente que me dice -has tenido problemas por ser mujer-, yo no tengo idea que fue, capaz que haya sido porque soy mujer, porque soy mapuche o porque soy pobre o clase media… No sé cuáles son todas las aristas, pero fue muy difícil sacar adelante el financiamiento. Para la segunda película ganamos el fondo Nacional de producción, pero es muy poquito dinero, entonces seguimos trabajando de manera súper acotada y dando la vida por sacarla adelante. Porque en cine tienes que trabajar con hasta 100 personas en el set y a cada una debes pagarle el sueldo justo. Se hace muy costoso el hacer cine de ficción y por eso queda relegado a unas clases -sociales- y también queda relegado tanto a hombres, pues no se confía en las mujeres para llevar a cabo proyectos tan gigantes. Es muy difícil financiar obras en Chile, si no son de Santiago, además si es una ópera prima, también probablemente si eres mujer y si el tema es tan complejo con el mapuche

¿Crees que hay más valoración de la elaboración cineasta, en tu caso mapuche, en el extranjero en comparación con Chile?

Creo que hay valoración desde la gente que le gustó la película, pero no de instituciones al momento de entregar su apoyo al trabajo. En Francia, desde la institucionalidad, si está muy valorado este tipo de obras, por ejemplo, para el trabajo con estudiantes y en debates. Otro ejemplo es Berlín, donde hay muchísimo apoyo. Por ejemplo, nunca me habían pagado por una charla, pero me paso que luego de participar de una charla junto a otra cineasta indígenas, me llego un correo, donde decía -te vamos a pagar por tu exposición- yo jamás en la vida pensé en eso, además todo fue muy bonito y acorde a lo que estábamos haciendo. Entonces uno empieza a hacer un clic, ya que aquí en Chile no pasa nada de eso. Por otro lado, también siendo mujer y mapuche cada vez más veo el uso de cuotas o que a través de mi pretenden acceder al mundo mapuche o cumplir una cuota de género. Pero bueno, uno lleva toda una vida siendo mapuche y se aprende a distinguir entre quienes se acercan para cubrir cuotas y quienes lo hacen de manera honesta y respetuosa y que además valoran mi trabajo más allá de ser mapuche, sino que me valoran porque soy directora y guionista.

El arte conversa con él/la artista. ¿Qué enclaves de tu vida se ven reflejados en tu obra?

En Mala Junta está mi mirada mapuche que no puedo abandonar y que está plasmado en cada una de las cosas que hago. El hecho de trabajar un Sur más acorde a como lo conozco y que se haga presente como un personaje más… la naturaleza es parte de la película. La cual trata de dos personajes sin lugar, que no tienen a donde pertenecer y que no han encontrado cariño o arraigue y que el sur si los recibe, los acogen y les permite ser quien ellos quieren ser de manera libre y una vez que empiezan a sufrir, la naturaleza también sufre con ellos. Para mí es súper importante filmar la naturaleza y me he dado cuenta de que la gente y particularmente el chileno, filma de forma diferente a como lo hace el mundo mapuche. Para el caso del video de Macarena Valdés, seguramente me iban a enviar un dron o grabación tipo ProChile y les dije -no, no, no, tiene que ser gente mapuche que haya registrado- ya que existe otra sensibilidad en el registro de la naturaleza y así lo hicimos. Es clave el hecho de que como mapuche hago presente el territorio y se expresa en junto con el viaje a los personajes.

