martes 15 junio 2021

De prioridades y comunicación: Contar la gestión en tiempos de pandemia

Foto: Esteban Collazo

Victoria Banegas*

La comunicación es un campo de disputa política. Qué debe decirse, cómo y cuándo son definiciones que por lo general promueven debates de los que nadie tiene intenciones de verse privado. En tiempos de pandemia, a los intereses tradicionalmente involucrados se les suman nuevas -y nada banales- complejidades.

Si bien quienes nos dedicamos a la comunicación política tenemos herramientas de monitoreo cada vez más sofisticadas, sus premisas, técnicas y métodos no pueden entenderse como objetivos, ni responden a fórmulas universales de efectividad.

Esta rama de la comunicación está orientada a la construcción de poder y es, por lo tanto, un campo en el que se dirimen múltiples intereses.

Narrar una identidad política, una gestión de gobierno, una determinada lectura sobre la realidad implica posicionamientos y definiciones que distan mucho de la neutralidad valorativa.

Es a través de las palabras que construimos y disputamos el sentido. Con comunicación legitimamos la acción de gobierno y generamos los consensos necesarios para avanzar hacia los objetivos políticos que nos proponemos.

Si analizamos la política argentina reciente, podemos detenernos en Juntos por el Cambio, que pensó la comunicación de gobierno como una herramienta de marketing político y la administró con la lógica de la campaña permanente. Invisibilizó la idea del Estado y el valor de lo público. Su principal propósito fue difundir de manera segmentada mensajes en clave electoral.

Sin embargo, las nuevas formas de intercambio de información entre las personas permiten revalorizar lo público, reducir la brecha de conocimiento y consolidar la identidad nacional.

Por eso, nuestro gobierno considera la comunicación como un derecho indispensable para el ejercicio pleno de la ciudadanía, un servicio que debe ser resguardado desde el Estado y un hecho cultural que atraviesa nuestra vida en comunidad.

Cuidarte es cuidarnos: comunicación en el marco de la emergencia.

A pocos meses de asumir, una pandemia irrumpió en el mundo. El nuevo Coronavirus COVID-19 generó una de las emergencias sanitarias y sociales más importantes de la historia. Fuimos testigos de cómo los mejores sistemas de salud colapsaron en poco tiempo.

Producto de la pandemia, se sumó una crisis económica sin precedentes. El Banco Mundial la define como la recesión más grande de la historia después de la provocada por la Segunda Guerra Mundial.

En nuestro país, esa crisis se montó sobre la que había dejado el gobierno de Mauricio Macri. Una crisis no-dicha, una montaña de polvo debajo de la alfombra, con todos los indicadores socioeconómicos deteriorados pero sin estallido social.

En este marco, el Gobierno Nacional reorientó todas las capacidades estatales para hacer frente a este contexto.

Desde el equipo de comunicación fortalecimos el espacio de coordinación interministerial que funciona en la Jefatura de Gabinete, y establecimos un Plan de Comunicación de la Emergencia que se propuso mantener alerta a la población para que siga cumpliendo con las pautas sanitarias, construir consenso sobre las medidas adoptadas tanto en materia económica como sanitaria y marcar un horizonte realista y sensible en relación a la situación.

Para alcanzar este propósito, la emisión del mensaje gubernamental se ordenó de acuerdo a tres principales funciones; la Pedagógica-Preventiva, que contempla aquellos contenidos destinados a influir en el comportamiento preventivo de las personas, la función Informativa-Inventarial, que reúne el conjunto de acciones que está llevando a cabo el Estado para enfrentar la pandemia y cuyo objetivo es la rendición de cuentas, y finalmente la función Motivacional-Emotiva, que contempla los mensajes cuyo propósito es fortalecer el consenso en torno a las medidas de gobierno para reforzar su cumplimiento. Apela al sentimiento de comunidad para fortalecer los lazos de solidaridad y la concientización sobre el riesgo.

A su vez, creamos los canales necesarios para centralizar y ordenar la información: activos digitales de Argentina Unida y argentina.gob.ar/coronavirus.

Si bien comunicar en una pandemia implica atravesar diversas dificultades, también fue este contexto el que nos permitió emitir el mensaje más importante que queremos dar: el destino individual está siempre ligado al destino colectivo.

La consigna “Cuidarte es cuidarnos”, no solo refleja la única forma de prevenir el contagio del Coronavirus sino que traduce de manera sintética la convicción más profunda de nuestro presidente y el punto de encuentro de nuestro espacio político. Nadie se salva solo, todos dependemos de todos. Es con un Estado presente que se rige por la ética del cuidado que vamos a salir de la crisis.

La comunicación, a lo largo de estos meses, adquirió un lugar preponderante. Y la resistencia al mensaje oficial no se hizo esperar.

Desde la oposición, se elaboró un discurso anti-cuarentena anclado en el respeto a las libertades individuales que desconoce el contexto y, en su faceta más radical, invita a quebrar las indicaciones sanitarias poniendo en riesgo a la ciudadanía.

Vimos como el ex-presidente Macri convocó a manifestaciones callejeras en plena pandemia, la presidenta del PRO, Patricia Bullrich, desestimó el conocimiento científico y hasta a un grupo de manifestantes que organizó una quema de barbijos en una plaza.

