lunes 27 septiembre 2021

Cataluña: Volveremos a sufrir, volveremos a vencer

Por Ferran Llistosella Grinyó*

Cataluña:

Te habla un español que te quiere. Y te quiere, como los españoles de la meseta castellana desde siglos te aman: con pasión. Con la misma pasión que se quiere a una mujer. Y la pasión, ya lo sabes: va desde el despojamiento más abnegado de nuestra propia dignidad hasta la ira terrible de esa dignidad al fin exacerbada: hasta el crimen, que por eso se ha llamado pasional. “Quien bien te quiere te hará llorar”, dice el profundo adagio nuestro. “La maté porque era mía”, dice también otro hondo y apasionado decir de nuestro pueblo. […] ese ha sido el caso de todo nuestro pueblo. De España contigo. […]

Nosotros, los españoles de tierra adentro, los españoles de verdad, ¡no podíamos jamás venderte ni perderte! […] Porque tú, Cataluña, ¡nos pertenecías!, ¡y a nadie más! Y sentimos el derecho ¡de hacerte llorar! Porque te queríamos. […]

¡Mírame bien, Cataluña mía!, ¡Cataluña nuestra! ¿Ves cómo nuestros labios se acercan? ¿Ves cómo a flores y a imperio huele el aire? ¿Ves como la sangre se ha hecho espuma blanca de mar? ¿Y la violencia abrazo? […] Y un día de enero, en 26, el doncel trovador, hecho hierro y sangre, entró con España en Barcelona, para levantarla del suelo y gritarle: ¡Mía! ¡Nuestra! ¡De España otra vez!

Con estas bonitas y neandertales palabras, Ernesto Giménez Caballero, ilustrísimo fascista y criminal (valga la redundancia), anunciaba por Radio Nacional a la población civil de Cataluña que las tropas del General Yagüe -jefe del Cuerpo de Ejército Marroquí (el ejercito colonial de la España fascista)- habían capturado Barcelona. Era enero de 1939 y el gobierno de la Generalitat, junto a soldados y población civil, marchaba ya hacia Francia. Algunos volvieron del exilio 40 años más tardes, otros perecieron en futuras batallas o en campos de la muerte. Otros consiguieron escapar más lejos y otros tantos pudieron volver a sus casas. La rosa de foc[1] (sobrenombre de Barcelona, pues es bella como una rosa y siempre está en llamas por su fervor revolucionario) cayó y Cataluña fue suya.

De bien seguro que esta historia es de sobras conocida y pudiera parecer que sacarla a colación es meramente anecdótico o, aún peor, que solo pretende ahondar en una posición victimista: mirad como nos trató el fascismo. Nada más lejos de la realidad. Sirve para evidenciar que la guerra civil española no fue un conflicto unidimensional como la izquierda española pretende hacernos creer. Parece absurdo que a estas alturas de la película haya que recordarles que la cuestión nacional y el ordenamiento territorial fueron elementos claves del alzamiento fascista. Sirve para recordar que fue una ocupación militar y que la sacrosanta unidad de España es el resultado de la sangre, el fuego y la represión. Sirve también para recordar nuestra derrota.

Pero si de derrotas hablamos no hace falta ir tan lejos, basta con remontarnos al 2017, cuando después de un octubre de desafío masivo al Estado, los dirigentes de la Generalitat de Catalunya se dieron por vencidos y rindieron a todo un pueblo. Vieron peligrar sus abultados bolsillos, sus puestos y sus pensiones y optaron por pedir perdón y amansar a las masas sedientas de libertad, con el único objetivo de salvarse ellos mismos. Fueron muy inocentes, España no perdona hasta que no ha vencido y humillado al adversario.

Si el inicio del proceso de independencia fue una clara ruptura con el régimen del 78, su final es el recosido del pacto. ¿Cuál es el nuevo pacto y como se ha gestado? Más fácil imposible: amnistía para 9 presos políticos con la condición de aparcar cualquier proyecto independentista. Resulta paradójico que en un parlamento con mayoría absoluta independentista y representando estos más del 50% de la población, las fuerzas independentistas insistan que no somos suficientes para declarar la independencia y que debemos encarar la vía de la reforma de España. No solo resulta paradójico, sino que es un insulto a la inteligencia, máxime cuando estos mismos partidos pronosticaron, acertadamente, que para ejercer nuestro derecho a la autodeterminación antes debíamos ejercerlo, pues pedirlo no servía para nada más que para obtener un sonoro no.

