miércoles 25 noviembre 2020

"Ahora les toca a ustedes"

Manu Ruffa *

Uno de los momentos más sinceros que tuve sobre un escenario fue, sin dudas, cuando a finales del año 2018, junto con mi compañía —RESET Improvisación—, en el cierre de la función, en el Teatro Chacarerean, de forma espontánea, y con el objeto de agradecer la participación del público en nuestro show, terminé el espectáculo con la siguiente frase de despedida: “¡Muchas gracias haber estado hoy acá! Ustedes no fueron simplemente las risas y los aplausos, también fueron el show”.

Parece que, y no lo digo porque me dedico a realizar performance de improvisación, hoy el público comienza a jugar, cada vez más, un rol muy importante en nuestros shows. Esto queda expuesto visiblemente, con el avance de la tecnología y la posibilidad que nos brinda de interconectar a nuestros espectadores entre ellos, a ellos con nuestro show y a nosotros con el público en un triángulo que parece funcionar, a veces, a la perfección y sin ningún tipo de problemas.

 Podemos encontrar muchos ejemplos no solamente en el standup, actividad totalmente solitaria e independiente sobre el escenario.También, en cualquier tipo de obra teatral. Incluso en la musical en la que se ven a simple vista los vestigios de la utilización de la tecnología para conectar e interactuar con el público. Lejos de pretender que nada más la utilización de nuevas herramientas tecnológicas fomentaron la inclusión del público de lleno (al punto de lograr un nivel de interactividad totalmente sorprendente)

En la improvisación, por otra parte, es el alma mater. El público juega un rol fundamental interactuando constantemente sobre ciertos parámetros que son ofrecidos desde un escenario que los invita a subirse de manera anónima. Quién haya podido vivir la experiencia de participar en una función conocerá la emoción y la adrenalina que provoca que los actores utilicen cada una de nuestras propuestas y eso forme parte de una de las mejores experiencias de la obra. Muchas veces, y aunque esto parezca sorprendente, todo queda sujeto a ese momento único de participación: Podemos no recordar partes importantísimas pero, con seguridad, nunca olvidaremos nuestro aporte por ínfimo que haya sido.  Esa experiencia, es la que con un avance letal hoy nos propone algo diferente. Esa experiencia pone de manifiesto que el espectador ya no quiere ser un simple espectador: Quiere algo más. Necesita vivir algo más que un simple evento audiovisual en directo. Así encontramos, por ejemplo, obras que proponen una  experiencia sensorial, innovadora y atractiva, como es el caso del Teatro Ciego o las sesiones musicales a través de sonido holofónico en el Centro Cultural Konex. 

Llegamos entonces a un punto en el que el teatro nos demanda una interacción con un público que, de a poco, se anima participar mucho más de lo que jamás antes nos hubiéramos imaginado. Se rompe así el famoso concepto de la cuarta pared desde una perspectiva diferente: Ya no simplemente los actores y las actrices pueden ver más allá de esa línea imaginaria que separa el escenario de las butacas sino que ahora los espectadores, de manera progresiva, comienzan a formar parte de la obra que han elegido ver. Se abre, entonces,  un nuevo camino que nos permite plantear un concepto disruptivo diferente. Hemos pensado por décadas de que el público únicamente oficializa de espectador y no tiene ni debe interactuar con la obra. Si así fuera el caso, ¿Qué distanciaría realmente una obra teatral de una película? ¿Cuál sería la diferencia entre un escenario y una pantalla? Podemos argumentar varios aspectos. Sin embargo, jamás incluiríamos al público como aval fundamental de su diferencia. 

Nos encontramos en una nueva era: tecnológica, social y económica. Los antiguos conceptos clásicos están siendo derrumbados y dan paso a nuevas ideas y nuevas formas de innovación. Quizás, en un futuro no tan lejano, no nos parezca tan extraño sacar una entrada para una función en la que tendremos que ir preparados no solo para disfrutarla sino también para interactuar y que eso sea, además, parte del resultado de nuestro disfrute. 

Se acabaron los tiempos del animato. Hoy esa masa que es visible solo unos pocos metros, por culpa de los reflectores y la oscuridad de la sala, está más cerca que nunca. 

El desafío será proponer nuevas estrategias para seguir manteniendo shows de calidad y que esa interacción este a la altura de las circunstancias frente a un público que ya no se conforma simplemente con mirar como un simple observador . Además, ahora también se atreve a jugar con nosotros. Este juego, este concepto de lo lúdico, se comparte más allá de las primeras filas de un espectáculo y es fundamental. No podemos olvidarnos que un juego es realmente efectivo cuando todos juegan y todos se divierten. Jugar al quemado es muy divertido, claro, siempre y cuando no nos toque la pelota y quedemos excluidos del otro lado. 

A nadie le gusta ser espectador pasivo en el juego de otro. Esa sensación de lejanía —ese desprendimiento de un evento único y compartido solo desde la experiencia audiovisual— es la que se ha fragmentado y nos propone, hoy mismo, el desafío de poder pensar a nuestros espectáculos desde otra perspectiva y de qué manera podemos ser más atractivos frente a un público que cada vez exige más, conforme a una inclusión que se naturaliza experiencia tras experiencia.


*Escritor, improvisador y músico. Nació en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el 15 de octubre de 1986. En diciembre de 2014 publicó su primer libro “Ser Salvaje” bajo la editorial Zeit Ediciones. En marzo de 2019 publicó su segundo trabajo, “Cosmovisión” impreso bajo la misma editorial. También es integrante fundador del grupo de Improvisación Teatral RESET Improvisación.

ÚLTIMAS NOTAS

Sala Silenciosa

Sala Parlante

ETIQUETAS