En paralelo a este darwinismo social de la libertad y, como sucede en todos los países del mundo, hay hastío, cansancio emocional y malestar por las necesidades económicas producto de la pandemia. Y eso lleva a que algunas personas se relajen y no respeten las recomendaciones sanitarias.

Sin embargo el dato a resaltar es que el concepto del cuidado inunda todas las pantallas. Está en boca de formadores de opinión, en slogans de campañas publicitarias y hasta en la mayoría de los mensajes de Whatsapp que compartimos con nuestros seres queridos: “cuidate”, “¿te estás cuidando?”, “por favor cuidalo a papá”.

La importancia de los valores para construir futuro

Ahora bien, ¿será posible sostener la relación entre destino individual y destino colectivo una vez que la pandemia pase? ¿Podremos trasvasar la certeza sanitaria a preceptos sociales para la vida en comunidad?

En el ensayo “Coronavirus: Todos somos mortales. Del significante vacío a la naturaleza abierta de la historia” Rita Segato ordena posibles escenarios post-pandémicos.

“Por mi parte, veo el covid-19 como Ernesto Laclau vio a la figura de Perón en la política argentina: un ‘significante vacío’, al que diversos proyectos políticos le tendieron su red discursiva. También lo veo como un evento que da origen a un ‘efecto Rashomon’, evocando aquí la forma en que en las Ciencias Sociales se ha usado el tema del clásico film de Kurosawa: un mismo crimen relatado desde cuatro perspectivas de interés diferentes.”[1] Así, enumera una serie de interpretaciones sobre el significado y uso de la pandemia que tienen como presupuesto un sistema político y conjunto de valores.

De los seis escenarios que proyecta me gustaría detenerme en dos: el derrumbe de la ilusión neoliberal y el Estado materno. El primero plantea que “el virus hará posible derrumbar la ilusión neoliberal y abandonar la acumulación egoísta, porque sin solidaridad y sin estados proveedores no nos vamos a salvar. Sin un Estado que garantice protección y entrega de recursos a los que menos tienen, no será posible continuar la vida.”[2] En este caso, el rol de los gobernantes es fundamental para redistribuir la acumulación entre la población y salir del esquema tradicional del capitalismo moderno.

El segundo abordaje considera que el virus logrará imponer una perspectiva femenina sobre el mundo: “reatar los nudos de la vida comunal con su ley de reciprocidad y ayuda mutua, adentrarse en el “proyecto histórico de los vínculos” con su meta idiosincrática de felicidad y realización, recuperar la politicidad de lo doméstico, domesticar la gestión, hacer que administrar sea equivalente a cuidar y que el cuidado sea su tarea principal”[3]. 

Hay algo de ambos escenarios en la gestión de nuestro gobierno, pero con la singularidad que aporta la visión de nuestro presidente.

Alberto Fernández ejerce el diálogo democrático, escucha a todos sectores y construye empáticamente. Cree que la única manera de reconstruir la Argentina es con trabajo y producción nacional. Que todas las políticas públicas para lograrlo deben incorporar la perspectiva de género y ser sostenibles.  Y que solo así vamos a disminuir la desigualdad. 

Hace política a través de los vínculos y siempre decide de acuerdo a valores. Valores que lo guiaron a lo largo de la campaña y que hoy ordenan la gestión.

No es casual el lugar que otorga en la gestión a las mujeres, jóvenes, a las distintas voces. No es casual que tenga de Jefe de Gabinete a un dirigente como Santiago Cafiero, alguien que viene a aportar sensibilidad al rol más hostil de una gestión. No es casual que haya creado un Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad y uno de Ambiente. Y no es casual que hoy el cuidado esté en boca de todos.

Alberto gobierna con la certeza de que para reconstruir la unidad nacional es necesario sostener la nueva mayoría que conformó el Frente de Todos. Que la única manera de “ser mejores” es no encerrarnos en nosotros mismos y que tenemos que estar de pie para poder defender los intereses argentinos. Alberto siempre decide en favor de quienes más lo necesitan.

La actual situación nos demuestra que los escenarios cambian de manera dinámica y que, cuando uno menos se lo espera, pueden aparecer imprevistos. Como decía al inicio, no hay fórmulas mágicas que garanticen resultados exitosos. Hay valores que orientan acciones y maneras singulares de contar la gestión, los desafíos que enfrentamos y los recursos que creemos deben ponerse en movimientos para poder levantarnos. Aunque cada vez estamos más cerca de una posible solución, la pandemia no pasó. Pero ojalá, cuando todo esto termine, hayamos aprendido que nadie se salva solo. Que está en nosotros lograr que el futuro que nos espera sea más justo y solidario. Y que el rol del Estado es fundamental para que esto pase.


Notas

[1] http://lobosuelto.com/todos-somos-mortales-segato/

[2] Idem.

[3] Ibidem.


* Victoria Banegas es politóloga por la UBA. Fue una de las fundadoras del Grupo de Opinión Pública y como consultora política realizó campañas electorales y de gestión en diferentes provincias de la Argentina. En el 2019 participó de la campaña presidencial de Alberto Fernández y Cristina Kirchner y actualmente se desempeña como Subsecretaria de Comunicación y Contenidos de Difusión dentro de la Secretaría de Medios y Comunicación Pública de la Jefatura de Gabinete de la Nación.

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