La Generalitat de Catalunya, completamente cooptada por los intereses de unos cuantos dirigentes cobardes, se ha presentado como acusación particular contra millares de represaliados independentistas. El mensaje que mandan a España es clarísimo: vosotros perdonáis a 9 presos y nosotros controlamos a las masas. Vosotros nos dejáis gobernar las migas de la autonomía y nosotros os controlamos a los exaltados. Así pues, la Generalitat, junto con la fiscalía española, pedía 5 años de prisión por Marcel Vivet, un joven independentista, por manifestarse. Lo hacía al mismo tiempo que pactaba la amnistía de los presos políticos. Al final, ante la presión popular, la Generalitat ha rebajado la petición a unos meses de cárcel. Ya son más de 3.000 represaliados por el Estado con la connivencia de la Generalitat. Esto no solo muestra el fin del ciclo del proceso independentista, que derrotado y sin rumbo colabora con el Estado, sino el fin mismo del 15-M y su actor principal, Unidas Podemos, como elementos desestabilizadores del régimen. La fiscalía, hemos de recordar, actúa en España siempre bajo las órdenes del ejecutivo, que ahora pilotan el PSOE y Unidas Podemos. Cuesta no sentir dolor cuando Jaume Asens justifica la actuación del Estado español. Así se ha gestado el pacto, por arriba y en los despachos, dejando a millares de jóvenes ante la difícil decisión del exilio o la cárcel.

Toda victoria que se preste -y toda derrota- debe escenificarse. Así pues, ni corto ni perezoso, la plana mayor del gobierno de España hizo un acto de concordia en el Liceu de Barcelona que consistió, básicamente, en afirmar el nuevo rumbo que catalanes y españoles debían tomar en un retorno a la fraternidad. “Catalanes, os queremos”, dijo Pedro Sánchez mientras la fiscalía pedía prisión con cargos de sedición, exaltación al terrorismo, etc. Una auténtica humillación que recuerda al acto que promovió el franquismo en 1960 para acercarse al pueblo Catalán en el Palau de la Música Catalana. Infiltrados entre el público, un grupo de catalanistas entonaron El cant de la Senyera a viva voz. Jordi Pujol, que después sería presidente de la Generalitat, fue condenado a 7 años de prisión por aquello, de los cuales pasó 3 en prisión. Solo dos presidentes de la Generalitat, en toda su historia, han eludido la prisión, la inhabilitación, el exilio o la muerte y ambos fueron del PSOE. Supongo que será casualidad.

¿Cuál son los motivos, se preguntarán algunos, para querer la independencia? Razones habrá de todos los colores, pero lo que subyace a todas las razones es la propia autopercepción como pueblo. La independencia solo es el proyecto político actual de esta autoconcepción, pues durante siglos hemos pensado que era posible el encaje con España. Sin embargo, esto ha demostrado ser un error garrafal, pues bajo su tutela, la soberanía del pueblo catalán siempre estará supeditada a la voluntad general del pueblo español. Cualquier ley que el Parlament de Catalunya apruebe por mayoría es susceptible de ser rechazada por el Congreso de los diputados o por los tribunales en su defecto (y, de hecho así sucede con casi la totalidad de las leyes aprobadas por el Parlament). Demográficamente somos una minoría estructural en el seno del Estado, por lo que aunque la totalidad del pueblo catalán decidiera x, bastaría con que el resto de España dijera que no-x para que no sucediera. Por esta razón es insultante la posición verbal -digo verbal porque ni siquiera es una hoja de ruta política- de Unidas Podemos según la cual debemos esperar a que se cambie la constitución (mayoría de tres quintas partes en el Congreso) para que se permita un referéndum. En primer lugar, porque niega el principio mismo de la autodeterminación, en segundo lugar, porque es irrealizable ateniendo a la mayoría social española y, en tercer lugar, porque ni ellos estando en el Gobierno y en el Congreso han solicitado ni una sola votación para permitirlo. Además, junto con la fiscalía, persigue a independentistas en las calles.

No nos podemos engañar, este conflicto es un conflicto étnico, es decir, entre dos comunidades que se autoperciben como naciones. Durante siglos esta disputa fue por la hegemonía de España. ¿Cuál de los pueblos de España la gobernará? Cuando fue claro que sería Castilla -guerra mediante-, el conflicto se trasladó hacía el encaje y el pacto. Cuando el pacto y el encaje se mostraron imposibles, fue la secesión el camino escogido por el pueblo catalán. Recalco que es un conflicto étnico porque si unos no nos reconociéramos como catalanes y otros como españoles, simplemente el conflicto no existiría. Algunos dirán: entonces eliminemos estas diferencias y transitemos la senda de la unidad. ¿Apostamos qué diferencias se eliminarían y que sentido cobraría la unidad? En efecto, no existe una neutralidad axiológica. Nuestra lucha es la de una minoría nacional, la de una lengua minorizada, la lucha contra la dominación y la españolización, en definitiva, la lucha de una nación oprimida contra una nación opresora.

Ahora hemos perdido la última batalla, con la colaboración infame de la burguesía catalana, pero como dijo Francesc Pujols, “El pensament català rebrota sempre i sobreviu als seus il·lusos enterradors[2].

Per la República Socialista dels Països Catalans!

Visca la terra lliure!


Notas

[1] Rosa de fuego.

[2] El pensamiento catalán rebrota siempre y sobrevive a sus ilusos enterradores.


*Graduado en Filosofía por la Universidad de Barcelona y posgrado en Análisis del Capitalismo y políticas transformadoras.

ÚLTIMAS NOTAS

Sala Silenciosa

Sala Parlante

ETIQUETAS