Por otro lado, es que también me tocó vivir bullying y cierta discriminación. Al crecer, ver otros espacios y al conversar con mi familia o con mi primo, que es el protagonista de mi cortó y también de mi película, me di cuenta de que esa situación no solamente me había ocurrido a mí, sino también a mis primos, a mis amigas, mis padres, las abuelitas y a los abuelitos. Entonces era una historia de todos, el vivir la violencia en la infancia mapuche, la discriminación y el bullying. Comencé a investigar los relatos de UNICEF respecto de los niños mapuche y también a recopilar las historias de mi territorio. Y era impresionante, pues a todos los niños los molestan por su color de piel o cuando van del colegio rural a la ciudad, los molestan por sus ritmos, los encuentran más lento o tontos, los molestan “de indio” y después los molestan “de terrorista”. Muchas abuelitas decían que caminaban kilómetros para llegar al colegio y cuando llegaba los profesores las discriminaban y no las dejaban sacarse la ropa húmeda. A mi abuelo le pegan varillazo por hablar mapudungun. Son tantas historias de discriminación y nos dimos cuenta de que eran todos, realmente todos. En una entrevista de 130 personas, todas esas personas contaron una misma historia. Entonces, hasta dónde esta imagen que está construida a partir de la historia o de los medios de comunicación genera un estereotipo muy dañino de “enemigo interno” o una visión folklórica del mapuche, que la sufren día a día las comunidades hasta hoy. También me di cuenta de que había un relato común entre esa infancia vulnerada y la pobreza en chile, y las vi como unas “otredades” y para mí era importante hablar desde ese otro lugar de los prejuiciados y los rechazados y que representa tanta gente. Creo que esa fue la clave de porque la película empezó a prender tanto en los cabildos para la rebelión popular de octubre, ya que se identifican fuertemente con esta situación de violencia, de despojo, de sentir rabia y que no calzan con los patrones de la sociedad y sentirse abandonados. Les hace sentido este tipo de relatos y el de otras películas chilenas que dan cuenta de ese otro Chile, que finalmente es el Chile real, no ese de la plaza Italia linda y pintadita, sino este Sur que es más sucio, pero más real. Creo que es importante hacer esta conexión entre Chile y el Pueblo Mapuche y qué es lo que me cruza a mi como persona, ya que soy esa mezcla entre mamá chilena y mapuche, entonces necesito generar estos puntos de encuentro y de diálogo a través del cine.

Foto retrato de Claudia Huaiquimilla
Foto retrato de Claudia Huaiquimilla. Imagen obtenida del portal “Bitácora del Cine”.

También es un despojo que daño no solamente al Pueblo Mapuche, sino que a todo el territorio. Fuimos despojados de nuestra cultura y me siento súper identificada con Claudio A. Lincopi y con Enrique Antileo, ya que ambos trabajan con los mapuche que tuvieron que estar “aguarriba” o la ciudad, con la interculturalidad y también con reconocer nuestras chilenidad. Creo que el Pueblo Mapuche ha generado puntos de encuentro e instancias de diálogo, solo que no ha habido ese diálogo sincero. Pero si hay una voluntad importante y de ellos, trabajando desde la historia, la sociología, la antropología, y también desde el cine. O sea, tenemos gente de todos lados intentando generar esos puntos de encuentro.

Sobre Mala Junta. ¿Cómo describirías tu largometraje? ¿Cuál es el eje central o “alma” de Mala Junta?

Está justamente en el título y tiene que ver con trabajar respecto a los prejuicios y los estereotipos que pone una sociedad sin querer ver más allá. Para mí era importante que los espectadores vieran justamente ese estereotipo al comienzo y sintieran que conocían a este personaje y sabían lo que iba a suceder. Este chico además va a conocer un niño mapuche… entonces esta historia claramente va a terminar mal. Te da un acceso privilegiado para ver íntimamente a dos personajes sumamente prejuiciados y darte cuenta de que, al final, eran los más honorables de la historia y que simplemente buscan un lugar en el mundo y alguien que los quisiera sinceramente. En la película se siente al final que la institución y la sociedad los va seguir mirando de la misma forma, pero ellos tienen a alguien con quien contar y un lugar al que volver. El alma de Mala Junta se refiere a que a partir de la emoción se puede combatir los prejuicios, que ha establecido la sociedad y trata de convocar a más personas que puedan hacer ese cambio paradigma.

Queremos conocer tu opinión y perspectiva sobre el conflicto en Walmapu, que tiene consecuencias en diversos ámbitos, pero sobre todo a significado la militarización y discriminación del Pueblo Nación Mapuche. ¿Cómo el arte puede personificar la crítica y el descontento ante estos sucesos?

