martes 24 mayo 2022

A las diferencias, a los encuentros y a mi

Sergio Sánchez Colmenares*

a las indiferencias

hay un hombre alegre y justo que se va a dormir con hambre, extrañando a sus hijos, calculando errores, hay sombra, aunque en el campo, haya cientos de girasoles, hay una rodilla presionada contra el estómago de un inocente, y la penitencia de un martes a la madrugada, hay crueldad, aunque en el campo, haya cientos de girasoles, hay una pierna haciendo enredadera en las mías. saliva ajena, curando heridas propias, hay besos, aunque en el campo, haya cada vez menos, girasoles

a los encuentros

banco de cemento duro, grama enlodada con hormigas, señora que no quiero conocer, calesita inmóvil con caballos entumecidos, fuente quieta mojada, prócer de mármol con cara insatisfecha, en cualquier nido de esta plaza resignada la espera es igual de incómoda, en lo gris se detiene un bondi y no eres tú, para el auto que pasó volando soy solo una estatua más, se detiene un taxi, no eres tú, para la inapetencia marrón que me abraza eres una solo una apuesta segura, en lo gris apareces y me das un abrazo pardo, no eres tú, en las hojas que me cuelgan, si me escondo bien, no me voy a encontrar, en las faldas de Simón Bolívar haré mi madriguera, encubierto a la vista todos los edificios, quién es de piel y quién es de mármol, si soy un pedazo de cemento más, no me voy a encontrar, que me proteja el árbol endeble, puede más que yo, le rezo al perro pequeño sin collar, puede más que yo, en esta inacción no me voy a encontrar

salivo en la plaza junto a una fuente mojada, una señora que no quiero conocer me mira la entrepierna, estás cerca, banco duro, la plaza saliva junto a un pibe mojado, cruzo la grama enlodada y me ensucio, lleno tu hombro de hormigas, te caminan por el cuello, no soy él, tú tampoco, pero al menos por un rato, hagamos sudar lo quieto, acabemos encima de la espera gris, porque lo único que tengo es leche y verdad

a mí

hijo de un hombre de agua y una mujer de piedra, cuando hice una película la vio una sola persona, pero cuando morí por primera vez, lloraron en mi funeral, doscientos cincuenta corbatas y trescientos vestidos largos y el que más lloraba era el de mi madre que tenía por dentro un corazón que trituré con todo mi peso, cuando la montaña se me hizo muy alta dejé que la nevada me empujara al sur y solté al país que cargué y no le rendí homenajes y no lo vi agonizando en sus últimas horas como tampoco vi crecer aquel árbol que planté ni a esa persona que convertí a una religión en la que dejé de creer, cuando le regalé a los ojos de alguien su primera estrella fugaz, me confesé que nunca le he tenido miedo a ningún labio que me guste besar, solo a otras cosas y por eso no cargué el cadáver del que era como yo y por eso no aprendí nada innecesario pero sí aprendí a bailar otra vez después de olvidar cómo hacerlo y me obsesioné en salvar como cuando inicié una revolución en la escuela que me golpeaba pero es que entendí todo muy temprano, cuando me dieron una medalla de honor por entregar caramelos, entendí todo muy temprano, cuando las señoras que me cargaron y los niños que se hicieron grandes conmigo me dejaron de hablar y no tuve más opción que escuchar fuerte el silencio, entendí todo muy temprano y ahí me enseñé a pavonear desnudo cada centímetro de las cicatrices que hasta hoy me cubren y ahí me enseñé a ser con cicatrices, a dormir con cicatrices, a amar, a sufrir, a coger con cicatrices, yo, hijo de un hombre de agua y una mujer de piedra, crecí para ser una costa, una playa, y en mí me quedé


Nací en Caracas en 1990 y luego volví a nacer en Buenos Aires en 2016. Soy publicista, poeta, escritor y amigo. Publiqué “El Batman Barato” con la editorial independiente Niña Pez en el 2020.

11/02/2022

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