domingo 02 octubre 2022

Abriendo las grandes alamedas

Javier Velasco*

En su discurso inaugural, Gabriel Boric, el nuevo Presidente de Chile, referenció una de las frases más conmovedoras y quizás la más famosa de nuestra historia política latinoamericana: “mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”. A diferencia de otros innumerables usos de esta sentencia de Salvador Allende ante el asedio de la casa de gobierno por los militares golpistas en 1973, en esta oportunidad el discurso esperanzador del primer compañero Presidente funciona como un engarce histórico profundamente significativo, y sobre todo, como una meta autoimpuesta del nuevo compañero Presidente, de responder a las expectativas de un proceso colectivo que hoy enfrenta su mayor desafío.

En sucesivas oportunidades, diversos actores políticos, académicos y sociales han declarado el término de la transición chilena a la democracia. Este proceso de márgenes difusos tiene incluso un inicio disputado; de acuerdo a los ideólogos y generales de la dictadura cívico militar, habría comenzado al momento de la promulgación de la Constitución de 1980. Por supuesto, para quienes sostuvieron la lucha por el retorno a la democracia, el inicio de la transición estaría marcado lógicamente por el plebiscito del NO, luego del cual efectivamente se reiniciaron las elecciones democráticas. Pero donde los caminos se bifurcan de golpe, es con el término del período transicional, que abre cuestionamientos incluso respecto de qué es aquello hacia lo cual se transiciona.

Patricio Aylwin sostuvo, al tiempo que dejaba la Moneda, que se requería otro gobierno de transición después del suyo, descartando de plano que su presidencia corta de 4 años, fuera suficiente para cerrar el proceso. Una década más tarde, el Gobierno de Ricardo Lagos sostendría que el proceso de reforma de la Constitución en 2005 era el hito que terminaría con la transición. Posteriormente, hechos tan diversos como la revolución pingüina, la ciudadanía exigiendo la salida de militares para resguardar las zonas devastadas por el terremoto del 27F, o la llegada al Gobierno del primer Presidente de Derecha con Sebastián Piñera, sirvieron para proponer nuevamente el fin de esta época. Más recientemente, la revuelta social del 18 de octubre de 2019 aparecía también como una alternativa de cierre, esta vez porque la movilización se posicionaba en respuesta directa al malestar, la excepcionalidad, y los efectos devastadores del neoliberalismo en las vidas de las grandes mayorías, y que es un sello distintivo de la transición.

Como ya es costumbre en la construcción del relato y las políticas de las fuerzas emergentes que hoy llegan a la Moneda con Gabriel Boric, el discurso inaugural marca un giro respecto de esta disputa por los márgenes en los que leemos nuestra historia reciente, instalando un nuevo contexto para este proceso que vivimos con alegría y esperanza. En las palabras del Presidente Boric citando a Salvador Allende, ante cuya estatua rindiera honores momentos antes de ingresar al Palacio de Gobierno, podemos ver una historia más larga donde las contradicciones de la transición dejan de ser el eje desde el cual posicionarse políticamente.

El engarce entre la profecía de Allende y el discurso de Boric no solamente disuelve la ilusión de un marco referencial corto para nuestro presente democrático, donde los márgenes se limitaban a la alternativa de apoyar al duopolio neoliberal o caer de nuevo en manos de los militares. El abrazo de décadas entre nuestros dos compañeros presidentes, es una manera de ponerse por sobre el lenguaje aprisionante de la transición y sus márgenes convenientemente difusos, para decir que más allá de las instituciones, los pueblos de Chile comienzan hoy a recuperar su destino en común, parados sobre los hombros de quienes construían esa historia interrumpida por el genocidio y el proceso de acumulación neoliberal. Dicho de otra forma, hoy volvemos a encontrarnos para tejer nuestro futuro, dejando atrás la inercia que tanto malestar nos trajo, y tomando la posta de las y los que lucharon antes por un país mejor. Esto último no es solamente una consigna tras la cual parapetarse, sino ante todo, un desafío ante el cual debemos estar a la altura.