Es terrible lo que está sucediendo con los presos políticos mapuche y en Curacautín. Además, hay mucha desinformación histórica. La gente piensa que porque están presos efectivamente son culpables y que son criminales, cuando no lo son. No se dan cuenta, en parte porque nos han formado así, que hay procesos viciados, que la gran mayoría de ellos están imputados y se encuentran en prisión preventiva. Para mí por lo menos, es súper impactante el tema de los presos y especialmente el caso de Antu Llanca Quidel. Para mi Antu Llanca es el Cheo de Mala Junta encarnado. Que hoy en día un niño de tan solo 20 años, que lleva 114 días de huelga de hambre y comenzó huelga seca, que vio la violencia policial desde muy niño, que recibió balazos de policías a los 11 años, que fue sometido sin prueba en este montaje que es el caso huracán, que está imputado y ahora que, además hace la huelga de hambre por la convicción que tiene por su pueblo, es para mí sumamente violento. Pienso que corresponde a una trasgresión a derechos humanos y una violencia que, en el futuro, estoy segura, nos vamos a dar cuenta de lo horrible que ha sido. Porque es otro nivel de persecución y de matanza, pues es validada por leyes. Siento que, en siglos, cuando miremos hacia atrás, miraremos esto de la misma forma terrible que cuando le cortaba las manos a los mapuches para humillar y acallarlos. Entonces van cambiando las estrategias de la conquista y del conquistador, pero sigue siendo lo mismo. Y nosotros también vamos cambiando nuestra estrategia, porque el Pueblo Mapuche no se redime, va a resistir y cuando uno nace mapuche lo sabe… esta lucha no de hoy, ni de mañana o como me decía una Lamien -yo no soy mapuche con horarios de oficina-  y sino que una es 24/7. Hemos tenido que resistir toda una vida. Y una no para. En ese sentido, el internet es un gran aliado, ya que una ñaña puede transmitir en vivo y decir que está viviendo violencia en su comunidad y rápidamente nos organizamos, igual que en el pasado, donde no hay una cabeza, sino que distribuimos la información rápidamente. Estamos generando estrategias del pasado, pero también entregando herramientas del presente.

Respecto al arte, es fundamental la unión, sobre todo de creadoras mapuche, donde nuestro rol fundamental tiene que ver con difundir entregando ese lenguaje convocante y humanizado, sobre lo que está sucediendo. Dar voz y rostro a quienes sufren la violencia. En ese sentido, las mujeres llevan la delantera a la hora de poder comunicar desde ese lugar, aunque también hay compañeros que lo están haciendo. Mala Junta, también buscaba sensibilizar desde ese otro lugar. Me decían que fue un caballo de Troya donde -yo te invito a ver una historia de amistad y de pronto llegaste y te hable el conflicto mapuche-. Tratamos de captar a gente a la que no llegaríamos si se difundiera el video informativo y político puro y duro. Nosotros tenemos que lograr traspasar esa barrera del Rechazo y buscar estos espacios, que a veces lo generan el teatro, el cine y la música. O por ejemplo “mapuchizar” distintos espacios a través del arte. El hecho de trabajar en la Universidad Católica también ha implicado “mapuchizar” ese espacio, generando protocolos de trabajo para nuevos lamien que entren a estudiar cine, teniendo en cuenta la interculturalidad y el respeto, en especial para quienes vienen después, ya que probablemente nosotros no lo alcancemos a disfrutar, pero tenemos claro que somos un eslabón más de una larga cadena.

Escena del largometraje Mala Junta. Imagen obtenida del portal “El Agente”

*Yasna Tapia Cisternas, Titulada en Ingeniería Civil en Biotecnología por la USS. Ex dirigenta estudiantil de la USS. Encargada Nacional del Frente por el Medioambiente y la Biodiversidad del Partido Comunes, integrante del Movimiento por el Agua y los Territorios (MAT) y Activista socioambiental.

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