lunes 27 septiembre 2021

Codo a codo: una pedagogía de los cuidados comunitarios

Fotos: Tamara Grimberg

Lucrecia Pérez Laguna*

“Nadie puede sobrevivir sin ser cuidado, lo cual convierte al cuidado
en una dimensión central del bienestar y del desarrollo humano”
Eleonor Faur

El deterioro de las condiciones socioeconómicas en Argentina como resultado de la pandemia y la inequidad en la distribución de su impacto es parte del telón de fondo de cualquier análisis que pretenda echar luz sobre algún aspecto de la coyuntura actual. A esta altura, tampoco resulta novedoso afirmar que la configuración asimétrica de los cuidados, que recaen sobre las mujeres, es un factor de desigualdad que se profundizó en el contexto de aislamiento social. 

Frente a esta doble crisis, resulta fundamental analizar cuál es el alcance de las herramientas que despliega el Estado para auxiliar a este sector particular de la economía informal orientado a las tareas del cuidado. A la vez, y de manera complementaria, cabe preguntarse acerca del rol que cumple la organización barrial y los espacios comunitarios para la recomposición del tejido social en un marco de emergencia como el que atravesamos.

La mano del Estado

Como respuesta a la crisis sanitaria y económica, durante el año 2020, el Estado Nacional llevó adelante distintas políticas económicas de protección social con una cobertura de amplio espectro: se implementaron transferencias de dinero para sectores vulnerables, se asistió a empresas para sostener el empleo, se amplió el alcance de la asistencia alimentaria, se fortalecieron programas sociales. Una encuesta de UNICEF confirma que el 42% de los hogares con niños y niñas accedieron al Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y el 33% accedió a la Tarjeta Alimentar u otros mecanismos de apoyo alimentario. 

Para poder brindar un acompañamiento adecuado, y poniendo en valor las redes de cuidado comunitario, la Dirección de Cuidados Integrales del Ministerio de Desarrollo Social puso en marcha el programa “El barrio cuida al barrio”. A través de esta iniciativa, se desplegaron postas de difusión en los barrios populares del AMBA y se priorizó la formación de promotoras comunitarias para el relevamiento de las familias y sus necesidades socio sanitarias. Estos puntos se localizaron en zonas de ingreso y egreso a los barrios populares, en los cuales se distribuyeron insumos para garantizar condiciones de higiene y autocuidado además de folletería sobre sintomatología y medidas de prevención, y módulos educativos del Ministerio de Educación de la Nación. 

Pese al esfuerzo estatal por contener los efectos de la crisis económica y sanitaria, en aquellos sectores con menores ingresos y con niñas y niños en los hogares, el impacto de la pandemia afectó en una escala más profunda, no solo a nivel económico por la disminución de los ingresos percibidos sino que en algunos casos y como consecuencia directa, en la vulneración de los derechos de las infancias. 

Como advierte un informe elaborado por la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF) sobre las consultas recibidas a través de la línea 102, cuya atención está orientada a brindar información y orientación ante casos de riesgo, la convivencia en espacios reducidos y cerrados en situaciones desfavorables tanto económicas, sociales y laborales, generaron o agravaron las situaciones de violencias intrafamiliar contra niñas, niños y adolescentes. Esto se profundizó con la limitación a la presencialidad escolar y las restricciones en la atención en centros de salud, el cierre físico de espacios de primera infancia, centros culturales y clubes, lugares que cumplen una misión fundamental tanto en el desarrollo de sus actividades específicas, como en la construcción de redes de socialización y el fortalecimiento de los vínculos comunitarios. 

El mapa y el territorio

Si bien la Ley Nacional de Educación decretada en el año 2006 indica que todos los niños/as tienen derecho a la educación desde los cuarenta y cinco días, sólo con voluntad política, una planificación efectiva e infraestructura adecuada estos marcos normativos pueden intentar franquear los límites que ofrece una integración sociourbana de configuración compleja.

Ya aterrizados en el plano territorial se verifica que el cuidado en la primera infancia está segmentado de acuerdo con la condición económica de los hogares y su lugar de residencia, y que la oferta educativa para esta etapa se configura de manera heterogénea. Dentro de este campo amplio y diverso se incluyen los jardines del nivel inicial de gestión estatal, los centros de desarrollo infantil gestionados por los distintos niveles de gobierno, los espacios comunitarios que dependen de organizaciones sociales y los espacios privados que funcionan bajo normativas que aplican a actividades comerciales.

Del mismo modo, el volumen de asistencia a estos establecimientos se encuentra condicionado por el nivel de ingresos económicos. Esto se explica, en parte, porque a mayor grado de precariedad edilicia la oferta de estos espacios educativos disminuye. Muchas veces los barrios populares carecen de propuestas formales para este rango etario y, en consecuencia, el trabajo de cuidado en la primera infancia termina por recaer en las redes familiares o vecinales.