El marco de este ejercicio histórico está dado por factores tan diversos como coherentes, y que se encuentran en el horizonte de un futuro post neoliberal donde la política vuelva a ser una herramienta para conseguir el bienestar colectivo. Convergen las expectativas de profundización democrática y de redistribución de la riqueza y el poder político que emergieron con fuerza renovada en la Revuelta Social de 2019; la necesidad de avanzar en una integración con nuestros países hermanos para evitar el avance de las derechas autoritarias, las fake news, la pérdida de confianza institucional, los retrocesos en materia de derechos sociales y las guerras de nuevo tipo de las potencias globales. Así también, se nutre de las exigencias de justicia de movimientos como el estudiantil, el de la vivienda, las pensiones y el feminista, y de la urgencia de hacer frente de manera justa a la crisis climática y a la crisis económica mundial acelerada por las consecuencias de la pandemia.

Este Gobierno reconoce su lugar en la historia y en su presente, y está dispuesto a esforzarse por cumplir con las expectativas de nuestros pueblos, los que habitan nuestro territorio y aquellos con los que compartimos historias comunes más allá de nuestras fronteras. Iberoamérica está profundamente marcada por las atrocidades del autoritarismo, y ha sido depredada por el interés trasnacional que agota nuestros bienes comunes naturales y oprime a nuestros pueblos para el beneficio de unos pocos. Nuestras historias están ligadas por paralelos tan marcados como el proceso independentista o la construcción de sistemas jurídicos y políticos que aún hoy se tensan al calor de las luchas por las libertades públicas y los derechos sociales. Caso ejemplar son las transiciones democráticas de Chile y España, manchadas de pactos de silencio y organizadas en torno a los acuerdos políticos de la Transición y la Moncloa. Es muchísimo lo que podemos aprender mutuamente en el camino a resolver nuestros malestares y rehacer nuestros pactos sociales de cara a un nuevo mundo que ponga al centro el buen vivir. En nuestros casos, resulta evidente que recomponer el vínculo entre lo social y lo político para lograr estos objetivos, es algo que solamente podía iniciarse desde lo social, y esa premisa marcará el futuro de este camino de transformaciones.

Chile reaparece así en el concierto global como una alternativa de esperanza que podría servir de modelo para enfrentar las dificultades de un mundo que, como tantas veces en el pasado, observa con preocupación el surgimiento de nuevas guerras, de ideologías que pretenden defender los privilegios de unos pocos con el lenguaje de la xenofobia y el machismo. Y lo hace responsablemente, en cada uno de sus gestos. Es precisamente por esto que resulta fundamental leer con atención la forma en que Gabriel Boric cita las palabras de Salvador Allende, diciendo que “Como pronosticara, hace casi cincuenta años Salvador Allende, estamos de nuevo, compatriotas, abriendo las grandes alamedas por donde pasen el hombre y la mujer libres, para construir una sociedad mejor”. Aquí estamos de nuevo, aquí estamos abriendo, aquí estamos, humildemente y puestos en contexto con quienes nos antecedieron, trabajando, iniciando una nueva etapa con la mayor de las esperanzas pero sin creer que con ello hemos alcanzado ya el éxito. Por el contrario, son estos días los que abren las grandes alamedas, y nuestro pasar por estas calles es apenas el comienzo de la difícil tarea de construir un nuevo Chile, para vivir mejor.


*Abogado de la Universidad de Chile, Magister en Derecho de la Universidad de California-Berkeley, Diplomado en Introducción a las Humanidades Digitales en HarvardX e ilustrador. Se ha desempeñado como Visiting Scholar en el Centro de Estudios Legales Globales de la Facultad de Derecho de la Universidad de Wisconsin-Madison y asesor Legislativo del Diputado Gonzalo Winter, así como integrante de los equipos políticos y programáticos de las campañas de Gabriel Boric a la Presidencia y la reelección de Gonzalo Winter.

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