Redes de cuidados comunitarios

En el Barrio Ejército de los Andes funciona uno de los tres espacios de Infancia que la CTEP y el Movimiento Evita vienen construyendo en el distrito de Tres de Febrero. Inaugurado en septiembre del 2019 a partir de un convenio firmado con la SENAF, cuenta con una matrícula de sesenta niñas y niños que van desde los cuarenta y cinco días hasta los cuatro años de edad. 

Apenas unos meses después de su inauguración, y con la llegada de la pandemia, se vieron obligadas a interrumpir su funcionamiento presencial. Pero la réplica a esta situación imprevista no se hizo esperar: inventar soluciones para enfrentar adversidades y multiplicar la organización para generar una respuesta colectiva forma parte del ADN de estos espacios. Así como surgían ollas populares en cada esquina del barrio y los merenderos redoblaban los esfuerzos para contener la demanda alimentaria durante los primeros días de aislamiento, las cuidadoras al frente de los centros de infancia reformularon sus estrategias para poder asistir a las familias ante la emergencia. De esta manera, diseñaron contenidos didácticos y recreativos, entregaron kits de insumos junto con las guías pedagógicas, garantizaron las viandas y elaboraron estrategias de acompañamiento para poder contener las problemáticas diarias que surgían al interior de los hogares. Para la economía del cuidado no está permitido detenerse.

Daniela Quinteros, una de las responsables pedagógicas de esta política territorial, pone de manifiesto la relevancia que tienen los centros de infancia para la organización de los barrios y el rol fundamental que cumplen como sostén de toda la lógica productiva. “Es necesario que existan más espacios como estos porque la demanda existe y es muy alta. Y que se ponga en valor el aporte que realizan estos espacios al entramado colectivo, que ocupen una centralidad en el debate público”.

Esta conquista forma parte de un despliegue más amplio que la organización puso en marcha en la Provincia de Buenos Aires bajo la coordinación de Daiana Anadón. Desde el año 2018 han dado forma a quince centros de cuidado para la primera infancia a los cuales asisten alrededor de mil chicos. “Estos espacios fueron construidos, en gran medida, por cooperativas de trabajo en momentos muy difíciles del país y hoy en plena pandemia se sostienen brindando alimentos, pero también llegando a los hogares de nuestrxs niñxs con una propuesta pedagógica integral y de calidad”, dice Daiana quien, tras un fuerte trabajo de planificación y arduas negociaciones con las distintas gestiones de gobierno, sostuvo con perseverancia la iniciativa y el armado de esta política específica.

Hablemos de cuidadoras

La pandemia puso en evidencia el carácter esencial de las trabajadoras de ese sector. Las tareas que desarrollan, vinculadas al cuidado de menores, adultos mayores, personas enfermas y con discapacidades, atención de comedores y centros comunitarios, se convierten en acciones de contención para toda la población. Este tipo de acciones supone, además, el diálogo con distintos actores sociales presentes en el territorio y la búsqueda coordinada de respuestas a las principales necesidades. En palabras de Daiana, “en el marco de la pandemia esta tarea es inmensa y también es histórica porque las trabajadoras del cuidado realizan sus actividades de una manera integral: combaten el aislamiento, sostienen una política alimentaria concreta, evitan que se rompan los vínculos de solidaridad entre la comunidad y son, en definitiva, las que se paran en la primera línea de fuego”.

Como sostienen las referentes de estos espacios, en las acciones articuladas de las responsables de comedores y merenderos, los promotores comunitarios, vecinas y las organizaciones sociales se vislumbran redes de apoyo, horizontes cognitivos, trabajos de conjunto, prácticas institucionalizadas y sensibilidades que ponen en evidencia la necesidad de seguir jerarquizando el debate sobre los cuidados que impulsó el feminismo en los últimos años y que logró articular al interior de la esfera pública. Cuando el Estado se compromete con estas tareas es posible instalar de manera sostenida que la actividad de los cuidados es conocimiento y trabajo. De todas formas, queda mucho por recorrer: la remuneración no es equitativa con el nivel de impacto que tiene este tipo de trabajo en la economía argentina y aún está pendiente una mayor distribución de estas tareas hacia el interior de los hogares y también de la comunidad.

El camino que han marcado estos movimientos impulsa a seguir peleando por el reconocimiento social y salarial de las cuidadoras. Sólo así se podrá conquistar la igualdad de oportunidades en el mundo laboral. Esta legitimación, que exige no ser postergada, requiere salir del ámbito privado, amplificar los debates que dan cuenta de sus importancia y apelar al compromiso de la sociedad en su conjunto.


*Profesora en Letras por la UBA. Es docente y militante política.

ÚLTIMAS NOTAS

Sala Silenciosa

Sala Parlante

ETIQUETAS